JORGE SAVIA
Con procedimientos futbolísticos, Uruguay hizo con Perú lo mismo que muchos boxeadores que terminan ganando por nocaut, más que por embocar a su adversario con un buena mano en la punta de la mandíbula, pegándole a la línea baja.
De esa forma, entonces, la histórica goleada se fue moldeando, y terminó concretándose, por "ablande" del ya de por sí no muy resistente equipo peruano.
Es decir, mediante una rotación ofensiva ordenada, no por avalancha, Uruguay fue metiendo "golpes" de ataque en los flancos de su contrincante, para lo cual la libertad que tuvo anoche Diego Forlán, que jugó de punta, pero alternadamente por cualquiera de los dos laterales y en algunos casos hasta dejando solo a Bueno adelante para arrancar con mayor panorama desde los tres cuartos de cancha, resultó un factor determinante. Esa "movida" de Tabárez, al menos ante este rival de la pasada jornada, fue más gravitante que la sustitución de Castillo por Carini en el arco.
Esto es: cuando "el Diego" se tiró a la derecha, quedó la calle de la izquierda para que el "Cebolla" se mandara hasta el fondo con su reconocida potencia para llevarse a la rastra a todo lo que se le cruzara al paso; y cuando se volcó por la izquierda, no sólo trianguló con el propio "Cebolla" y Cáceres (que llegó desde atrás en muchas oportunidades, pero con más claridad y precisión en el manejo de la pelota que el sábado pasado), sino que de esa manera dejó abierta una calle por el costado derecho de la ofensiva, por la que se metió Bruno Silva, ya fuera para rematar, también para acompañar y recibir algunos de los montones de "segundas pelotas" que regaló la flaca retaguardia incaica, o -lo más desequilibrante de todo, si acaso- para llegar casi al fondo de la cancha y meter centros de los que sirven, de los que le quedan por delante al atacante que llega de frente al arco contrario y agarran a contrapierna a los defensores que se repliegan para proteger su valla. En suma: la antítesis de las decenas de envíos frontales -y, por tanto, inocuos- que metió Uruguay ante los venezolanos.
Por esa vía, pues, se fue elaborando la demolición y el derrumbamiento del conjunto peruano. Con un ingrediente muy importante, claro, como fueron las revoluciones que la potente progresión del "Cebolla" Rodríguez le dio al pasaje de los tres cuartos de cancha hacia el área visitante, y también con el respaldo otra vez monumental del empuje ordenado que, fundamentalmente Diego Pérez, y también su "compadre" Walter Gargano, ejercieron en el mediocampo.
Al final, esa sonrisa al mejor estilo Carrasco que se dibujó en la cara del impotente "Chemo" Del Solar, vino a ser igual que la de esos boxeadores a los que les pegan abajo y, ya sea entrándoles en la zona del hígado o de las costillas, terminan ganándoles por nocaut. Uno los ve mentalmente lúcidos, pero no pueden tenerse en pie, porque el rival los dejó "sin piernas" y sin aire.
Si Perú terminó siendo un flan, fue de tantos golpes de izquierda y derecha que, por las calles que dejó abiertas Forlán sobre el costado del ataque opuesto al que ocupaba en forma alternada, le metió Uruguay en los dos flancos de la retaguardia.
Igual que un péndulo
Anotó dos de sus tres goles por la izquierda, como lo hizo en el tercero al cabecear sobre el segundo palo; pero Forlán fue importante no sólo por eso, sino también por las calles que dejó al tirarse a ambos costados del ataque.
La actitud fue clave
A la luz de la goleada, la jugada pudo pasar por irrelevante; sin embargo, la actitud y determinación que tuvo todo el equipo desde el arranque, fue la misma con la cual Forlán remató el penal para conquistar el segundo tanto.
El tornillo y la bisagra
Diego Forlán y Carlos Bueno. El artiguense tuvo la virtud de "acompasarse" a los movimientos del primero, picando en forma sincronizada con el atacante del Atlético de Madrid, de manera que cuando éste "caía" por una punta o la otra, no se superponían en el frente de llegada.
Con cebolla es bueno
El quinto gol de Uruguay, y segundo de Bueno, fue una prueba de la profundidad del "Cebolla" -que le devolvió la pared al artiguense para que anotara- por la izquierda, cuando Forlán le dejó libre esa zona del ataque.
Hay que poner cabeza
El cuarto tanto celeste, y primero de Bueno, fue una prueba de la potencia del artiguense que, en un corner ejecutado por Forlán desde la izquierda, se anticipó a la defensa peruana con un preciso cabezazo.