MARÍA JULIA POU
En estos días, nuestros parlamentarios se verán abocados a considerar la ley de cuotificación política como una manera de corregir el altísimo grado de "masculinización" de la representación de la ciudadanía en el Parlamento. Analizando la situación en los distintos países de América llama la atención los bajos niveles de participación de la mujer uruguaya en los partidos políticos.
En una democracia como la que vivimos -practicamos- en nuestro país parecería a primera vista que con el cumplimiento del artículo 8° de la Constitución no sería necesario legislar más sobre el tema de la participación: bastaría con que las mujeres que se sintieran llamadas por el servicio público, se pusieran a trabajar y probaran su capacidad de convocatoria en la elección. Pero no es fácil que esto suceda en un ámbito donde desde hace mucho tiempo los hombres ocupan mayoritariamente los espacios.
Sin embargo, el Estado tiene mecanismos para corregir desigualdades -los subsidios, los incentivos- sin violar el principio de igualdad que la carta proclama.
La primera consideración que queremos hacer es con respecto a la importancia de la participación de la mujer en la actividad política y en todos sus escenarios, incluido el electoral. La opinión de las mujeres, el ángulo distinto desde el cual se miran las cosas, la incorporación de temas de género, de temas sociales inspirados en sus peripecias vitales así como los temas de familia son generalmente incluidos en las agendas políticas a instancias de las mujeres.
Por ello es que en lo personal hemos dejado de lado el primer sentimiento que nos provoca el hecho de tener que apelar a una ley que favorezca, incentive la comparecencia de mujeres en los cuadros de los partidos primero y en los cargos electivos como lógica consecuencia.
No podemos ocultar que no nos resulta edificante el tener que recurrir a una ley para forzar el acceso de nuestras congéneres a los lugares donde se toman las decisiones. Pero creemos que la equidad pasa por tratar desigualmente situaciones desiguales y es en este sentido - como una ortopedia para corregir una desviación- que nos afiliamos a la tesis de legislar acerca de la cuota de género y dar así la oportunidad, durante dos o tres períodos para que las mujeres que tengan vocación por la participación lo puedan intentar con mejores perspectivas que las actuales.
En segundo término y luego de haber tenido el privilegio de integrar el Senado de la República durante 5 años sentimos la necesidad de expresar -sin complejos- que en lo personal hemos cambiado de opinión con respecto a la necesidad de legislar en referencia a la cuota política en relación al género. Pero seguimos pensando que las mujeres no debieran depender de la fuerza de la ley para acceder a los lugares donde se toman decisiones, nuestro pensamiento y nuestro sentir nos hacen expresar: ni llegar por el sólo hecho de ser mujer ni dejar de acceder por el hecho de serlo.
Por último queremos agregar algo más a la imposición legal de la cuota: se necesitan acciones de promoción de otro tipo y en diversos planos para acelerar la transformación de la condición de la mujer en la sociedad. Y en ese terreno cada partido- como vehículo de participación- mostrará ante la ciudadanía la creatividad y la capacidad de impulsar acciones que aceleren el proceso y hagan innecesario la continuación del mismo en el tiempo.