ANA PAIS
Tienen mamá, papá, tías y hermanos. Viven en casas amplias, con un patio que tiene desde hamacas hasta cancha de fútbol. Son 106 niños que estaban en la pobreza y el abandono pero encontraron su hogar en Aldeas Infantiles Montevideo.
Junto a la entrada del Parque Lecocq está el camino que lleva a lo que sería la envidia del viejo programa televisivo Chiquititas y de su hogar Rincón de Luz. Son 14 casas en un parque de una hectárea, comunicadas por caminos sinuosos entre árboles, que llevan también a las oficinas, salón comunal, biblioteca, policlínica, sala de computación y futuro gimnasio, que por ahora es un galpón.
Los 326 niños que viven en las tres aldeas del país -además de la de Santiago Vázquez, hay una en Florida y otra en Salto- llegaron a la ONG después de haber sido abandonados, quedar huérfanos o establecerse que no podían vivir con sus familias biológicas por alguna razón.
Según estimó Cristina Di Cristófaro, directora de recaudación de fondos y difusión de Aldeas, la mitad de los pequeños provienen del Instituto del Niño y el Adolescente del Uruguay (INAU), por un convenio. Los demás pueden ingresar porque golpearon las puertas de la organización hasta por denuncias de vecinos que notaron que llevaban varios días durmiendo en la calle.
Una de las principales ventajas que tiene Aldeas respecto al INAU es que siempre los hermanos permanecen juntos, dijo Álvaro Vignola, director de Aldeas Montevideo.
En las casas conviven hasta ocho niños, junto a quien en la institución llaman una "madre social", pero que los chicos resumen en "mamá".
Cada casa tiene un presupuesto y se rige según los horarios, reglas y prioridades de la madre, como en cualquier hogar. Ella determina desde qué van a comer hasta cuándo comprarles championes, aunque siempre son supervisadas por asistentes sociales, psicólogos, nutricionistas y todo un equipo técnico.
Esta mujer que vive las 24 horas del día con los niños, es descrita en el material institucional difundido por Aldeas en su reciente 48° aniversario, como: "una profesional en el campo de la asistencia a menores, y en el desempeño de su tarea tiene en cuenta y respeta el historial familiar, las raíces culturales y la religión de cada niño". Aunque lo más importante es que, como madre, establece vínculos emocionales con los niños que muchas veces duran toda la vida.
La mayoría de estas mujeres son del Interior, cuenta Di Cristófaro, y en su día libre o la licencia, hasta se llevan a sus "hijos", agrega. Pero, ¿qué pasa si la madre renuncia, como sucede en cualquier trabajo?.
Vignola explicó que "se hace un proceso de elaboración de pérdida con los niños, y en su lugar se va consolidando la figura de una nueva madre. Igual se busca que durante la vida del niño en Aldeas, pase la menor cantidad posible de referentes".
En su caso, después de cinco años en la dirección, Vignola será trasladado de puesto y "va a ser un cambio de vida". Él vive junto a su mujer e hijo de un año en la decimoquinta casa de la aldea. "Fue un largo aprendizaje poner los límites entre la familia y el trabajo. Si tengo libre y vienen a jugar con Bruno (su hijo), pero en un momento quiero estar a solas con mi familia, ellos entienden y se van", contó.
También le resultó difícil delimitar que, si bien es un referente masculino importante, "el director no es el superpapá. Se trabaja mucho con la familia biológica, por lo que nosotros no sustituimos", explicó. Acto seguido, dos niñas de unos 10 años lo abrazaron y le dijeron: "Papá, tenemos que hablar contigo". Vignola sonrió.
En el material de Aldeas se explica que "si luego de un tiempo la situación de la familia de origen de un niño es tal que puede contener y proteger al mismo, se considera y busca su reintegro familiar desde el interés superior del niño".
Para que no sea traumática la vuelta a casa o la independendización en el caso de los mayores de edad, los chicos están en contacto con el exterior. Por ejemplo, estudian en escuelas y liceos de la zona, a los que van en camioneta y ómnibus respectivamente. De todos modos, para los niños es una nueva oportunidad de crecer en un ambiente protegido.
