SEBASTIÁN DA SILVA
A medida que nos acercamos a las elecciones va quedando cada vez más claro que nuestro país tiene dos desafíos fundamentales y sobre ellos se va a regir la próxima decisión nacional.
El primero es el desafío social, como hacer el corte para reconstruir una sociedad fragmentada por las crisis. La receta para este desafío no puede ser otra que ponerle diez cucharadas de educación cada una de empleo y otra de asistencia estatal.
Los cómo se discutirán, pero es claro que tenemos que pasar de contentar la marginación con mil trescientos pesos por mes a incorporarles herramientas para retornar a la sociedad de un país más rico y más generador de riqueza.
El otro gran desafío es justamente asumir y aprovechar que el mundo quintuplicó el activo de nuestras diecisiete millones de hectáreas, convirtiéndonos de la noche a la mañana en un país privilegiado que produce oro en granos y alimentos, que por aumento poblacional o por poder adquisitivo serán los productos más demandados de la humanidad en este siglo.
Se podrá discutir sobre lo ocurrido en la dictadura, sobre la inseguridad, sobre el nivel salarial de los funcionarios públicos, o sobre la privatización de las empresas del estado, pero será una discusión a la uruguaya más, que no meta el diente en la resolución de este paradigma de ser una nación cada vez más rica y con una población cada vez más fragmentada.
El paso del Frente Amplio por el poder termina, entre otros grandes temas, con la hegemonía de los ciudadanos uruguayos nacidos entre los años 1938 y 1944 (y aún antes), que fue la lógica que imperó desde la reinstauración democrática a esta parte.
Todos los partidos rotando en el ejercicio del gobierno tuvieron en esa generación la mayor parte de sus grandes defectos y sus grandes virtudes, siendo esta generación como todas, hijas de su tiempo, tanto en su fundamento ideológico, su adaptación a la realidad y a sus caprichos.
Hoy por más que dentro de los presidenciables de mayor prestigio nacional se destaquen representantes de esta generación, es claro que ninguno de estos ilustres ciudadanos tendrá en su plataforma electoral un gabinete con el promedio de edad de este primer gobierno progresista, por lo que el arribo de nuevos gobernantes es inminente sea cual sea el próximo Presidente de la República.
La generación post Maracanazo se pondrá a prueba, deberá de demostrar que acuerda sin anteojeras ideológicas, las premuras serán reflejo de haber vivido y sufrido tres crisis económicas en su corta vida, priorizará reconstruir la foto del Uruguay del pasado sin la nostalgia de haber sido parte, comparará los aciertos que se dan en el exterior sin pretender ser el ombligo del mundo. Y por sobre todas las cosas pondrá los temas en la agenda nacional que permitan resolver los dos grandes desafíos antes mencionados.
Amplitud, solidaridad, crecimiento, justicia, innovación, inclusión, apertura, reestructura, acuerdo, investigación, y conciencia nacional por sobre lo partidario deberían de ser las ideas fuerza de esta nueva camada que se presta para sacar al Uruguay adelante.
Un país que, si lo dejan, tiene en la actualidad todo lo necesario para ser un ejemplo en el mundo de prosperidad y armonía entre sus compatriotas.