Vigil y Botana

Antonio Mercader

Los dos eran orientales, periodistas y soldados de Aparicio Saravia. Los dos se exiliaron en Argentina y construyeron sendos imperios editoriales exitosos, aunque de muy distinto signo. Uno, Constancio C. Vigil, fundó editorial Atlántida mientras que el otro, Natalio Botana, creó Crítica, el diario argentino más influyente en su tiempo. Aunque ambos nacieron en Uruguay en el último cuarto del siglo pasado -Vigil en Rocha, Botana en Durazno- se los recuerda más en Argentina, en donde dejaron su marca.

Algún día habrá que rescatar definitivamente su memoria para Uruguay, el país en donde vieron la luz, se educaron e hicieron sus primeras armas.

Constancio C. Vigil (1876-1954) inició su carrera en el periódico La Ley, de Rocha, a los 15 años, y luego vino a Montevideo para dirigir La Prensa, diario nacionalista opositor al gobierno colorado y pregonero de la extensión del derecho al sufragio. En 1897, fiel a sus tradiciones familiares, acudió al llamado de Aparicio y combatió en la batalla de Fray Marcos. Hostigado por el oficialismo, se fue a Buenos Aires en donde se consagró a las tareas educativas, escribió libros para niños y fundó varias revistas, incluida una que sería célebre en las dos orillas del Plata: Billiken. A partir de esa publicación consolidó su editorial Atlántida que sigue siendo hasta ahora una de las más potentes de Argentina.

Natalio Botana (1888-1941), educado en Montevideo por los jesuitas, tras revistar a los 16 años en el ejército nacionalista derrotado en la batalla de Masoller, se afincó en Buenos Aires. Muchas veces comparado con William Randolph Hearst (el magnate de la prensa estadounidense que inspiró a Orson Welles el film "Ciudadano Kane"), Botana revolucionó el periodismo argentino con su vespertino Crítica, que llegó a vender 800.000 ejemplares. Era un periódico que combinó denuncia y sensacionalismo con artículos de Roberto Arlt y Jorge Luis Borges, entre otros. Polémico, aventurero y audaz, su gravitación política fue tal que desde su quinta de don Torcuato, según se dice, "cogobernó Argentina" hasta su muerte en un accidente automovilístico.

Personalidades disímiles, por distintos medios hicieron historia en las letras y el periodismo argentino. Vigil, de trayectoria más larga, fue el autor de "Upa", un libro para escolares que lo consagró como pedagogo y de cuentos infantiles con personajes que aún perduran en la memoria ("El mono relojero" y "La hormiguita viajera"). Botana no escribió libros, pero tuvo una vida provocativa que alimentó más de una biografía, entre ellas, la de Álvaro Abós titulada "El Tábano".

Ninguno de los dos renegó de sus orígenes ni de su pasado revolucionario. Siempre se declararon uruguayos y tutelaron a compatriotas emigrados a Buenos Aires al tiempo que en sus respectivas publicaciones concedieron amplio espacio a las noticias de su país natal.

Vigil solía mentar sus vacaciones de verano en Rocha como el escenario original de sus creaciones literarias mientras que Botana se jactaba de su precoz formación política en un Uruguay partido entre dos bandos armados. Curiosamente, fue el menos politizado Vigil quien legó a la posteridad una frase histórica sobre las patriadas nacionalistas cuando en 1904, ante la muerte de Saravia, escribió una frase sobre el caudillo blanco que se tornó profecía: "Sería dichoso que viva un siglo por lo menos en la memoria de su pueblo".

Una frase que los nacionalistas siempre recuerdan al evocar Aparicio Saravia, el caudillo bajo cuyas banderas sirvieron estos dos notables uruguayos.

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