MERCEDES | HUMBERTO RAMÍREZ
Pablo Vespa fue condenado a nueve años de prisión en España. El joven mercedario, llegó a Barcelona con un kilo de cocaína. Tenía 19 años. Su familia asegura que fue engañado y ahora se moviliza para lograr su libertad.
La historia comenzó hace casi un año atrás. Concretamente cuando la Policía local comenzó a investigar una sospechosa maniobra mediante la cual varios jóvenes habían sido engañados con promesas de trabajo bien remunerado.
Pablo Vespa (20) fue el único de los seis mercedarios que, espoleado por sus necesidades económicas, aceptó. La propuesta que le hizo el "hombre de negocios" parecía sólida. Les dijo a los postulantes que representaba a la empresa avícola argentina Indacor S.A., con sede en Córdoba. La oferta requería de trasladarse a Brasil, varios postulantes aceptaron, entre ellos Vespa.
Pero al llegar al vecino país se les dijo que debían viajar a España y llevar un paquete. Seis de los jóvenes no aceptaron y regresaron a Mercedes. Pablo aceptó el desafío. Pero cuando bajó en el aeropuerto de Barcelona los controles aduaneros hallaron el alijo de droga en su equipaje. Esto ocurría a principios de septiembre de 2007. El 14 de julio tuvo lugar la audiencia judicial y a fin de mes se supo el fallo: Pablo Vespa condenado a 9 años de prisión.
consternados. La madre de Pablo, Martha Ríos (37) apenas se repone de los problemas cardíacos que sufrió a causa de la angustia por su hijo. Pese a ello viajó a España para estar junto a él. Por medio de una colecta entre vecinos Martha pudo costear su pasaje de avión.
Sus familiares señalaron que había conseguido empleo y podía mantenerse mientras aguardaba por la suerte de su hijo.
La noticia, conocida hace pocos días por los familiares de Pablo en Uruguay, cayó como un balde de agua fría. Durante estos meses no perdieron las esperanzas, tomaron varias iniciativas para apoyar al joven detenido en España confiando en que sería sobreseído.
El abogado que representó a la familia, Julio Guastavino, se encargó de reunir los testimonios de decenas de vecinos que conocieron a Pablo, así como recortes de la prensa local que se hizo eco de la situación del joven. La idea era presentar este material ante la abogada española que defiende a Pablo ante los tribunales, de esta manera intentaría probar ante la Justicia que el joven mercedario provenía de una familia trabajadora y era muy apreciado en su comunidad.
"No puedo creer lo que está pasando, un caso así como le sucedió a él, siendo inocente que haya caído así", dijo a El País la abuela de Pablo, Élida Pastorino.
"Todavía tenemos esperanzas porque la abogada dijo que en un año y algo más hará otro pedido y tal vez ahí pueda conseguir algo, con la buena conducta de él", agregó.
Elida Pastorino está convencida de que su nieto ha sido víctima de la discriminación por el solo hecho de ser uruguayo. "Están discriminando porque una oye todos los días casos distintos, de cómo discriminan a la gente y mandan para atrás a esa gente que hace un gran sacrificio para viajar e ir a ver la familia. A ellos nada les importa", sentencia.
En el momento de ser detenido Pablo tenía 19 años, era deportista y se preparaba para ser profesor de Educación Física. Trabajó en la construcción junto a su padre en Montevideo, pero al quedarse sin empleo decidió probar suerte en Argentina. En ese momento llegó el supuesto contratista argentino a Mercedes con una propuesta laboral que a Pablo le resultó por demás atractiva.
Cuando los familiares de Pablo se enteraron de su detención se comunicaron de inmediato con la empresa avícola argentina. Allí les dijeron que nunca habían solicitado personal y que desconocían al supuesto contratista. Los familiares están convencidos de que Pablo fue engañado y que fue el falso contratista quien introdujo la droga en su equipaje.
Pablo está recluido en un centro de detención juvenil. Su peripecia, que empezó hace casi un año, aún no tiene fin.
El precio de ser una mula
Para muchos la tarea de "mula" del narcotráfico es irresistible. Según datos manejados por la Brigada Nacional Antidrogas una persona que acepte llevar un alijo a Europa puede llegar a cobrar entre 4.000 y 6.000 dólares. A diferencia de lo ocurrido con Pablo, en estos casos quien acepta transportar la droga lo hace conscientemente en busca del beneficio económico. Muchas mulas son captadas entre jugadores compulsivos, particularmente entre mujeres de mediana edad que suelen concurrir a salas de juego, según investigaciones policiales.