Con todos los honores

2008-06-16 00:00:00 300x300

GUILLERMO ZAPIOLA

Hace muchos, muchos años que dejó de ser "el hermano menor de Shirley MacLaine" para convertirse en una personalidad con peso propio, y finalmente el American Film Institute lo ha reconocido.

Ahora Warren Beatty, de 71 años, acaba de recibir un homenaje al conjunto de su carrera celebrado en el Teatro Kodak de Los Angeles, donde estuvo literalmente todo el mundo.

El acto contó con la presencia de celebridades del espectáculo como Jane Fonda, Dustin Hoff-man, Eva Mendes, Robert Downey Jr, Art Garfunkel, Faye Dunaway, Chevy Chase, Tony Shalhoub, Diane Keaton, Brooke Adams, Quentin Tarantino y Halle Berry. Jack Nicholson llegó tarde, pero no faltó a la cita, y se recibieron mensajes grabados de Barbra Streisand, Gene Hackman, Goldie Hawn y John McCain.

El saludo del candidato republicano resulta un dato muy significativo, porque Beatty ha sido un notorio militante demócrata de toda la vida. Políticos a los que apoyó en su momento estuvieron también presentes: George McGovern, Gary Hart, Bill Clinton y otros. Clinton se encargó de dirigir al homenajeado uno de los primeros elogios: "Durante décadas has sabido transmitir a todos los espectadores de tus películas tu insaciable hambre de vida". Gary Hart lo definió como "un amigo verdadero y leal que siempre ha estado en mi vida". McGovern agradeció el respaldo de Beatty, que según él le ayudó a obtener la nominación demócrata de 1972 (aunque finalmente fue derrotado por Richard Nixon).

Y también hablaron sus colegas actores. Halle Berry dijo que Beatty era "una verdadera leyenda, un hombre deseoso de correr un riesgo para decir algo significativo". Dustin Hoffman lo describió como "un ser humano muy humano, un activista político de no poca monta, un artista probado de proporciones hercúleas, el esposo de Annette Bening, el padre de Kathlyn, Benjamin, Isabel y Ella, y el mejor amigo de Jack Nicholson". Hoffman atribuyó la ausencia (transitoria) de Nicholson en el homenaje al hecho de que seguramente estaba viendo un partido de la NBA en la televisión, pero finalmente el viejo Jack apareció, dijo lo suyo, y afirmó que Beatty "ha recibido ocho veces más premios que las películas que ha realizado".

Curiosa carrera la de Beatty. Las malas lenguas sostienen que no tenía demasiado interés en ser actor, pero que la insistencia de su hermana Shirley MacLaine lo empujó a ello. Estudió en Nueva York con Stella Adler, hizo algunas cosas menores en teatro y televisión, y debutó en cine en Esplendor en la hierba (1961) de Elia Kazan, basada en la pieza de William Inge y en la que también actuaba Natalie Wood. Siguieron una serie de films de realizadores importantes y/o basados en obras de autores de cierto prestigio: Primavera romana (1961, de José Quintero, sobre Tennessee Williams); A cada cual su propio infierno (1962, director John Frankenheimer, también sobre Inge); la metafórica e inquietante ¡Así soy yo! (1965) de Arthur Penn. En el medio participó en algunas tonterías meramente comerciales (la comedia Prométele cualquier cosa, 1965; el film de acción Un aventurero en Montecarlo, 1966), pero aquel primer encuentro con Penn germinaría en una obra mayor de la que también fue productor: Bonnie & Clyde (1967).

Tras colaborar en el certificado de defunción cinematográfica de George Stevens (Juego de amor y deseo, 1970, con Liz Taylor, que fue el último film del gran director, y uno de los peores), Beatty volvió a un nivel de exigencia junto a Robert Altman (Del mismo barro, 1971) y se internó en el universo de las conspiraciones políticas con Asesinos S.A. (1974) de Alan J. Pakula. Para entonces estaba decidido a ser algo más que un actor: produjo y coescribió la ácida comedia Shampoo (1975) de Hal Ashby; se desempeñó como libretista, director y protagonista de El cielo puede esperar (1978), y encaró el que debe ser el empeño más ambicioso de su carrera cuando se convirtió también en productor, director, guionista y actor de Reds (1981), sobre el periodista John Reed, lo cual lo convirtió en el primer cineasta norteamericano en hacer una película con un héroe comunista. Y en plena era Reagan.

Beatty no siempre acierta, y le pudo ir muy mal con la comedia Ishtar (1987) de Elaine May o la patética `remake` de Algo para recordar que interpretó junto a Annette Bening (1994). Pero allí había algo bueno: Bening, con quien se había casado dos años antes y sigue estándolo hasta ahora. Esa mujer le ha hecho sentar cabeza, y han quedado atrás sus amoríos con Joan Collins, Madonna (quien actuó en su Dick Tracy, 1990), Brigitte Bardot, Elle Macpherson, Diane Keaton, Goldie Hawn, Julie Christie o Cher. No ha perdido sin embargo su vocación peleadora: en su más reciente trabajo como director, escritor y actor, El senador Bulworth (1998), se lanzó contra todo el "establishment" político norteamericano con una acidez que genera vacilaciones a la hora de valorar su real mérito cinematográfico (en principio se admira su coraje, pero luego uno lo piensa dos veces y empieza a dudar). Matices al margen, el hombre se merecía el homenaje, claro.

Tres momentos de un hombre múltiple

Bonnie & Clyde

1967

La película que hizo de Beatty una estrella popular. La historia real (aunque muy romantizada) de dos famosos asaltantes de los tiempos de la Gran Depresión, narrada a gran nivel cinematográfico por Arthur Penn. Por un tiempo, también Faye Dunaway fue una estrella.

Reds

1981

En los tiempos de la revolución conservadora reaganiana, Beatty se atrevió a hacer esta superproducción que exaltaba al periodista comunista norteamericano John Reed, testigo de la revolución de Octubre y autor de un libro famoso sobre ella.

Dick Tracy

1990

Tras el comunista Reed, el casi fascista Tracy. Una curiosa adaptación del cómic policial de Chester Gould, con varias estrellas (Pacino, Hoffman) en papeles episódicos, Madonna como mujer fatal y un estilo visual de colores netos que remedan los de una historieta.

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