Wynants sólo pedía estar "con las luces prendidas"
De antemano, el ciclista no se perdonaba ningún descuido: "Esta es una carrera muy traicionera"
Wynants vivió las últimas horas previas al desafío con la fe intacta. Su entorno sabía que el pedalista iba a entregarse en cuerpo y alma y que era probable una buena actuación. La imagen que trasmitió el sanducero en notas radiales, escritas y televisivas dieron confianza. Del contenido de sus declaraciones se desprendía su espera cautelosa, pero con más fuerza de la que tuvo y mostró antes de esa prueba de pista que corrió en los Juegos Olímpicos de Atenas 2004.
Hace un mes y medio que se fue del país y extrañaba muchísimo a sus hijos Luciana de 6 años e Iván Ariel de 2 años. Preguntó por ellos en cada rato libre que tuvo.
No hay dudas de que éste no era el mismo Wynants de los Juegos de Atlanta 2004. Se percibía en su rostro, más distendido. Pocas horas antes de la carrera dijo que estaba manejando bastante bien la ansiedad. Su veteranía y experiencia se iba a entremezclar con la juventud de los que han surgido, como el australiano Cameron Meyers ranqueado en el primer lugar por la UCI.
Cuarenta y cinco días de entrenamiento le dieron el ritmo que se precisa para afrontar una carrera muy especial y complicada por lo explosiva que es.
"Tengo que estar con todas las luces prendidas. Donde se me apague una, la quedo", confesó al alguien muy cercano.
Y es verdad, la prueba por puntos es una especialidad muy difícil, traicionera. Y eso es lo que tenía más inquieto al sanducero. Sabía de la importancia del factor suerte pero también de la incidencia de la concentración y del manejo de los cortes en la pista.
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