¿Uruguay natural?

En los últimos días se conocieron algunas de las conclusiones del informe GEO sobre Uruguay, el que fuera financiado por Naciones Unidas y coordinado por una organización privada.

El mismo, como era esperable, concluye alertando acerca de algunos de los peligros a los que nuestro país debe hacer frente en materia ambiental. Contaminación del suelo y del agua, desaparición de especies, son algunos de los peligros y realidades señalados.

En cuanto a la contaminación del suelo y del agua, habría dos grandes explicaciones. En el interior la producción agropecuaria sería uno de los principales responsables; en cambio, en Montevideo, la inadecuada gestión de los residuos orgánicos e inorgánicos, de origen industrial y domiciliario, cobra primordial importancia.

Al respecto, cabe señalar que el manejo de los residuos está todavía sin resolver. Por lo pronto, se sigue enterrando la basura sin clasificar.

Salvo el porcentaje que termina reciclándose gracias al trabajo de los hurgadores, la enorme mayoría de los desechos de los montevideanos termina en los cursos de agua o bajo tierra. Fruto de una política municipal caracterizada por años de frivolidad y de ausencia de objetivos estratégicos identificados con las necesidades reales de los uruguayos actuales y futuros, se continúa degradando el ambiente.

Para adquirir cabal conciencia del peligro que estamos enfrentando, es preciso tener en cuenta que, la degradación de una sola pila alcalina contamina con metales pesados (peligrosísimos para la salud) unos 175.000 litros de agua. No cuesta mucho imaginarse lo que hoy mismo debe estar sucediendo, tomando en cuenta los miles de pilas, baterías, equipos informáticos, de comunicaciones y eléctricos que diariamente se comercializan en nuestro país. ¿Existe una política para la deposición final de dichos elementos una vez llegados a la etapa de obsolescencia? En Montevideo por lo pronto no, y en el país tampoco; aunque las caras responsables vienen siendo más o menos las mismas.

Ilustra adecuadamente la desidia de los gobernantes nacionales y departamentales si fijamos la atención en las actuaciones que se vienen impulsando desde el Ministerio Público.

La contaminación por plomo, que aqueja a miles de uruguayos, especialmente a montevideanos que viven o malviven sobre áreas que fueron rellenadas con desechos industriales, sigue pendiente de solución adecuada, tanto en cuanto al realojo de familias como en cuanto a dar al problema la real dimensión que tiene para la vida de cada uno de los afectados.

Cuando el asunto "explotó" en el 2003, al Frente Amplio le sirvió para arrimar agua para su molino. Caras de preocupación, encuentros, cuestionamientos, exigencias, comisiones, no fueron escatimadas. Después el silencio y, más allá de haberse trasladado a dos grupos de familias asentadas en dos puntos críticos, todo sigue igual; hecho que fuera reconocido por el Poder Judicial en reciente fallo.

¿Negligencia, desidia, abulia, ignorancia? Ciertamente todos y ninguno de estos adjetivos son los que califican la acción de las autoridades públicas que se han demostrado hasta el presente incapaces de formular planes estratégicos de largo aliento tendentes a resolver las actuales carencias y prevenir futuros males.

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