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Violencia doméstica
La vida después de decir basta
Desde diciembre de 2007 funcionan cinco hogares financiados por INAU exclusivamente para albergar víctimas. Actualmente hay allí unas 60 madres con 150 niños

DÉBORAH FRIEDMANN

La maestra vio otra vez el rostro lastimado de esa madre y le dijo: "vos a casa no volvés, nos vamos". Sabrina Martínez se fue con lo puesto y sus tres hijos. Hacía ocho años que soportaba golpes, con el puño, con cadenas. Se sentía vacía, destruida.

De eso hace un año. Desde entonces Sabrina y sus tres hijos viven en uno de los cinco hogares que hay en Montevideo para albergar a mujeres víctimas de violencia doméstica y sus pequeños, financiados por el Instituto del Niño y del Adolescente (INAU). Hoy se alojan allí unas 60 mujeres y 150 chicos, desde bebés recién nacidos hasta adolescentes de 18 años.

En su desgracia, Sabrina tuvo suerte. La de que alguien quisiera ayudarla y además supiera de la existencia de los hogares. Una opción que funciona en esa modalidad desde diciembre del año pasado (antes eran refugios diurnos y nocturnos) y que está muy poco difundida. Quizás porque, en general, están a tope.

Por estas horas, médicos de un hospital del interior del país retrasan el alta de una paciente que tuvo un bebé y que suele ser golpeada. Intentan conseguir un sitio donde alojarla: temen por su vida si regresa con su pareja. En otro hospital, fuera de Montevideo, procuran dar con alguien que ayude a una mujer víctima de violencia doméstica, que no tiene adónde ir si abandona su vivienda.

Mientras, diversas organizaciones o simplemente personas sensibilizadas con las víctimas de violencia doméstica, emplean toda su creatividad para esconder a mujeres cuya vida corre peligro. Hoteles, campings, iglesias, apartamentos en alquiler y pensiones son parte de esos "operativos", que han incluido traslados a departamentos lejanos con cambios de vehículos por el camino y hasta sacerdotes como pantalla.

"Es el miedo". Para alguien ajeno a la problemática, quizás sea difícil entender por qué una mujer golpeada no deja al agresor. Es que en la mayoría de los casos, el hombre hace que la mujer rompa su vínculo con la familia, los amigos y hasta el trabajo, explica Mary Arias, de la Casa de la Mujer de Marindia. Eso le sucedió a Sabrina.

Toleré todo lo que se te ocurra. Violencia física, psicológica. Golpes de puño. Lo toleré por miedo, por ese sentir que no vas a poder. De mirar al costado, tener hijos y no contar con nadie que te diga `hay un techo, tenés un lugar.` No tengo prácticamente familia. Mis amigos eran todos conocidos de él. No tenía dinero, no contaba con un ingreso.

Algo similar sentía Andrea, una chica de 23 años, del interior del país, que vivía en Montevideo junto a su hermano.

Yo trabajaba y aportaba en la casa, pero a él no lo conformaba. Llegaba alcoholizado y me pegaba. Te encerrás en tu mundo. Tenés tanta depresión, estás tan dañada... ¿Sabés por qué yo no pedí ayuda antes y por qué no lo denuncié? Porque lo podía perjudicar en su trabajo. Tenía miedo... Pensaba, `es mi hermano`. Y sí, es mi hermano, pero me estaba cagando a palos y mi hija lo veía.

La desesperación de Sabrina la llevó a intentar matarse. Andrea pensó en dar en adopción a su segundo hijo, luego de que una vez intentó pedir ayuda, su hermano la escuchó y recibió golpes como respuesta.

Yo sabía que con otro hijo no me iba a aceptar en su casa. Y lo iba a dar. No podía volver a la casa de mi hermano. ¿Adónde iba a ir? ¿A la calle? No me pasa a mí, le pasa a muchas mujeres que aguantan por un techo, un plato de comida para sus hijos. Es el miedo.

