AGENCIAS
Después de cuarenta minutos de espera, la británica nacida en Camden Town apareció el viernes sobre el escenario del Rock in Rio de Lisboa para volver a cantar después de ocho meses. El resultado, según califican las agencias, fue lamentable.
"Amy, Amy, Amy" gritaba la gente que había pagado su entrada para estar en el Parque da Bela Vista, como para demostrar que el fanatismo incondicional no es sólo del público rioplatense.
Esas personas -unas 90.000, más o menos- esperaban que sobre el escenario irrumpiera Amy Winehouse, de regreso a los conciertos luego de ocho meses, internaciones puntuales y un juicio por complicidad ante un delito de agresión y soborno a cargo de su marido, Blake Fielder-Civil.
Cuarenta minutos se tomó Amy para hacerse de fuerzas y llegar al escenario, escoltada por dos de sus músicos, quienes estuvieron cerca de ella durante toda la actuación. La organización había reservado unos 90 minutos para que la cantante abriera el horario central de la primera noche, pero finalmente el concierto duró poco más de 50 minutos.
"Estaba ahí, pero había dejado su portentosa voz en Camden Town, el distrito londinense donde se puede decir que malvive. El chorro de su garganta joven pero heredera de las grandes maestras de la Tamla Motown o la Stax se transmutó, para disgusto de sus ávidos fans, en una patética exhibición aguardentosa que nada tenía que ver con el derroche que rezuma su aclamado álbum Back to black", comenta el crítico del diario El Mundo en su versión online.
Con una copa en mano, como puede vérsela en la imagen, Amy subió con dificultad al escenario para una actuación sólo levantada en breves momentos: precisamente los que la alejan de su potente registro y la acercan al reggae o al ska. Uno de esos casos es el de Just friends. Pero el resto de las canciones, verdaderos clásicos del pop en potencia, "se quedaban en piezas sustentadas por la potencia negroide de su banda, sobre la cual le costaba elevar su volumen vocal".
La crónica continúa comentando que, en un segmento del show dedicado a la banda de ska The Specials (adalides de la resurrección del género a fines de los 70 y principios de los 80), Amy tosía y tosía. "Perdón por la demora" fue lo que atinó a decir a un público que seguramente, más que dolido y estafado, haya sentido compasión de una figura que, lejos de alimentar las publicaciones musicales que la descubrieron, con ese estado y ese grado de exposición es comida ideal para los tabloides de la prensa británica y mundial.
El Rock in Rio tendrá durante este primer fin de semana el desarrollo de su etapa lisboeta, para luego pasar por primera vez en su historia a Madrid. En las cercanías de la capital de España se ha construido una verdadera "ciudad del rock" que albergará más de 80.000 personas entre escenarios y otras atracciones.
Un cartel de pop y rock masivos
Lenny Kravitz fue el encargado de levantar lo que la performance de Amy Winehouse dejó sobre el parque. Plagado de rock setentero y marcándose constantemente intervalos para hacer breves "jam sessions" (sesiones de improvisación instrumental) de alto volumen, el estadounidense levantó a la audiencia con temas como Mr. Cab Driver o Always on the run. Aunque cada vez más predecible y volcado a las guitarras, el show de Kravitz parece seguir funcionando. El festival también tuvo como animadores a Alejandro Sanz, Alanis Morrissette y Bon Jovi. Muchos de esos artistas viajarán también a Madrid durante los últimos días de junio para presentarse en la versión española del Rock in Rio.