zado a la fiesta olímpica por la represión en el Tíbet y los lazos económicos con Sudán en tiempos de guerra en Darfur.
Pero el COI se mantuvo firme en su decisión de otorgar estos Juegos a Beijing y ésta los recibió de brazos abiertos. Para no llamar "fantasmas", el espectáculo de la ceremonia inaugural estuvo cuidadosamente montado y no tocó temas políticos. No hubo referencias a Mao y la lucha de clases, ni a los conflictos más recientes.
espectacular. Los Juegos comenzaron a lo grande, con una ceremonia que se inició, como estaba previsto, a las ocho de la noche, en el octavo día del octavo mes de 2008, auspicioso en un país donde el ocho es el número de la buena suerte.
Y la apertura fue, sencillamente, espectacular. Después de 75 minutos de espectáculos musicales para ir "calentando los motores" de los 91.000 espectadores presentes en el "Nido", empezó la cuenta regresiva que le puso fin a la espera y le dio paso a una fiesta que quedará guardada en el cajón de los mejores momentos olímpicos de la historia.
Miles de actores se encargaron de reflejar el legado cultural de una de las grandes potencias mundiales. Así, 54.000 años de rica historia se pasearon por la cancha de un estadio futurista al compás de célebres frases de Confucio y de 110 minutos de música tradicional especialmente creada por 18 compositores.
La mayor ovación fue para una gigantesca bola que surgió del suelo del estadio para representar el lema de estos Juegos, "One world, one dream" (Un mundo, un sueño) y que recorrieron 58 acróbatas vestidos con trajes de luces, 24 metros por encima de miles de fotos de niños sonriéndole al mundo entero. Después, cuando iban exactamente 60 minutos de ceremonia, el cantante local Liu Huan interpretó la canción oficial de los Juegos junto a la conocida soprano británica Sarah Bightman.
En diferentes momentos del show, una gran artillería de fuegos artificiales iluminaron el cielo de Beijing. Fueron unos 20.000 cohetes lanzados desde el propio estadio y desde más de mil puestos de lanzamiento ubicados en el extenso Parque Olímpico.
Fue todo perfecto. Tanto, que muchas veces el espectáculo pareció coordinado de manera informática. Pero no. Eran miles y miles de chinos que pusieron en escena un show que llevaba tres años de gestación. A cada minuto, una nueva emoción sacudía al público, gente que no fue mero espectador. Cada uno de los 91.000 asistentes tuvieron en sus manos un juego de linternas que dieron un espectáculo aparte desde las tribunas.
El momento cumbre fue cuando el octavo receptor de la antorcha dentro del "Nido" emprendió una más que llamativa corrida hacia el pebetero. Li Ning, triple medallista de oro en los Juegos de Los Angeles 1984 recibió la antorcha e inmediatamente se elevó por el aire como si flotara y, desafiando a la gravedad, comenzó a correr a lo largo del estadio, mientras en su recorrido iba abriendo un libro gigante proyectado en la parte superior del "Nido" y que mostraba postales de la travesía del fuego olímpico alrededor del mundo. El ex deportista chino dejó con la boca abierta al mundo.
Atrás habían quedado las palabras del presidente del COI, Jacques Rogge, invitando en inglés y francés a lo atletas a "comportarse como modelos para la juventud del mundo" y a "rechazar el dopaje y las trampas", antes de darle lugar a Hu Jintao a declarar abiertos los Juegos.
También había quedado atrás el desfile de las 204 delegaciones -todo un récord- de las cuales más de 90 recibieron un cálido aplauso de sus mandatarios desde el palco del estadio. Luiz Inacio Lula Da Silva, por ejemplo, dejó la formalidad de lado y ya sin saco saludó efusivamente a sus representantes deportivos. También estuvo George W. Bush apoyando a Estados Unidos, Nicolas Sarkozy a Francia, Vladimir Putin a Rusia y varios miembros de las realezas europeas. En el caso de Bush, se constituyó en el primer mandatario estadounidense en asistir a una apertura olímpica en el exterior. Y lo hizo tras recibir una reprimenda por parte de China por su "inquietud" acerca de la condición de los derechos humanos en ese país.
Tras cuatro horas de ceremonia, la bandera de China y el pabellón olímpico ya flameaban. Y el pebetero se encendió de una manera memorable para dar, ahora sí, por comenzado los Juegos Olímpicos de Beijing.
potencia. Un país con 1.300 millones de habitantes y convertido en una de las mayores potencias mundiales a nivel económico, está viviendo su fiesta deportiva.Atrás quedaron los años en que China "se apartó" del resto del mundo. Ayer se encargó de abrirle las puertas al mundo entero y lo hizo vestido de gala. La llama olímpica arderá en Beijing hasta el domingo 24. Hasta entonces se escucharán los ecos de una ceremonia majestuosa. Seguramente, dentro de muchos años, también se escuche hablar de la mejor apertura de unos Juegos Olímpicos en la historia. Será la del 8 de agosto de 2008, en China.
Bravo retorno
No todo fue color de rosa en torno a la ceremonia inaugural. Por lo menos, una vez finalizada. Es que la salida de más de 100.000 personas del "Nido de Pájaro" trajo bastantes problemas. Con todo el público queriendo salir del estadio a la misma vez, más la cantidad de gente que llegó a sus inmediaciones para vivir un poco más de cerca el evento, desataron un caos en el tráfico en la medianoche china. Hubo periodistas uruguayos que debieron aguardar más de dos horas para salir de la zona del estadio. Dentro del "Nido" hubo 91.000 espectadores, 11.000 periodistas, 14.000 actores y otro miles entre colaboradores, organizadores y demás. De ahí que se "trancara" el retorno a sus hogares.
Un niño rescatado después del terremoto desfiló con China
Beijing | AFP
Un niño de nueve años rescatado del sismo de sichuan (al sudoeste de china) ocurrido en mayo pasado, acompañó durante el desfile inaugural al abanderado de la delegación china, Yao Ming.
El pequeño Lin Hao fue rescatado del terremoto que causó unas 90.000 víctimas -entre muertos y desaparecidos- y fue el elegido por los organizadores para rendir un tributo durante la ceremonia de apertura de los Juegos. El niño caminó al lado del gigante Yao Ming, de 2,29 metros, llevaba dos banderitas: una china y una olímpica.
Según la agencia oficial "China Nueva", durante el sismo del 12 de mayo, Lin Hao tuvo un comportamiento heroico, arriesgando su vida y resultando herido mientras ayudaba a sus compañeros de clase.
En las tribunas oficiales, los principales dirigentes chinos, el presidente Hu Jintao y el primer ministro, Wen Jiabao, se levantaron para saludar a la delegación de su país y al niño. Después, en su discurso, el presidente del comité organizador de los Juegos Olímpicos, Liu Qi, también habló del sismo. "Tras el terremoto, el apoyo y la ayuda de la comunidad internacional y del Comité Olímpico Internacional nos reforzaron en nuestra voluntad de celebrar unos grandes Juegos", dijo.