A Sabrina la rescató la maestra y a Andrea la ayudó una asistente social del Pereira Rossell a la que le contó todo. Cada una fue trasladada a un hogar para víctimas del Centro de Promoción por la Dignidad Humana (Ceprodih). Otras mujeres no recorren ese camino y, al menos por unos días, terminan escondidas en los lugares más insólitos.

Clandestinas. Es que en teoría si la mujer denuncia ser víctima de violencia doméstica existen medidas cautelares para el agresor. Pero la práctica no siempre es tan fácil. Para empezar, porque muchas mujeres no quieren denunciar. Y además porque a veces el golpeador no está ubicable o la vida de la mujer corre un peligro tal que permanecer en su casa, aún con medidas, puede ser mortal.

De ahí surgieron alternativas, bien a la uruguaya, ante la falta de una respuesta oficial a esas situaciones de emergencia. En un departamento del Norte del país, por ejemplo, una Iglesia brinda alojamiento por dos o tres días a las mujeres.

Llegan muchas veces con los niños. Alimentos hay, porque la gente siempre dona a la parroquia, así que se cocinan. Dicen que no aguantaban más la situación y tienen miedo de que el hombre venga hasta acá.

Esos alojamientos los otorgan en coordinación con la Policía, ante la posibilidad de que el agresor llegue hasta allí.

En otro sitio del Este uruguayo utilizan viviendas de personas sensibilizadas con la problemática y tienen acuerdos con otros departamentos para las situaciones más complicadas: cuando la mujer debe irse de su ciudad.

Tres o cuatro veces hemos tenido que sacar mujeres a otros departamentos. En uno de los casos había riesgo de vida. Hicimos un operativo clandestino, con la ayuda de un sacerdote, para disfrazar la situación y que se fuera con sus niños. También cambiamos de auto para despistar. Por suerte, no la logró ubicar, pero no es lógico que sea la víctima quien tenga que irse.

En otras ciudades son apartamentos para alquiler, que con el consentimiento de sus dueños, figuran como vacíos pero están ocupados por algunos días. Otros recurren a pensiones o establecimientos rurales.

La Casa de la Mujer de Marindia es una de las organizaciones precursoras en este tipo de mecanismos. "Comenzamos a utilizar casas de veraneo no ocupadas hace 10 años. Fue por necesidad, porque el Estado no tenía forma de cubrir ese espacio", contó Mary Arias.

Lo primero que hicieron en Canelones fue una red de personas interesadas en la problemática que trabajaban, por ejemplo, en escuelas o policlínicas. Entre ellos había quienes tenían casas vacías, garajes o lugares en el campo donde la víctima podía permanecer por 24 o por 48 horas. En ese lapso, intentaban que la mujer tomara contacto con alguien de su familia o de su entorno.

Luego dejaron de utilizar esos escondites por dos motivos: algunas personas se "asustaron", y cada vez había menos casas vacías. De todos modos se las arreglan, y desde hace unos tres años cuentan con sitios donde poder resguardarlas un par de días y, cuando es necesario, las llevan lejos, con cambios de auto y de conductor de por medio.

"Dada las condiciones y la idiosincracia del lugar, donde todo el mundo se conoce, lo mejor es que sea itinerante y que la misma mujer pueda rotar. No es bueno, eso es clarísimo, pero es una cuestión de salvarle la vida", afirma Arias.

Hay otra cuestión que complica las cosas: cuando una mujer que fue escondida vuelve con el agresor. Ella ya sabía cómo procedieron, adonde la llevaron. Todo lo relacionado con ella tiene que ser descartado y en el próximo caso deben actuar con mucho más cuidado y creatividad.

"Te vas a levantar". Las mujeres que llegan a un refugio, tampoco la tienen fácil. "Les cuesta irse, dejar su casa y lo que podemos ofrecer es una alternativa complicada. Un refugio tiene características que para determinadas mujeres puede ser un contraste demasiado grande y que, a su vez, implica convivir con otras personas", opina Andrea Tuana, asistente social y directora de la ONG El Faro.

