Antonio Mercader
Fue sorpresivo el ataque de Mujica a Astori. El líder del MPP dijo que mientras él fue ministro de Ganadería, Danilo Astori y su elenco "se hicieron los sotas" ante los pedidos de apoyo financiero para sus planes agropecuarios.
En la jerga rioplatense, hacerse el sota equivale a hacerse el distraído y a intentar pasar desapercibido, una actitud que ciertos gobernantes frenteamplistas han cultivado hasta convertirla en arte. "Estuvimos luchando tres años desde el ministerio sordamente. Nunca nos dijeron no de frente, pero hay una manera burocrática de negarse haciéndose los sotas", explicó Mujica.
¿Qué significa este roce entre las dos primeras figuras del partido de gobierno?
Arriesgando una interpretación, se diría que más que un ataque a su eventual compañero de fórmula -¿o eventual competidor?- dentro del Frente Amplio, lo que Mujica intentó fue defender su gestión ministerial, condenada por el congreso de la Federación Rural.
En efecto, el sábado pasado, su sucesor en Ganadería, Ernesto Agazzi, salió de ese congreso amoratado por las críticas propinadas por los rurales, empezando por el presidente de la Federación, Rodrigo Herrero, quien marcó la cancha con una frase fortísima:
-"A esos señores les digo que más de uno tendría que lavarse la boca por atrevido, antes de hablar de nosotros, la gente de campo".
La primera reacción de Mujica fue acudir al clásico "yo no fui" con el intento de pasarle la pelota a Astori y los suyos por "hacerse los sotas". Fue algo raro, porque si otrora hubo tensiones entre los entonces ministros, debe admitirse que las disimularon bien. Tanto que en aquella crisis entre Vázquez y su ministro de Economía por el presupuesto quinquenal en la cual Astori amenazó renunciar, fue Mujica quien medió entre ambos. Y aunque el ex jefe tupamaro nunca dijo que Astori fuera Gardel (ese elogio se lo reservó a Arana), sus relaciones parecían armoniosas.
Sin embargo, ahora emergen reproches retroactivos con la pintoresca alusión a una carta de la baraja.
Tras ese arranque contra su ex colega de gabinete, un Mujica más sosegado reorientó sus dardos contra los rurales a quienes les agitó el trapo rojo del "impuesto a la tierra". En la misma línea, con los gritos hostiles de los congresistas aún resonando en sus oídos ("¡respeten mi investidura!", debió reclamar ante los abucheos), Agazzi alegó que el sector agropecuario paga la cuarta parte de lo que pagan otros sectores de empresarios y rechazó la acusación de estar fomentando la "voracidad fiscal". Digamos de paso que ese contraataque de la dupla Mujica-Agazzi centrado en la política tributaria ignoró el grueso de los reproches de Herrero que comprendían a todo el gobierno.
Es que el presidente de la Federación Rural acometió contra otras políticas oficiales, entre ellas la educativa ("¡Qué distinto sería si tuviéramos una educación rural como debe ser!"), la laboral ("se ha dado piedra libre a los sindicatos para fomentar la conflictividad"), la sanitaria ("no vemos en la reforma de la salud ninguna mejora para la campaña") y la energética ("¡Reconozcan la ineficiencia de Ancap salvo para recaudar impuestos, reconozcan la inexistencia de una política energética sostenible!").
En suma, no sólo el elenco de Ganadería fue puesto en la picota sino que otros integrantes del gobierno recibieron las críticas de la Federación Rural. Unas críticas que Mujica y sus colegas debieran atender sin "hacerse los sotas".