La campana
Daisy reloaded
ALEJANDRO NOGUEIRA
La ministra del Interior está hiperactiva y muy mediática en los últimos días. Desde que el pasado 15 de julio repartió bastones de mando a los nuevos inspectores generales hasta que se presentó ayer de motu proprio y antes de que la llamaran en el Parlamento, ha hecho 14 apariciones públicas, la mayoría acompañada de declaraciones. Hoy volverá a estar bajo los reflectores en la presentación del libro que recoge el nuevo protocolo policial del que se editaron 30.000 ejemplares.
El raid público (que incluyó algunas entrevistas de fondo, una de ellas el pasado domingo en El País) tuvo sus puntos altos en la revista de coraceros a bordo del caballo Martín y sus críticas a los informativos de televisión por "estimular la agenda del miedo" con la información de la crónica roja, un discurso que ya había sido retomado en el consejo de ministros del lunes 21 por el propio presidente Vázquez recordándonos una vez más la profunda incomprensión gubernamental del papel de la información y de los periodistas en una sociedad democrática. Lo del Frente en esta materia excede la habitual molestia de los gobernantes ante la información incómoda y enraíza profundamente en la convicción ideológica acerca de la conveniencia de mantener esa información bajo control para que las cosas negativas que suceden no perjudiquen a quienes están bien inspirados y trabajan por la justicia y la igualdad.
No hemos medido los centímetros ni los minutos de cobertura televisiva de Tourné. Seguramente son menos que los que hubo que dedicar estos aciagos días a hechos de violencia.
Sin embargo los medios -también los "opositores"- recogieron prolijamente no solo los mensajes ministeriales, sino también afirmaciones suyas como que uno de cada cuatro neoyorquinos es víctima de delitos o que la población reclusa de Estados Unidos llega a los 16 millones. En 2003 la población penitenciaria de Estados Unidos era, según datos oficiales, de 2.000.570 personas por lo que algo tremendo debe haber sucedido en ese país en los últimos cinco años para que la cifra de Tourné no sea un pelotazo. Y el alcalde de Nueva York. Michael Bloomberg no cesa de confundir a su país y al mundo cuando repite que su ciudad lidera el ranking de las 40 ciudades estadounidenses con menor índice de delincuencia. La manipulación de la información, como se ve, no es solo cuestión de los medios.
Finalmente, lo cierto es que el debate de tinte preelectoral que Tourné alimenta casi a diario la está complicando. Basta escuchar los mensajes de lectores o escuchas de radios para darse cuenta de la indignación que ha provocado en muchos ciudadanos su rezongo a los informativos. La interpretación simple e inmediata es que el gobierno quiere ocultar lo que está pasando en materia de delitos. Ha sido un boomerang.
Tourné se mujiquiza, (si se me permite la licencia poética), pero no parece darle los réditos que le da al líder del MPP su abusiva exposición mediática. Alguien debiera advertirle sobre los riesgos de este camino para brillar en el complejo menú del Frente para 2009.
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