Es que esas casas, lejos de la violencia y sin distintivos a la vista, son una alternativa válida y que funciona para muchas mujeres, pero no están exentas de problemas. Personas con patologías psiquiátricas, que por su estado intentan suicidarse, que no tienen hábitos de convivencia, son algunos de las dificultades mencionadas por diversas fuentes. A Sabrina, la experiencia en los primeros momentos en que dejó su casa para ir a Ceprodhi la paralizó.

Llegué, miré todo, y pensé: "Yo de acá me voy". No conocés a nadie. Estás vacía, destruida. No tenés nada más que tus hijos. Ellos me pidieron: mamá, por favor no volvamos a casa.

Y se quedó. Porque encontró personas que la escuchaban, tranquilidad y apoyo para todo, desde hacer un trámite hasta para sostenerla cuando se angustiaba. Y de a poco, comenzó a hacer un proceso muy lento.

Día a día entrás a sentirte más tranquila. Ya nadie va a abrir la puerta y te va a pegar tres gritos y dos piñazos. Empezás a comer y a dormir de otra manera porque nadie te agrede. No tenés más miedo.

Sabrina comparte su habitación con sus tres chicos y otra madre con un bebé. Es amplia, luminosa y con un peluche arriba de su cama.

Otro de los hogares es una casa amplia, aunque poco luminosa. En un cuarto suelen dormir dos mujeres con sus pequeños.

Andrea enseña orgullosa a su bebé y muestra lo arreglada que tienen esa habitación.

Cuando yo llegué acá no servía para nada. Me la pasaba llorando. Tenés tanta depresión, estás tan dañada... Fue en mayo del año pasado. La tranquilidad que tienen hoy mis hijos no tiene precio. Y la mía ni que hablar. Yo estoy trabajando y estoy saliendo adelante. La mujer que se lo proponga también. El miedo es el peor enemigo. Te vas a dar treinta mil veces la cabeza contra la pared, pero te vas a levantar. Tenés a tus hijos, esos son tu motivo.

A media tarde, en el hogar donde está Andrea hay muchos niños y pocas madres. Ellas trabajan o estudian y sus pequeños son cuidados allí. También reciben, al igual que sus madres, alimentación y asistencia médica y psicológica.

Una de las características de los centros gestionados por Ceprodhi es acompañar a la víctima en un nuevo proyecto de vida, explica su directora, Adriana Abraham. Allí apuntan a que puedan capacitarse para luego insertarse en el mercado laboral. Por eso es clave que les cuiden a sus hijos.

Actualmente brindan cinco cursos: higiene de laboratorio, informática, costura, panadería y gastronomía y fondo de oportunidad para capacitarlas en un pequeño emprendimiento. Tienen convenio con instituciones públicas y empresas privadas para facilitar la obtención del empleo. El año pasado, entre todas las personas que se capacitaron 150 consiguieron un trabajo. Una fue Sabrina.

Me enseñaron a quererme y a valorarme de a poco para recuperarme y conseguir una estabilidad laboral, poder mantener el empleo, disfrutar de mis hijos. Trabajo en una institución para no videntes en la parte de limpieza. Formamos por intermedio de Ceprodih y del Mides una cooperativa laboral.

Andrea, en cambio, optó por conseguirse un empleo por su cuenta en una firma pesquera que le aporta un mejor salario.

Ambas mantienen contactos con los agresores. Andrea ve cada tanto a su hermano.

Hemos tenido cruces. Estamos bien así, él en su casa y yo donde estoy. Más nada. Es tal el daño que me hizo... Y yo tengo mi orgullo. Él que haga su vida y yo la mía. Él sabe lo que hizo mal y cómo me he portado yo con él.

El padre de los hijos de Sabrina no está en prisión y sigue adelante con su vida. Ella cuenta que pese a los castigos a los que la sometió, sus hijos nunca fueron blanco de sus golpes.

Nunca tuve problema con él como padre, sí como pareja. Hoy por hoy ve a mis hijos y conmigo tiene un trato mínimo, lo necesario por las criaturas. Nunca fue violento con los niños. Es un padre responsable, hace con ellos los deberes, les compra ropa o calzado si precisan.