Socios, INAU, merchandising y legados
Aunque Aldeas Infantiles SOS es miembro de SOS-Kinderdorf Internacional desde su creación en 1960, la ONG recibe apoyo logístico pero no económico de la asociación. Cristina Di Cristófaro, directora de recaudación de fondos, explicó que los mismos se obtienen a través de cuatro fuentes: socios, INAU, merchandising y donaciones y legados.
Ser "amigo SOS" cuesta un mínimo de $ 125 mensual, que se puede pagar por débito automático con OCA, Visa, Master, Diners y Cabal, personalmente en Daniel Muñoz 2291, o a través de un cobrador.
Por su parte, INAU aporta por cada niño que ingresa a Aldeas. Según Di Cristófaro, "el dinero no alcanza para cubrir todos los gastos, pero es un ingreso importante".
Las tarjetas de fin de año, remeras, juguetes, tazas y demás merchandising de la ONG son otra de las fuentes de ingresos. Este jueves, por ejemplo, vence el plazo para presentar diseños de tarjetas, su producto más tradicional y solicitado.
Las donaciones y legados tanto de empresas como de particulares son también significativas. En los últimos meses, por ejemplo, Paloma donó cortes de tela y Engraw lana para los talleres de corte y confección en los centros, el Club de Damas Americanas colaboró con dinero y los clubes de Leones con electrodomésticos.
La salida
Laura tiene 19 años y 15 viviendo en aldeas de Montevideo. Recién llega de estudiar bachillerato internacional en Costa Rica y piensa ingresar a la Facultad de Medicina en 2009. Si bien la mayoría de los de su generación ya se independizaron, con su madre y el director decidieron que se quedara mientras le toma ritmo al estudio. "Ella es un ejemplo de respetar las particularidades del caso. No hay necesidad de apurarla, mejor es ir consolidando su salida", dijo Álvaro Vignola, director.
Tienen 17 centros para los más chicos
Además de las aldeas, la ONG asiste a casi 1.000 niños en los 17 centros comunitarios que tiene en zonas carenciadas del país, a los que este mes se sumará uno en Abayubá y a fines de octubre otro en Paysandú.
El llamado "programa de fortalecimiento familiar" consiste por un lado, en una especie de jardín de infantes por ocho horas de lunes a viernes para los niños de 1 a 5 años del barrio. Por otro lado, se brinda capacitación laboral, sobre todo a las madres, y se busca que la familia se comprometa con el centro.
A cambio de que sus hijos reciban educación, atención médica y alimentación, los padres deben ayudar con la limpieza del centro, la cocina, coordinar la visita de la asistente social, para sacar la cédula de identidad e ir al dentista, entre otras tareas.
Marisa Pérez tiene seis hijos, pero en este momento sólo uno va al centro del barrio Verdisol. Para ella "la idea es que todos colaboren de alguna manera. Los padres, madres, tíos, abuelos, se anotan en un calendario para ayudar con las distintas tareas. Es un lugar de encuentro, donde podés dejar a tus hijos y trabajar", explicó, aunque por ahora está sin empleo.
Pérez es la organizadora de la kermese que se desarrolla hoy en el centro para recaudar fondos.
Para mejorar la inserción laboral y autoestima en particular de las madres, se dictan talleres de peluquería, corte y confección y panadería, donde se anotan hasta 25. En cambio, los cursos de reciclado y artesanía no tienen buena adhesión porque "no tienen tanta salida laboral y no siempre se pueden hacer en las casas", explicó Ana Laura Inzaurralde, directora de fortalecimiento familiar de Montevideo al ser consultada por El País.
Y agregó: "uno trabaja con (y no para) la familia. Se le da a la gente la oportunidad de participar y decidir a través de los comités de padres. El mayor beneficiado es el niño".
Según Aldeas Infantiles SOS, en este momento están asistiendo 1.642 niños entre las aldeas y centros, y 2.094 personas en otros servicios.