DUBLÍN AGENCIAS Y | EL PAÍS DE MADRID
Irlanda rechazó el Tratado de Lisboa para la Unión Europea (UE), con un 53,4% de votos por el "No", frente a 46,6% de votos por el "Sí", en un referéndum celebrado el jueves, resultado que podría sumir a Europa en una profunda crisis.
El rechazo irlandés al "Plan B" de la malograda Constitución Europea, alcanzado tras largas y arduas negociaciones entre los 27 miembros de la UE en diciembre, supone un duro golpe para Bruselas que apuesta, sin embargo, a continuar con el proceso de ratificación.
Se trata de una nueva derrota de Europa en Irlanda, que ya rechazó en 2001 el Tratado de Niza -cuyo objetivo fue reformar la estructura institucional para afrontar la ampliación de la UE- y del partido gobernante de dicho país, que hizo suya la moción por el "Sí". El triunfo del "No" fue rotundo incluso en Dublín, donde las posibilidades de ratificación debían ser mayores que en las zonas rurales.
Irlanda era el único país que debía ratificar el Tratado por referéndum, ya que el resto de los países europeos lo ha hecho o lo hará a través del Parlamento.
Sin embargo, tras la consulta del jueves, el Partido Conservador británico, opositor, pidió ayer al primer ministro, Gordon Brown, que detenga el proceso de ratificación del Tratado a través del Parlamento de Londres, y llame a referéndum, siguiendo el modelo de su vecino.
La negativa de la nación irlandesa, que reúne menos del 1% de los 490 millones de ciudadanos europeos, no cierra la Unión, pero la devuelve una vez más a un estado de caos de difícil recuperación. La UE ya estuvo en un aprieto similar cuando holandeses y franceses dijeron "No" a la Constitución en 2005.
Para el secretario de Estado francés, Jean-Pierre Jouyet, la reacción irlandesa puede leerse como un castigo a la brecha entre los responsables y los ciudadanos europeos. La Comisión Europea se esfuerza desde 2005 para vender las ventajas de sus iniciativas para el "consumidor" y "aplica tratados", cuando lo que busca la gente en realidad es un "liderazgo político" que los proteja frente a los cambios.
De ahora en más, se abren dos opciones para el bloque. Por un lado, puede olvidarse del Tratado y dejar las cosas como están, prorrogando el de Niza, que mantiene el poder concentrado en la Comisión, la capacidad de veto para los gobiernos y el rol simbólico de oposición del Parlamento.
Otra es que Irlanda repita la votación en unos meses, lapso en que el gobierno de Brian Cowen tendría que convencer a sus ciudadanos para que den visto bueno a un texto que hoy no entienden y les genera dudas sobre aspectos como la neutralidad irlandesa y la pérdida de peso del país en las instituciones europeas. Pero esta es una opción complicada, porque en este Tratado no se deciden nuevas políticas de las que los ingleses puedan salirse, más allá de las excepciones que ya tienen.
La mayoría de los expertos imaginan un escenario futuro en el que los 27 países europeos de la UE pacten políticas comunes -un retorno a la política exterior intergubernamental previa al nacimiento de la Comunidad Europea-, mientras que la Unión se reduzca al mercado común, según consigna el diario español El Mundo.
El jueves y viernes se escucharán las explicaciones del gobierno irlandés en la reunión del Consejo Europeo -jefes de Estado y gobierno- y se analizarán las soluciones que proponga. La UE tendrá que encontrar un arreglo jurídico entre Dublín y los 26 miembros. Además, el Consejo decidirá si continúa o no con el proceso de ratificación en los nueve países que restan, entre ellos España.
Ya es de conocimiento público que el bando del "No" estaría formado por Reino Unido, República Checa y Dinamarca. Los checos ya han estado manejando un recurso judicial para evitar la entrada en vigor del Tratado el 1° de enero de 2009, cuando inicia su presidencia de turno de la UE. Incluso algunos países que ya han hecho su ratificación, pero a los que aún falta cumplir alguna formalidad, como Polonia, podrían reabrir el debate político.
Por su parte, el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero se muestra ya más tímido en su intensión de pasar rápido el Tratado, para evitar caer en el fiasco de la Constitución, ratificada en este país en 2005. Según fuentes españolas, las órdenes de Zapatero, incluso antes del "no", apuntaban al retraso al máximo de la ratificación.
El Tratado de Lisboa busca (o buscaba), a grandes rasgos, agilizar la toma de decisiones de los 27 miembros. Reduce el número de asuntos para los que es necesaria la unanimidad, establece una estructura más racional de la Comisión -un presidente elegido cada dos años y medio, en vez de la presidencia rotatoria cada seis meses-, reducción de los comisarios, refuerza el poder del Parlamento y establece un sistema de toma de decisiones basado en una doble mayoría.
Reacciones tras el veredicto irlandés
Franco Frattini
Canciller de Italia
"Se trata de un grave golpe contra la construcción de Europa, pues impide tomar decisiones claves sobre seguridad, gestión de migraciones, la política energética y la protección del medio ambiente".
David Miliband
Ministro de exteriores Británico
"El gobierno irlandés dejó claro que es justo para países como Reino Unido seguir con la ratificación porque es tan necesario un punto de vista británico como que haya otro irlandés".
Declan Ganley
Empresario Irlandés
El líder del grupo irlandés "Libertas", promotores del "No", dijo que el resultado del jueves es "una gran noticia para la democracia irlandesa" y que "Europa tiene que escuchar la voz del pueblo".