JORGE SAVIA
Fue una lástima. ¿Que no ganara Peñarol? ¿Que Defensor haya salido campeón? Noooo... fue una lástima salir del estadio, cruzar Bulevar Artigas, entrar a 18 de Julio y ver la ciudad indiferente, yendo y viniendo para arriba y para abajo, como a las cinco y pico de la tarde de cualquier día hábil.
Sí, claro. No triunfó un grande. No se conmovieron las masas. Sin embargo, no sólo Defensor Sporting mereció que ayer el ritmo ciudadano se hubiera paralizado como sólo suele hacerlo los fines de semana, para que -más allá de la lógica euforia de los violetas- todo el fútbol uruguayo hubiese hecho un alto en su camino y, casi en un acto de recogimiento propio de esa actitud solitaria que parecería que únicamente se puede encontrar en medio de la tranquilidad de un feriado, se hubiera puesto a pensar, se hubiese sumido en un análisis.
Es que la forma cómo Defensor Sporting "manejó" los dos partidos ante Peñarol, y muy especialmente cómo "maniobró" el de ayer de tarde, invita a eso. Porque tanto el domingo pasado como en la víspera, el campeón mostró aristas improstituíbles, inalterables: atrás, una línea de cuatro, integrada con dos zagueros grandes, que -al igual que el arquero ayer, cuando Peñarol quiso y a medias pudo tirarse encima de su valla- aguantaron ordenadamente toda la impotencia deshilachada con la que terminó tratando de llegar el adversario, y con dos laterales que lo primero -y lo más- que quisieron hacer fue marcar, cerrar el paso por los costados de la retaguardia; un poco más adelante, se plantaron dos volantes con un manejo adecuado, pero -antes que nada- también de marca; y recién de ahí para arriba, fue donde aparecieron las variantes.
Esto es: en el primer partido, con la batuta de Marchant jugando de enganche, Viudez, Castillo y el "Seba" Fernández, armaron un "triángulo de las Bermudas" rotatorio y dinámico, atrevido y punzante; ayer, en cambio, jugaron más clavados, más lineales, más cautos, esperando al rival, sin regalar espacios. Sí, ¿por qué no? ¿Por qué avergonzarse? ¡Especulando!
¿Resultado? Peñarol precisaba ganar y, con toda su hinchada y su mística de cuadro grande obligándolo, empujándolo, a lo largo de los 90` apenas si "lo dejaron" fabricar una situación de gol clara y meter un pelotazo aislado en el travesaño.
Es que, con "foulcitos" tácticos, cortando, mezclando el fútbol dinámico que desplegó el último domingo con retazos de esa austera identidad que viene cultivando desde hace 32 años a esta parte, sin recurrir al esnobismo de salir a apretar al adversario, sino esperándolo, Defensor "manejó" los dos partidos -y a Peñarol, al fin y al cabo- con una lección de historia que hubiera merecido una ciudad "muerta", con un ambiente de mayor recogimiento -y de profundo análisis- de todo el fútbol uruguayo.
Fantasmas
Ahora, ¿qué es?, ¿gracias, pablo?
Cuando Peñarol ganó el Torneo Clausura quedó -irónicamente- flotando en el aire un "Gracias, Paco". ¿Y ahora? ¿Habrá que decir: "Gracias, Pablo"?; porque, sino fuera porque Bentancur es su representante, ¿Peñarol se podía haber dado el lujo de borrar a Julio Mozzo del mediocampo?