MARÍA JULIA POU
El 24 de abril se conmemora lo que se ha dado en llamar el "genocidio armenio" y que algunos no vacilan en referirse a este episodio como al "holocausto armenio". Poco importa el nombre con que recordemos este capítulo de la historia pero sí es indispensable conocer las atrocidades cometidas contra el pueblo armenio por el imperio otomano y el Estado de Turquía durante la Primera Guerra Mundial y años anteriores y posteriores a ésta.
El genocidio -forma organizada de matanza de un grupo de personas con el objetivo explícito de ponerle fin a su existencia colectiva- requiere un planeamiento central y una maquinaria organizada para su implementación, haciendo del genocidio un prototipo de crimen de Estado, pues sólo un estado cuenta con los medios necesarios para llevar a cabo tamaña destrucción.
Así fue que los armenios fueron sometidos a deportaciones, expropiaciones, secuestros, torturas y masacres; y la gran mayoría de la población fue forzosamente trasladada desde Armenia y Anatolia hacia Siria donde muchos de ellos fueron enviados al desierto para morir de hambre. Nuestro Parlamento reconoció por medio de una Ley el Genocidio Armenio (1965) y en posteriores resoluciones se pronunciaron ambas cámaras a favor del reconocimiento internacional del mismo. Es este -el del reconocimiento- un tema esencial: si no hubiera pasado inadvertida la valiosa lección de la masacre Armenia por parte de las potencias vencedoras de la Primera Guerra Mundial quizás el Holocausto judío no hubiera tenido lugar. Una vez más es necesario no olvidar para que no vuelva a suceder. Por eso hoy y desde aquí nosotros decimos como en Massada: Nunca más. Y aprovechamos estas líneas para congratularnos de la presencia en nuestra comunidad de seres humanos maravillosos que vinieron a estas tierras a buscar paz, tolerancia, comprensión y oportunidades.
La otra fecha que queremos evocar es la que nos lleva de la mano a un mañana más venturoso: el 26 de abril es señalado como el Día de la Propiedad Intelectual desde el año 2000. La OMPI -Organización Mundial de la Propiedad Intelectual como organismo especializado del sistema de las Naciones Unidas- tiene como objetivo desarrollar un sistema de propiedad intelectual internacional que sea equilibrado y accesible, y recompense la creatividad, que estimule la innovación y contribuya al desarrollo económico y a la vez salvaguarde el interés público.
La propiedad intelectual tiene que ver con las creaciones de la mente: las invenciones, las obras literarias y artísticas, los nombres y símbolos, las imágenes, dibujos y modelos utilizados en el comercio, el "software", etc. Desde la primera mención de que se tiene noticia -en el código de leyes judías" Shuljan Aruj" prohibiendo (Gnevat a Da´at) el robo de ideas- pasando por el reconocimiento del "copyright" en la Inglaterra del siglo XVII y la creación de una plataforma jurídica para el respeto de los derechos de autor en todos los países, llegamos hoy a una situación en la que no debemos descuidarnos pues la difusión de Internet y la denominada "piratería" literaria y audiovisual han puesto en grave riesgo la protección de los derechos de autor. Y el nuestro, es un país de gente inteligente y creativa y es buena cosa que sigamos por la senda que nos hemos trazado en cuanto al respeto, la vigilancia y la adecuación necesaria de las normas acompañando la evolución de las tecnologías en todos los terrenos.