RICARDO REILLY SALAVERRI
El Chicho fue inolvidable personaje en la televisión, que cuando el gobierno de facto restringía las expresiones políticas públicas emitía en un sobre desde un cuarto bajo una puerta, medidas de gobierno absurdas, siempre molestas para la gente.
El tío del título es el de los cuentos que hoy están en la atmósfera nacional.
Una del Chicho. Un extranjero me preguntaba hace poco desde una vereda de Montevideo si estábamos locos, que andábamos en la ciudad a plena luz del Sol con las luces prendidas. Le contesté que no, que es cumplimiento de una decisión del gobierno municipal. A alguien se le ocurrió que no había mejor forma de gastar baterías y romper alternadores de autos que ésta y aquí estamos. Con las luces puestas y la billetera a mano a ver que multa nos cobran desde la parada municipal montevideana. Que está siempre de paro. Solo abandonado para hacer con el vecino: "¡plink! Caja".
En Tokyo, esos atrasados que son los japoneses no usan luces y tienen el tráfico más grande del mundo. Si mandamos algún jerarca de nuestro municipio capitalino les haría poner reflectores para detectar aviones. En realidad, ninguna ciudad importante del mundo tiene este adelanto (salvo las que están en zonas oscuras del planeta o en las que nieva, que exigen focos especiales).
Hay que pagar los históricos desquicios de Vázquez y Arana en la intendencia. Una solución definitiva sería que los montevideanos les entreguemos todas nuestras pertenencias a la burocracia municipal frenteamplista y que dejemos nos las devuelva con los servicios que le dé la gana.
Recién, demostrando su destreza invicta, El Chicho, acaba de tener dos ideas recaudadoras más. Un impuesto a las carreras de caballos y una penalización, económica naturalmente, al uso de las bolsas de nylon en supermercados y negocios. Lo último en el mundo no existe pero en Montevideo va a existir ("¡plink! Caja").
Y los cuentos del tío se agolpan ante la vista.
Mencionamos no hace mucho dos. Uno el de Montevideo "tu casa" o "como vos la quieras", etc. Se vincula a lo anterior. Otro el de la solidaridad del proletariado, del movimiento sindical, de la clase obrera y "ainda mais". ¿Solidaridad? como se dice por el vulgo: "¡minga! Los empleados de los monopolios o cuasi-monopolios estatales sean bancos, distribuidores de energía, telecomunicadores, aguateros, etc. presupuestalmente hasta adonde se la pueden llevar se la llevan y que pase a tarifas que pagan otros trabajadores, incluso públicos, y legiones de jubilados y pensionistas. Que ven así perjudicados aún más sus propios ingresos. Viviendo incertidumbres que sus verdugos burocráticos no conocen.
Otro cuento. El país productivo. Su insignia es el proyecto azucarero de Bella Unión un agujero negro que pagaremos todos, sin que exista una sola razón de política de gobierno que le justifique. Complementariamente, el oficialismo, visceral enemigo de la campaña, ya sin antifaz, ha subido el precio del gasoil a la producción, ha permitido la suba de todos los insumos en dólares (fertilizantes, electricidad, maquinaria, salarios, cargas sociales, etc.) y mantenido el dólar achatado, haciendo mermar los ingresos en pesos del sector y desmereciendo la rentabilidad de los productores. Especialmente la de los más pequeños. Habiendo sancionado una disparatada ley laboral de tercerizaciones que llevará al agro a morir reiteradamente en manos de abogados y pleitos.
Hay más Chicho. Y, tío.