SIDNEY | AGENCIAS
Cientos de miles de personas saludaron ayer a Benedicto XVI en su llegada a Sidney para unirse a las Jornadas Mundiales de la Juventud. La reconciliación de Australia con los aborígenes y la protección del medio ambiente marcaron la agenda.
"Benedetto, Benedetto", se escuchaba constantemente de boca de miles de peregrinos en las calles de la metrópoli australiana, donde se congregaron unos 225.000 peregrinos de 169 países diferentes (entre ellos 12.000 latinoamericanos) que siguieron el recorrido del Pontífice a bordo del papamóvil, paralizando el centro de la ciudad.
El Papa ofreció a los peregrinos lo que considera es la respuesta a un mundo signado por el consumismo y el relativismo y que derrocha los recursos naturales: el camino de Cristo.
Asimismo, en su mensaje en la Casa de Gobierno, adonde fue recibido con honores por el primer ministro australiano Kevin Rudd, Benedicto saludó la "decisión valiente" del gobierno de Australia de reconciliarse con los aborígenes, tras siglos de abusos. Se estima que en Australia había cerca de un millón de aborígenes al iniciarse la colonización; actualmente sólo quedan unos 470.000.
Por otro lado, en el primer acto masivo en las Jornadas, el Papa hizo un llamado "a la necesidad de proteger el medio ambiente y ejercitar el uso responsable de los bienes de la tierra". "Los compromisos con la no violencia, el desarrollo sostenible, la justicia y la paz, y el cuidado de nuestro medio ambiente son de vital importancia para la humanidad", sostuvo Benedicto. Pero en su mensaje no tocó el tema de los curas pedófilos, que sacude a la opinión pública australiana y mundial (ver nota aparte).
El jefe espiritual de la Iglesia Católica fue saludado por medio millón de personas desde las orillas de la bahía de Sidney, surcando a bordo de un barco papal, en un país adonde los católicos representan sólo el 27% de la población.
Los feligreses aprovecharon cualquier oportunidad para cantarle a Benedicto XVI o demostrar su devoción con imágenes en camisetas o con el nombre del Papa en bufandas, chaquetas o sombreros.
Hasta el domingo, cuando finaliza el encuentro de jóvenes, el Papa tiene una agenda cargada: se reunirá con representantes de diversas corrientes cristianas, líderes de otras religiones, visitará a jóvenes enfermos y presenciará un vía crucis en el centro de Sidney.
Estas son las segundas JMJ a las que asiste el Papa alemán de 81 años, luego de haber participado en las de Colonia (Alemania) en 2005, que supusieron su primer viaje al extranjero cuatro meses después de ascender al trono pontificio. La idea de las jornadas fue de Juan Pablo II, que consideraba a los jóvenes "el futuro del mundo y la esperanza de la Iglesia".
Benedicto XVI cerrará las JMJ con una misa en el hipódromo de Sidney, a la que se espera asistan 500.000 personas.
Reclamo de perdón
Familiares de las víctimas de abusos sexuales por sacerdotes esperaban ayer escuchar palabras de perdón del Pontífice. "Sin ellas no podrá dar una ayuda real a las víctimas", sostuvieron los padres de dos muchachas violadas reiteradamente por un sacerdote de Melbourne, quienes pidieron una audiencia con el Pontífice y el Arzobispo de Sidney.