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La vida a un año de la inundación
Crecida. En Durazno aún hay evacuados: son 225. La Intendencia demolió 60 viviendas en zonas problemáticas y les dio casas nuevas en otras áreas. Treinta y Tres quiere mudar a 1.000 personas

Víctor Rodríguez, Marco Rivero y Humberto Ramírezen Varela y Ana Monterroso, en durazno, la familia Ansolabhere Álvarez espera por una vivienda ya asignada. A su alrededor pocas casas quedan en pie. La mayoría fueron derribadas por la intendencia y a sus dueños se les brindó un nuevo hogar.

Es que a un año de las inundaciones que desplazaron de sus hogares a 18.000 personas en Soriano, Treinta y Tres y Durazno, la reconstrucción continúa y la vida sigue afectada por la crecida. También permanecen las secuelas económicas y psicológicas.

Durazno, donde hubo 11.000 desplazados, es el único departamento donde aún hay evacuados. Son 50 familias (225 personas, 40% adultos) que viven en hogares transitorios como los ex hoteles Uruguay y Plaza y el Centro Vasco.

El Comité de Emergencia los asiste con alimentación y cuidados médicos. Almuerzan en el comedor del Instituto Nacional de Alimentación (INDA) y se llevan la cena en una vianda. El municipio les proporciona una canasta alimentaria, leña, estufas y afronta los gastos de esos locales.

La ubicación definitiva de estas familias es un debe que reconoce la Intendencia, cuyas autoridades afirman que se solucionará próximamente. Algunos se integrarán a cooperativas (Covidurazno y La Mojada) y otros a viviendas de Mevir.

También hay otras situaciones complicadas. Carmen Pérez vive con su esposo y sus tres hijos en una casa que se declaró "inhabitable" y en peligro de derrumbe. "Pedimos una vivienda para llevar a nuestros hijos a un lugar sano y seguro", afirma. Sin embargo, la asistente social Adriana Avellanal asegura que esa familia fue integrada a la cooperativa La Mojada, pero que se fueron dados de baja por no cumplir con el horario mínimo de trabajo por ayuda mutua.

El municipio tiene en marcha un plan de erradicación de zonas inundables. En acuerdo con los propietarios se derrumban las viviendas -ya se tiraron abajo 60- y se les asigna una nueva en el barrio Las Higueras. Allí irán en breve los Ansolabhere Álvarez, que se sumarán a 95 familias que ya habitan en el barrio.

Las Higueras, tres kilómetros al Oeste de Durazno, pasará a ser a mediados de este año uno de los barrios más poblados de la ciudad. En la cooperativa La Mojada se radicarán 120 familias entre junio y julio y en Covidurazno 62 hogares tienen listas sus casas y sólo les faltan los últimos aspectos de finalización de las obras.

El lunes pasado hubo una reunión de evaluación en Durazno a un año de la crecida. "El intendente está en un continuo monitoreo y se están buscando soluciones definitivas", dijo Avellanal.

Mudarse. Tanto en Durazno como en Treinta y Tres hay familias que viven en zonas indudables y que no quieren abandonar sus casas. Algunas, dicen, porque por ahora no tiene a dónde ir. Otras porque no se quieren alejar de la zona en donde viven.

En Treinta y Tres hubo 2.800 evacuados. De ellos, 70% no habían sufrido inundaciones anteriores. Un estudio de la Universidad de la República concluyó que 40% de los desplazados estarían dispuestos a abandonar su hogar para vivir en una zona no inundable.

Del 60% que no se mudaría, la mitad argumentó que son propietarios de las fincas, 22% opinó que la situación de mayo pasado fue excepcional y no volverá a repetirse, el 21% dijo que no tienen posibilidades económicas de irse y 17% sostuvo que está habituado al barrio y a la convivencia con la situación.

"No quiero irme. La Intendencia me ofreció conseguirme otra vivienda, pero yo me quedo porque ésta era de mi padre. Voy a hacer un altillo para poder rescatar las cosas cuando venga otra crecida", dice Santa Mederos, del barrio Suárez. Para los que sí se van a ir, la intención es consolidar un nuevo barrio en el predio donde está la escuela N° 57, Clemente Estable, en la zona de Paso Ancho. Para ello Mevir tiene "muy avanzadas" las conversaciones con las autoridades educativas.

