La copa es un clásico

Nacional y Peñarol saben que habrá más que tres puntos en juego

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El País

Otra tarde especial para el fútbol uruguayo. Siempre lo ha sido y siempre lo será cuando en la cancha estén frente a frente las camisetas de Peñarol y Nacional. Y en este caso, la cita es una de las más importantes del año.

Peñarol armó un gran equipo para la segunda parte de la temporada y consiguió el primer objetivo: ganar el Clausura. Sin embargo, la mira estaba puesta en el campeonato Uruguayo y los carboneros no dieron en el blanco. A partir de ese fallo, la consigna pasó a ser: meter a Peñarol nuevamente en la Copa Libertadores, después de ver las últimas tres ediciones por televisión. Para lograrlo, no debe dejar puntos por el camino en el clásico. Es así de sencillo y a la vez no lo es tanto.

Nacional, por su parte, tiene frente a sí un apetecible combo. De ganar asegurará su lugar en la Libertadores por decimotercer año consecutivo. Además, llegará a la última fecha del torneo en la cima de la tabla. Por otro lado, limpiará su imagen después de lo ocurrido en la recta final del Clausura. Y como yapa, le pondrá una gran piedra a Peñarol en su camino hacia la Copa Libertadores.

Los tricolores llegan con ventaja. Con tres puntos más en la tabla, irá por la victoria pero sabe que un empate en el clásico no le dejará un gusto demasiado amargo. En esta Liguilla Nacional ha tenido la gran virtud de volver a mostrarse como un equipo solidario en la cancha, algo que lo mantuvo vivo a dos frentes en la primera parte del semestre y que luego fue perdiendo lentamente hasta quedarse con las manos vacías. En lo que va del torneo, más allá de las formas, Nacional ha conseguido resultados positivos y eso da confianza.

Los tricolores han ganado en profundidad con la variante posicional de Adrián Romero. Más suelto y cómodo jugando por el lateral derecho que por el izquierdo, le dejó ese costado a Gastón Filgueira, que ha aprovechado la oportunidad como no lo había podido hacer a pesar de su prometedora llegada a comienzo de año. En la mitad de la cancha ya no tiene la clase de Nicolás Bertolo, pero ha disfrutado del despertar futbolístico de Martín Ligüera, que sumado a la potencia y oportunismo de Diego Vera y la generosa entrega de Richard Morales, le han dado una gran contundencia al ataque.

Para Peñarol pasa esta tarde el último tren con destino a la Copa. En el Clausura lo dieron por muerto tras perder en Belvedere, sin embrago "resucitó" y terminó festejando tras una tremenda arremetida final. ¿Qué cambió desde entonces? Poco.

Peñarol sigue teniendo los mismos problemas defensivos y las mismas virtudes ofensivas. La única baja importante esta tarde será la de Mario Álvarez, el patrón de la mitad de la cancha. Indudablemente se sentirá, pero las individualidades con las que cuenta Peñarol lo pueden disimular.

Con una semana de descanso que le vino de maravilla, el equipo pudo recuperarse físicamente y dejó atrás una larga seguidilla de partidos. Esta semana los problemas en el arco quedaron a un lado y le dieron un respiro al castigado Nicolás Biglianti. El tema fue uno sólo, el sustituto de Álvarez. Así, se manejó la vuelta de Julio Mozzo, la de Omar Pérez, la continuidad de Maximiliano Bajter, la posible salida del equipo de Marcel Román... y hasta el propio Mario Saralegui se sumó al juego. Juegue quien juegue, la clave estará en la potencia de Rúben Olivera, el atildado manejo de Antonio Pacheco, la velocidad de Fabián Estoyanoff y la sana "locura" de Carlos Bueno.

Hoy, Saralegui y Gerardo Pelusso se ven firmes en sus puestos de entrenadores. Sin embargo, una derrota clásica puede cambiar el panorama y agitar aún más las bravas internas de los grandes.

La mesa está servida y una exquisita Copa espera por Nacional o Peñarol.

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