Estos son los últimos días de Sabrina en el hogar. Después de un año allí, termina en estas horas de acomodar una vivienda y espera poder mudarse en los próximos días. Andrea, también tiene planes. Con su compañera de cuarto - "somos uña y carne", dice entre risas- van a alquilar una vivienda juntas en el correr de este año.

Qué es, cómo pedir asistencia y ayudar

QUÉ ES Constituye violencia doméstica toda acción u omisión, directa o indirecta, que por cualquier medio menoscabe, limitando ilegítimamente el libre ejercicio o goce de los derechos humanos de una persona, causada por otra con la cual tenga o haya tenido una relación de noviazgo o con la cual tenga o haya tenido una relación afectiva basada en la cohabitación y originada por parentesco, por matrimonio o por unión de hecho, según la ley 17.514

FÍSICA Patrón de conducta que dañe la integridad corporal de una persona.

EMOCIONAL Toda acción u omisión dirigida a perturbar, degradar o controlar la conducta, el comportamiento, las creencias o las decisiones de una persona, mediante la humillación, intimidación, aislamiento o cualquier otro medio que afecte la estabilidad psicológica o emocional.

SEXUAL Toda acción que imponga o induzca comportamientos sexuales a una persona mediante el uso de: fuerza, intimidación, coerción, manipulación, amenaza o cualquier otro medio que anule o limite la libertad sexual.

PATRIMONIAL Toda acción u omisión que con ilegitimidad manifiesta implique daño, pérdida, transformación, sustracción, destrucción, distracción, ocultamiento o retención de bienes, instrumentos de trabajo, documentos o recursos económicos, destinada a coaccionar la autodeterminación de otro.

PEDIR AYUDA Puede llamar al 0800-4141, de lunes durante las 24 horas y sábados y domingo de 8 a 20 horas. La llamada es gratis desde cualquier punto del país, no se requieren monedas y es anónimo: la llamada no queda registrada en la factura. Allí le darán orientación y lo guiarán a la institución recomendada, según su caso.

SI QUERÉS AYUDAR Ceprodih inaugura en estos días un nuevo refugio y precisan equipamiento. El teléfono es 915.06.50.

La Casa de la Mujer de Marindia también precisa recursos: 0376-7523.

Aquella amiga de la escuela

La mujer se había ido finalmente de su casa. No tenía adónde acudir. Se contactó con la Casa de la Mujer de Marindia y allí estaba, resguardada por unas horas, mientras intentaba dar con algún familiar que pudiera ayudarla. Su pareja había quedado detenida, pero luego le habían otorgado la libertad. Ella sabía que no iba a respetar las restricciones. Tenía que irse. En eso estaba cuando una mujer ingresó a esa ONG para pedir un teléfono y la miró: "Yo a vos te conozco. Fuimos a la escuela juntas". La víctima le contó la situación a aquella vieja conocida, quien no dudó en decirle: "Venite a casa". Y allí se quedó.

La cifra

49,6% Es el aumento de denuncias por violencia doméstica entre enero y septiembre de 2007 y el mismo período de 2006. Fueron 7.577.

Este año abren casa de "breve estadía"

Una de los problemas que hay en la atención a víctimas de violencia doméstica es que no existen sitios institucionalizados donde puedan ir por un lapso breve hasta que se contacten con alguien que las aloje o volver a su vivienda.

Durante este año el Ministerio de Desarrollo Social habilitará una "casa de breve estadía" (hasta un mes) para estos casos, que recibirá a mujeres y niños, dijo a El País la directora del Instituto Nacional de la Mujer, Carmen Beramendi. Las víctimas serán evaluadas por un equipo técnico. "Esto va a ser una experiencia piloto, que la vamos a evaluar", señaló. Añadió que la tendencia mundial es no potenciar los refugios pero sí los sitios para estadías de emergencias. "Sino las mujeres quedan fuera de sus espacios cotidianos y los hombres caminando por la calle. La tendencia es que se refuercen las medidas para que el agresor deje de agredir", afirmó Beramendi.



Futuro. Sabrina Martínez está desde hace un año en Ceprodih con sus tres hijos después de años de maltrato. Ahora tiene trabajo y próximamente su casa.
Foto: El País. 
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