San José - José Luis Álvarez
Cada 23 de agosto desde hace doce años, cuando se abre la sala del Teatro Macció para permitir el acceso del público, el panorama es totalmente diferente en materia de asistentes, al que caracteriza durante los restantes 365 días del año los espectáculos del principal coliseo cultural de los josefinos.
Es que transformado el escenario en el centro de la "Capital de la Payada", como se ha dado en llamar a San José de Mayo, en el aniversario del natalicio de Bartolomé Hidalgo, a quien se considera el primer payador del Río de la Plata, la convocatoria es muy particular.
Familias enteras de la zona rural circundante y aún de departamentos vecinos, como Canelones, Flores y Colonia, desde donde se organizan excursiones y se reservan con anticipación las entradas, se dan cita. Algunas llegan por primera vez a un teatro, para conocer en algunos casos, ver y oír en otros a quienes han aprendido a admirar, a veces durante muchos años, a través de las transmisiones radiales.
Las acomodadoras del Macció ya saben de antemano que será el día del año en que más termos y mates tendrán que "incautar" temporalmente. Se depositan cuidadosamente en la puerta y luego son retirados al final de la velada.
Caras curtidas por el trabajo al aire libre llenan la platea y las tertulias, obligando a habilitar la "cazuela". Este año, no se pudo abrir el acceso al "paraíso", en virtud de las obras de restauración que vienen llevándose a cabo en el Macció y que en poco tiempo obligarán a su cierre momentáneo.
Las entradas, tenían un costo de entre $ 120 a $ 180 y según los organizadores se vendieron "como pan caliente".
Mucho entusiasmo. Ni bien se levantó el telón la enorme platea irrumpió en un sostenido aplauso. Sobre el escenario, en formación semicircular porque el espectáculo comenzó, como siempre, con la ejecución del Himno Nacional, los asistentes comenzaron a reconocer a los trovadores. Santiago Clares, Walter Apesetche, Juan Carlos López, Élido Cuadro, Mariela Acevedo, Gabriel Luceno o el argentino Saúl Huenchul rivalizan en popularidad, con algunos solistas que actuaron entre payada y payada.
El poeta Abel Soria y su esposa, son los maestros de ceremonia y quienes anuncian los temas que los participantes en cada una de las seis payadas de la noche, tendrán como motivo de su inspiración.
"El centenario de Wenceslao Varela", es abordado por la primera pareja de contrincantes musicales de la noche: Santiago Clares y Alejandro Rodríguez.
Enseguida el olimareño Juan Carlos López y el canario "Gurí" Rodríguez tienen que elaborar sus estrofas repentinas referidas al tema: la libertad.
El espectáculo va ganando en efervescencia y así será durante las casi tres horas de duración.
HOMENAJE. Carlos Rodríguez, payador maragato, hoy desaparecido fue el ideólogo y principal gestor de este encuentro que reúne en San José, cada agosto, a esta especie de "élite" del canto.
Por eso el escenario lleva su nombre y por esa misma razón, su hijo, Fredy Rodríguez, uno de los principales impulsores del festival, luego de su muerte, afirma que lograr "mantener un espectáculo de nivel, como mi padre lo quiso, es el principal objetivo cada año".
Fredy es un notable guitarrista pero vive esta fiesta detrás de las bambalinas, atendiendo cada detalle del festival para que todo salga cuidado. Y afirma: "A veces un payador, en medio del campo, en un fiesta, pasa desapercibido, nadie lo escucha. Acá, en el Macció, nuestra idea es que la gente lo venga a escuchar y disfrute de ese arte, que no otra cosa es la capacidad de payar".