El obelisco porteño disfruta de la espectacular y original vista de una comunidad de hormigas en tres dimensiones dibujada en la acera por el artista británico Julian Beever, quien terminó hoy su última obra en la capital argentina.
Artista callejero, pintor, o "grafitero", como han llegado a denominarlo, Beever no encuadra en una clasificación artística porque afirma que su técnica, la anamorfosis, solo él la domina.
Esta curiosa disciplina consiste en dibujar con tizas de colores sobre el pavimento urbano, "pintando más grandes las cosas que están más lejos y más pequeñas las que tenemos más cerca", explicó Beever a Efe.
De esta forma se crea una ilusión óptica que, vista desde un punto concreto, da sensación de profundidad y solidez, y al espectador le parece poder introducirse en los dibujos.
En este caso Beever, de 47 años, creó, como promoción para una conocida marca de telefonía móvil, una comunidad de hormigas que construye un puente con hojas sobre el logotipo de la compañía.
Desde el lunes pasado el británico ha trabajado una media de diez horas diarias al aire libre, moviéndose entre el suelo y la cámara desde la que establece la perspectiva, para poder presentar hoy una obra que ha sido ya declarada "de interés cultural" por el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.
El pintor, que considera que el arte debe estar en la calle y al alcance de todos, no cree que su trabajo sea efímero -sus dibujos aguantan entre tres y cuatro días en las aceras si no llueve-, ya que para él la "obra terminada" es la fotografía que toma al final desde el punto elegido, y se mostró orgulloso de que su obra sea tan difundida a través de Internet.
Después de más de 50 trabajos que han formado parte de cadenas de correos electrónicos y están presentes en muchos sitios web, aseguró disfrutar mucho haciendo su trabajo, que es "lo que mejor se le da" y que "encima" le permite viajar por todo el mundo, aunque reconoció que aún está "aprendiendo".
Así que durante unos días y si el humo que inunda la ciudad por las quemas lo permite, los porteños y su tradicional Obelisco, situado en pleno centro de la capital argentina, podrán disfrutar viendo cómo sus aceras se transforman en campos tridimensionales.
EFE