Un sorteo para saltar a la fama
MATÍAS CASTRO
LA FARÁNDULA
No hay límites de ninguna clase para lo que se puede hacer desde los medios de comunicación, si se reúnen las condiciones necesarias. Es solo cuestión de saber lo que vale la imagen de uno, y estar dispuesto a llegar bien lejos en los negocios y en la falta de todo tipo de criterios éticos.
Hace poco se subastó una cita con Scarlett Johansson por unos 40 mil dólares. No, no era prostitución. A pesar de lo superficial que podía verse el asunto, había un trasfondo más o menos noble que respaldaba la cosa, ya que lo recaudado iba para obras de caridad. De todas maneras, el impacto de estas cosas siempre es directamente proporcional a lo superficial de la propuesta. Cuanto más banal sea todo, más dinero rendirá y más repercutirá.
El sábado, por ejemplo se anunció que un programa de televisión le va a permitir a Paris Hilton (rubia mediática millonaria, etc.) que escoja su nuevo mejor amigo de entre 20 participantes de un reality show que vivirán en una casa. La frase que vuelve a sonar en los oídos es la de una vieja (relativamente) promoción de teléfonos celulares que decía "¡Es el celular que usa Paris Hilton!". Es inevitable pensar que es todo una gran tontería, y que de propuestas de este tenor solo puede salir gente más o menos boba.
Paris Hilton, mi nueva mejor amiga, es el título que la MTV piensa ponerle al programa. Imposible imaginar algo mejor. También imposible es imaginar algo así pero con famosos uruguayos. ¿Claudia Fernández, mi nueva mejor amiga? ¿Omar Gutiérrez, mi nuevo mejor vecino? Una propuesta así, claro está, solo funciona para muy poca gente en el mundo. Por suerte.
La pregunta que surge es si los candidatos creen realmente en la honestidad de estas propuestas. Todo hace pensar que sí, que creen en que tendrán oportunidad con Scarlett.
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