"No hay recetas. Lo primero que tenés que hacer es sentarte con tu equipo y si podés con operadores de otras instituciones y evaluar la situación", afirma la psicóloga Adriana Molas, directora de la ONG El Faro, que en convenio con INAU asiste a niños y adolescentes víctimas de maltrato.
Es que las situaciones son complejas y por ello también las estrategias de acción. Por ejemplo, ante una hipótesis de maltrato comunicada por un educador se puede convocar a la madre del niño si "está más o menos fortalecida, no tan dañada o en un proceso de separación", explica Molas.
En cambio, citar a una madre que nunca fue a una reunión de padres y que se desconoce en qué estado se encuentra puede ser contraproducente. Y terminar con que el niño sea retirado inmediatamente de ese centro educativo. "En los casos más claros la mamá no sale ni al almacén. El papá tiene el control", afirma Molas.
En las intervenciones se evalúa la urgencia en función del riesgo de vida y de sufrir un nuevo abuso. En esas situaciones se actúa para que el niño no regrese a su hogar. "Si hay que hacer la denuncia, se hace", afirma la especialista.
La acción de El Faro comienza con una intervención en crisis y el diagnóstico para que el niño o adolescente "logre un equilibrio mínimo en la vida cotidiana". Un caso habitual, señala, es un adolescente que cuenta el abuso por parte del padre o padrastro cuando su madre finaliza la relación. Lo primero que se hace es intentar que no lo segreguen de la familia, ya sea con dudas de su palabra o con argumentos como que, con su acción, el agresor va a ir preso o se va a ver resentida la economía del hogar.
En El Faro se trabaja con el adulto de referencia que pueda asistir a la víctima y con el chico, tanto a nivel individual como en grupos. "Es muy importante que reconozcan sus derechos, que lo que sucedió fue un abuso de poder, que pueda salir del lugar de víctima hacia el de ciudadano", indica Molas.
Hay algunos comportamientos de los chicos que deben llamar la atención de padres o educadores.
En los adolescentes los intentos de suicidio, fugas de su hogar, un rendimiento escolar desparejo y comportamientos violentos. En muchos casos no cuentan directamente la situación pero dan señales, como por ejemplo dejar que se vea casualmente una herida. En los niños es frecuente que por más que no lo verbalicen intenten en juegos repetir la situación de abuso que padecen o que tengan conductas no propias para su edad.