MANTA, ECUADOR | SIMON ROMERO, THE NEW YORK TIMES
La escena en el Manta Ray Cafe, una cafetería en la base de Manta, el puesto de avanzada militar estadounidense más prominente en América del Sur, sugiere que todo es normal.
La televisión está sintonizada en Fox, que transmite golf. Contratistas ecuatorianos atienden tipos desaliñados cerca de heladeras llenas de Dr. Pepper y Gatorade. Personal de la fuerza aérea vestido con overol y listo para abordar un avión AWACS de vigilancia hojea ediciones rústicas de libros con las esquinas dobladas.
Sin embargo, para 2009, si el presidente Rafael Correa se sale con la suya, esta base ya no estará, y, con ella, una de las fuentes de mayor encono en la controversia que hay en Washington por la prolongada guerra contra el narcotráfico. Y la preocupación está presente.
Para el gobierno de George W. Bush, la estación aérea estadounidense aquí es un componente crítico para la guerra contra el narcotráfico en los Andes. Los 180 miembros del ejército destinados aquí llevan a cabo unos 100 vuelos al mes sobre el Pacífico en busca de lanchas provenientes de Colombia, el lugar de origen de cerca de 90% de la cocaína que entra en EE.UU. Con esos vuelos, se pudieron llevar a cabo cerca de 200 confiscaciones de cocaína en 2007.
Sin embargo, para los ecuatorianos, Manta es un punto álgido en un debate regional sobre los límites del poder estadounidense en América Latina.
En 1999, funcionarios estadounidenses negociaron un acuerdo de 10 años con el entonces presidente Jamil Mahuad para establecer un complicado proyecto de detección por radar aerotransportado en Manta, una ciudad portuaria con una población de 250.000 habitantes. Según lo estipulado en el tratado, Estados Unidos nunca estuvo obligado a pagar renta a Ecuador. Tampoco se permitió que los estadounidenses estacionados en la base fueran juzgados en tribunales ecuatorianos por delitos cometidos en Ecuador. Ni tampoco se presentó para su aprobación en el Congreso ecuatoriano. Unas semanas después, Mahuad fue derrocado por un golpe de Estado militar.
Para Correa, de 45 años y quien se opone a la renovación del acuerdo por el cual existe la base estadounidense en Manta, con ella se compromete la soberanía de Ecuador. Muchos ecuatorianos temen que podría terminar por arrastrar a su país aún más en la prolongada guerra civil de Colombia, un temor que se intensificó en marzo cuando fuerzas de ese país hicieron una redada en un campo rebelde en su propio territorio.
En particular, después de que el gobierno de Bush tomó partido en forma explícita por Colombia en la crisis diplomática que estalló después de la redada, los críticos de Estados Unidos en Ecuador ven pocas razones para mantener la base.
Sin embargo, para Correa, el debate es tanto personal como político. Cuando era niño en Guayaquil, encarcelaron varios años a su padre en EE.UU. bajo cargos de contrabando.
En una reorganización drástica de las Fuerzas Armadas realizada en abril, Correa nombró ministro de Defensa a Javier Ponce, un poeta, periodista y escritor que defiende una menor cooperación militar con Estados Unidos. "¿Debería tener Ecuador una base en Miami? ¿O en Nueva Jersey?", preguntó Ponce de 59 años. "La decisión del gobierno es la de no renovar el acuerdo``.
Por ahora, las operaciones en la base continúan como siempre. Cuando se le preguntó que en qué consiste su misión, el teniente coronel Robert Leonard, el oficial estadounidense de mayor rango en Ecuador, señaló las aguas del Pacífico.
Los AWACS parados en la pista en Manta son inútiles para territorio colombiano, ya que el follaje de la selva los hace ser efectivamente ciegos para detectar avionetas. Sin embargo, sobre el océano, los radares de las naves encuentran inesperadamente lanchas rápidas, algunas de las cuales transportan cocaína colombiana hacia puntos del norte. Si esto da la impresión de que se usan aviones de 300 millones de dólares para rastrear embarcaciones más primitivas y más baratas, el personal de la base es el primero en reconocer que así es.
"Es un gran juego del gato y el ratón``, dijo Leonard. "Buscamos puntos en la pantalla de un radar. Esos puntos están contrabandeando drogas``. Ninguno de los aviones aquí está armado. Su misión es detectar.
El ejército dice que gasta 15 millones de dólares al año en sus operaciones aquí, aunque esta cantidad no contempla gastos mayores como combustibles.
Encontrar otra locación habría sido más fácil hace una década, cuando la imagen estadounidense en la región era más elevada y, más fácil encontrar aliados. Por ahora, funcionarios estadounidenses están resignados a cambiar las operaciones de Manta cuando venza el acuerdo en noviembre de 2009. Lo más probable es que el traslado se haga a Curazao y El Salvador.
Juntas, dijeron funcionarios aquí, esas tres bases, conocidas en la jerga militar como FOL (por sus siglas en inglés) o locaciones para operaciones de avanzada, contribuyeron a confiscar drogas por un valor 1.100 millones de dólares en 2007. Se centraron en el contrabando que salía de Colombia. Los funcionarios manifestaron que no tienen estimaciones respecto de la cantidad de cocaína que no detectan.
"Hemos tenido muchísimo éxito en el combate al narcotráfico con las FOL``, dijo hace poco Linda Jewell, embajadora estadounidense en Ecuador. "Vamos a hablar con el gobierno para encontrar formas en las que podamos seguir trabajando juntos``. Sin embargo, algunos expertos en la lucha contra el narcotráfico de Ecuador y Estados Unidos han cuestionado si vale la pena pagar el costo, tanto económico como político, de mantener la base.
Y muchos narcotraficantes colombianos han cambiado de táctica en formas que hacen que Manta sea menos efectiva. Los contrabandistas, por ejemplo, han empezado a depender menos de las lanchas rápidas y más en los semisumergibles, los submarinos de poca tecnología que se construyen por menos de un millón de dólares cada uno en la selva de Colombia y eluden con facilidad la tecnología avanzada de los AWACS.
La cifra
200 Confiscaciones de cargamentos de cocaína que se realizaron a través de la base militar de Manta sólo durante el año pasado.
Entre el tedio y el terror
En Manta, las tripulaciones de cuatro miembros despegan cada día de esta base en los AWACS para hacer recorridos de 12 horas. No puede decirse que la emoción está garantizada, pero cada vez que el radar detecta "puntos" las pulsaciones se aceleran. "Tenemos horas de puro aburrimiento seguidas por momentos de puro terror``, reflexionó el teniente Charles Moore, el líder de la tripulación de uno de estos aviones. "Es como buscar agujas en un pajar``.