Otra de las iniciativas que apunta a minimizar el impacto de futuras inundaciones involucra al Plan Hogar 2 de la propia Intendencia, que implica edificaciones o reparaciones a fincas de personas en situación de pobreza.

Si estas personas poseen o consiguen un terreno en un área no inundable, el Municipio se encarga de construirles otra vivienda.

Esta semana comenzarán en las zonas rurales de Treinta y Tres tareas de reparación de las viviendas afectadas. Son 12 intervenciones: en ocho casos se construirán nuevas casas y en el resto se reacondicionarán.

En Mercedes, donde hubo 4.000 evacuados, se les brindó ayuda en materiales a 300 familias y también se les otorgó muebles a los que los perdieron en las inundaciones.

Aún por estos días funcionarios municipales asisten a particulares en tareas de reparación y pintura de sus hogares.

En Soriano se hizo además un documento, con el aporte de organismos y evacuados, que será la base sobre cómo operar si vuelven a repetirse este tipo de fenómenos.

A eso se le suma un registro pormenorizado de los afectados por las inundaciones. La creciente tuvo consecuencias para casi 800 viviendas y 4.000 personas.

Las inundaciones del año pasado fueron también el punto de partida para un fortalecimiento del Sistema Nacional de Emergencias. "Hay enseñanzas y lecciones aprendidas, por ejemplo, respecto a la preparación y a la difusión de la información", señalaron fuentes del Sistema.

Superada la primera etapa de la crisis se realizaron talleres en los departamentos más afectados, donde se contaron las experiencias y se sacaron ideas hacia el futuro. También se realizaron nuevas coordinaciones con las direcciones nacionales de Meteorología y de Agua y Saneamiento y con las comunas.

Plan para ordenar la ciudad

Con el recuerdo de la inundación del año pasado, muchas de las personas que ahora se interesan en la compra o venta de un predio en la ciudad de Treinta y Tres van antes a la Intendencia a pedir un "certificado de no inundabilidad", contó Susana Martínez, directora de Arquitectura y Obras.

A partir del desastre provocado por la creciente, la Intendencia de Treinta y Tres propuso una serie de medidas que ahora están a estudio de la Junta Departamental. En ellas se delimitó la "zona inundable" en base a las inundaciones de 1998, porque se interpreta que la magnitud de la creciente de mayo pasado tendría una periodicidad de más de cien años, pese a que en 1959 se alcanzaron cotas similares.

Las limitaciones que están a estudio de la Junta implican la prohibición de fraccionar, ocupar o edificar en la zona declarada inundable. Se pretende dejar abierta la posibilidad de realizar construcciones si el propietario asume la responsabilidad, como sucede en la rambla de Mercedes, en Soriano. En Durazno, había limitaciones similares establecidas, pero la dificultad residía en la fiscalización de la prohibición.

Estas medidas tendrían vigencia hasta que se apruebe el plan director de la región, en la que trabaja la Intendencia junto a la Dirección Nacional de Ordenamiento Territorial.

Volver a empezar de cero

En la inundación se vieron afectadas viviendas, fábricas y comercios. Pero también se perdieron fotos, recuerdos familiares, que generaron una situación emocional "muy fuerte", señala el encargado de Asuntos Sociales de la Intendencia de Soriano, Luis Perazza.

En ese departamento sicólogos trabajaron con las familias. "Se hicieron un montón de actividades para ponerle un paño de consuelo y olvido a una situación que ha sido muy traumática", señaló el jerarca.

Para Perazza, la situación tan negativa hizo crecer a Mercedes y Villa Soriano como comunidad. "Se armaron muy rápidamente los circuitos de solidaridad", recuerda.

En los comercios, la situación también aún se siente. La panadería de Raúl Varela quedó totalmente bajo agua. Se dañaron las heladeras, acondicionadores de aire, mercadería e inclusive el horno de ladrillos y las puertas y ventanas del local.

"Se perdieron más de 80 mil dólares. Pero de a poco vamos saliendo adelante, gracias a la comprensión también de proveedores y clientes que nos ayudan mucho. Algunos clientes cuando nos compran nos dicen que se acuerdan de lo que pasamos y de que a ellos también les puede llegar a suceder lo mismo", comentó Varela.



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