DANIEL HERRERA LUSSICH
EN WASHINGTON
CORRESPONSAL PERMANENTE
Los tiempos de los contrastes se viven en Estados Unidos. Por un lado, prohíben el uso de los pantalones caídos a los jóvenes, mantienen la restricción y alzan impuestos sobre cigarrillos; llega a todos los rincones una grave crisis económica, iniciada por el derrumbe inmobiliario y los gastos de la guerra de Medio Oriente. Pero por otro, la caída del dólar a niveles históricos, inunda todo de turistas ávidos de recorridos y compras.
Es una moda que observamos durante las últimas vacaciones en Uruguay. La gente joven hace equilibrios para mantener en la cintura el pantalón caído y dejar ver la ropa interior, los que pueden de marca conocida, caminando por las calles o en la "previa", cerveza de por medio con "la barra", antes de salir a bailar.
"Es el último grito", nos dijeron ante nuestro gesto de perplejidad el llevar los vaqueros en general u otros pantalones, hasta lo más bajo que pueden, sobresaliendo un calzoncillo o una bombacha impecables. Allá en Montevideo -nos dijeron que en Argentina y España ocurre algo parecido- es aceptado por todos. Más allá de alguna crítica, hay un silencio familiar que evita las diferencias generacionales. Pero acá, ello ya se ha prohibido en varios estados, y en otros se está en camino de oficializar la restricción no sólo en locales estudiantiles sino también en lugares públicos.
Una cosa parecida ocurre con el cigarrillo; la prohibición de fumar es general en los locales públicos cerrados. Y la ordenanza se respeta "a muerte". La medida lleva con éxito un buen tiempo, pero una nueva decisión de las autoridades ha impulsado a muchos a elevar su protesta. Con idea de reforzar el menguado presupuesto destinado a la salud de la población del estado de Florida, se propuso elevar el impuesto al tabaco, nada menos que de 0.34 centavos de dólar a U$S 1,34, cuando el gravamen nacional, que también se aplica, es de U$S 1,12 promedio. Y como lógica consecuencia el precio del paquete de cigarrillos para la venta se multiplica. La queja parece ser general, pero una reciente encuesta demuestra que la opinión pública grita, pero a "sotto voce" está de acuerdo, el 79% de los consultados aprueba la resolución: ¡Favorece la política de reducir el hábito de fumar y salva la difícil situación que vive la atención de la salud!
La prohibición de "pantalones caídos", más debajo de las caderas, aprobada por el Senado estatal de Florida, no es una mera aspiración de los legisladores. Los estudiantes, después de dos advertencias de los directores o profesores, podrán ser suspendidos hasta 10 días. Pero eso no ocurre sólo en estas regiones, también en Texas (Dallas, en especial) y en Atlanta se han aprobado limitaciones similares. Se retira de clase y del local a los alumnos que violen las normas. Y los carteles, en broma y en serio, ya avisan de la nueva legislación: "¡Ajustarse los pantalones!".
En tanto, en Luisiana, la "guerra a los pantalones caídos" se extiende a los locales públicos y aplican multas de hasta 500 dólares y trabajos sociales equivalentes a 6 meses de prisión.
Sin duda, los llamados "baggy pants" estarán de moda, pero también están acosados por los congresistas ante la felicidad de los padres: el 68% se pronunció en un sondeo a favor de la reglamentación. Se atribuye el origen de esta "moda" a los principios del 90, cuando en las prisiones de jovencitos se prohibía el uso del cinturón y se usaba, por ende, los pantalones caídos.
Pero mientras unos protestan y otros festejan con las prohibiciones, la crisis inmobiliaria golpea a las familias e inversionistas en todo Estados Unidos, con preferencia en Miami, Florida , California, Nueva York. Estos estados son los más afectados por la explosión de la burbuja inmobiliaria. La construcción de viviendas cayó un 20% en los últimos doce meses y se estima que del 93% de créditos hipotecarios de alto riesgo (subprime) que ha afectado a todo el país, un 50% abarca a los de Florida. El costo de una vivienda unifamiliar ha descendido 10,7%, la caída más brusca en los últimos 20 años. El desempleo ha crecido, en cambio ha descendido notoriamente el consumo en medio del descontento de las grandes tiendas y supermercados. El auto se ha transformado en un artículo casi de lujo, el precio del galón de nafta está por las nubes y la gente se maneja en un mal transporte colectivo o se unen para ir al trabajo varios en un vehículo.
Y en medio de la crisis económica, prohibiciones, hay un sector que da los "hurras": el turístico. Miles y miles de visitantes, especialmente europeos (el euro que se inició en 0,87 con respecto al dólar hoy se cotiza a 1,56), asiáticos y algunos latinos inundan las calles y desbordan restoranes, parques de diversiones y hoteles de las ciudades más famosas, sean Nueva York, Miami, San Francisco, Las Vegas, Orlando o las que entren en el "paquete" que elaboren las agencias. Se dice que en dos meses, en el verano, llegarán millones de huéspedes y el dólar nunca estuvo tan bajo y apetecible para el turismo como en la actualidad.
Los costos de viajes de placer a Estados Unidos se sitúan en un 35% o 50% menos que un recorrido parecido en días y de hoteles similares en París, Madrid, Roma, Florencia, Venecia o Londres, y algo más bajo en la antigua Yugoslavia, Grecia o Turquía.