EDUARDO DELGADO
Los módulos de acero que hay en el Penal de Libertad "están realizados en chapa y no del acero antivandálico que ofertó la empresa adjudicataria", informó el Ministerio del Interior. Fueron adquiridos en 2002 por US$ 2,7 millones.
En 2005 el Ministerio del Interior recibió copia de un expediente judicial en que se denunciaron irregularidades, entre ellas la mala calidad de los materiales de los módulos de acero. A ello se sumó un informe del Departamento de Arquitectura de esa secretaría de Estado, el que indicó que los paneles de los módulos "están manufacturados con chapa galvanizada" y que las camas, armarios, mesas y banquetas "están construidas con chapas de hierro".
El Ministerio inició una investigación administrativa por ese tema, cuyo resultado fue solicitado por El País en reiteradas ocasiones durante las gestiones de José Díaz y de Daisy Tourné, pero ambos jerarcas no lo hicieron público.
En la respuesta a un pedido de informes del senador nacionalista Gustavo Penadés, firmado por el subsecretario Ricardo Bernal, se pudo conocer algunas conclusiones de las autoridades sobre estos módulos.
"De acuerdo con lo informado por la Dirección Nacional de Cárceles, Penitenciarías y Centros de Recuperación, desde el momento de la colocación de estos módulos pudo constatarse que están realizados en chapa y no del acero antivandálico que ofertó la empresa adjudicataria", señala el escrito al que accedió El País.
"Con la ayuda de un clavo o un pedazo de alambre, los reclusos desgastan la chapa de la que pueden obtener trozos, que luego utilizan como armas. También se ha advertido que los pisos pueden ser perforados", añade.
Herrumbre. El escrito de Bernal da cuenta que "la pintura tiene herrumbre y se está picando sobre todo a la altura de los pisos", que las instalaciones eléctricas originales fueron destruidas por los reclusos, por lo que se han realizaron modificaciones y agregados.
"Desde el punto de vista sanitario, las celdas están provistas de agua por medio de válvulas con pulsadores que tienen fallas por tratarse de un sistema no compatible con el tipo de penitenciaría. El agua es impulsada por bombas que sufren desperfectos debido al trabajo excesivo dado que los tanques de alimentación están a nivel del piso. Los patios de recreo se hicieron con mallas que se encuentran deterioradas", expresa el jerarca.
El subsecretario agrega que "también se presentan dificultades para los funcionarios", por ejemplo los reclusos efectuaron roturas en los pasaplatos, a través de los cuales agredieron a varios policías.
"Debido al alto costo que representa los materiales importados que requerirían las reparaciones, pero principalmente por la imposibilidad de su desocupación por razones locativas, el mantenimiento de los contenedores ha sido dificultoso", describe
Bernal recuerda que la resolución de fecha 30 de mayo de 2002, por la cual se autorizó la compra directa a Norment Security Group Inc. de los módulos y a Hormipay Ltda. de diversos materiales "expresa en el resultando III) la conveniencia de la adjudicación por razones de calidad, adecuación, fundamentalmente de seguridad, etc. Así como mayor economía".
"El total de la erogación ascendió a US$ 2.825.510, incluido el 1% por gastos de importación", afirma.
Bernal dice que "al momento no se prevé la adquisición de nuevos módulos.
Informe crítico de Garcé
El comisionado Parlamentario para Cárceles, Álvaro Garcé, indicó en un informe que los módulos de acero de Libertad, donde residen unos 600 reclusos son absolutamente inhabitables para presos y policías. Garcé lo vivió en carne propia cuando una tarde de verano él y su equipo luego de una visita a los módulos se retiraron con un fuerte malestar, indica una nota publicada en El País en abril. "La razón es que los módulos fueron previstos para funcionar con equipos acondicionadores de la temperatura, pero tales equipos nunca fueron instalados", expresa el informe del comisionado. A las extremas temperaturas sufridas en verano se suma el frío polar del invierno. La compra se hizo durante la gestión como ministro del Interior de Guillermo Stirling, tras un violento motín ocurrido en 2001 en el Penal de Libertad en que buena parte de las instalaciones fueron destruidas por los reclusos. La compra se concretó cuando el director de Cárceles era Carlos De Ávila, que luego fue procesado con prisión por abuso de funciones, debido a irregularidades en el desempeño de ese cargo. La compra de los módulos se hizo en forma directa, sin mediar licitación y antes que se concretara De Ávila viajó a Estados Unidos para recibir asesoramiento sobre el material ofertado.