El carisma de Rod Stewart no se desgasta con el paso de los años

Gira. El músico sedujo a su público con dos recitales en el estadio de Vélez

BUENOS AIRES | IGNACIO QUARTINO

El escocés Rod Stewart se despidió el viernes de un público argentino multietario, con un show que justifica su cuarto lugar entre las giras más recaudadoras de la actualidad.

Lógicamente, el gran Rod ya no tiene la voz que le permitía resistir dos horas de un show en forma ininterrumpida, pero el mérito del artista está en que esas debilidades puede suplirlas con su carisma, ese ángel tan especial que lo ubica como uno de los showman más importantes de la historia del rock, y por una banda de músicos que le hace lucir como el saco plateado que vistió en el arranque del recital.

Apenas cinco minutos más tarde de la hora de inicio fijada, saltó al escenario para interpretar una exquisita versión de Heartache. A este tema de su último disco bautizado Las mejores canciones de todos los tiempos, le siguió un aluvión de éxitos propios y otros tantos ajenos, elegidos con precisión de cirujano, ideal para mantener al público en vilo.

Es que, las 23 canciones fueron tarareadas casi de principio a fin por los 40.000 espectadores presentes. Stewart se cantó todo lo que el matrimonio de 40 y pico quería escuchar, porque desde la última visita en 1989, el escocés había agregado hits interesantes a su carrera como Rythim of my heart, Downtown train o Have I told you (del MTV Unplugged), pero también logró aggiornar ver-siones como Young Tiurks y Do you think I`m sexy?

Quizás el secreto del éxito de esta gira sea, justamente, que pese a sus 63 años, el artista logró separar su incipiente perfil de cantante melódico en café concert, con el de showman pa-ra grandes estadios que regala 25 pelotas de fútbol a la tribuna. Con inteligencia, los productores del espectáculo armaron un recital en que su figura no puede sentir tanto el desgaste en el escenario.

Por eso, el show de esta gira tiene diez minutos de intervalo y, por momentos, percusionistas (se destaca el duelo de bateros mientras transcurría Downtown train), coristas, violinista y la saxofonista (una rubia espectacular), se adueñan de la escena mientras que Rod ingresa a su camarín para tomar una Gatorade o una cerveza alemana, que exigió a la producción.

Dentro de ese contexto, la tecnología de la pantalla gigante montada en el centro del escenario fue una herramienta aprovechada para entretener al público -sobre todo en el descanso- y para mostrar videos acordes al repertorio seleccionado. Vale destacar la imagen animada del rostro de Stewart en The firts cut is the deepest o el video en que juega al fútbol con su hijito de dos años cuando interpretó Father and sun de Cat Stevens, que hizo derrapar alguna que otra lágrima en los rostros de damas sensibles.

La tecnología también fue protagonista el viernes en el momento de mayor conexión entre la gente y Stewart. Mientras entonaba I don`t want to talk about it, tema que posee uno de los estribillos más románticos, largos y simples de recordar en el rock mundial, el público abrió la tapa de los celulares y los levantó para iluminar el estadio a oscuras. Esta respuesta puso de rodillas al cantante que, en ese instante, no encontraba palabras para el agradecimiento.

Sin entrar en aburridos recursos para conquistar al público, el escocés nunca ocultó su cariño al público argentino y viceversa. Hasta una fanática le regaló en la noche del viernes un juego de aros para su esposa, Penny Lancaster. Stewart agradeció este gesto desde el escenario con la cajita de los pendientes en su mano y minutos después, en su inglés castigado por el esfuerzo de las cuerdas vocales, dijo que había pasado 5 días espectaculares en Buenos Aires, donde compró antigüedades para su hogar, y que la gente "debe sentirse orgullosa del país en el que viven".

Para el final, después de otro cambio de saco (usó cuatro en total), sonó Do you think I`m sexy? y la gente quedó en el estadio un rato, quizá buscando más. Fue entonces que en la pantalla gigante se proyectó un cartel que decía "Stewart ha abandonado este edificio". Está bien, el escocés había hecho demasiado.

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