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El desplazamiento de los tanques a la frontera colombiana, días atrás, dejó en segundo plano una realidad que el presidente venezolano, Hugo Chávez, no desconoce y lo desvela: el oficialismo, el chavismo, enfrenta grandes divisiones internas.
Hay dirigentes chavistas que se atreven a espetarle al presidente: "Con todo el cariño y el respeto, mi comandante, le pido que también me respete y tenga en cuenta que yo luchaba por la revolución antes de que usted emprendiera el proceso revolucionario". Ése es el caso del diputado chavista de la Asamblea Luis Tascón, de 39 años. Tascón es tan respetado entre los seguidores de Chávez como impopular para la oposición. Saltó a la fama cuando en febrero de 2004 publicó la lista de unos cuatro millones de personas que habían firmado la petición de la oposición de convocar un referéndum para revocar a Chávez y desalojarlo del poder; la tan famosa "Lista Tascón".
Hoy en día Tascón se ha convertido en un abanderado contra la corrupción. Igual que muchos seguidores de Chávez, Tascón no acusa al presidente, pero sí a la gente de su entorno. Y en concreto a una persona: el ex vicepresidente Diosdado Cabello. Este es hoy el gobernador del Estado de Miranda, uno de los más importantes del país. Y tiene un discurso considerado "moderado"; esto es, mencionar términos como "socialismo" y "revolución" en una frecuencia apenas indispensable para ser considerado un buen chavista.
Tascón denunció un caso de corrupción en el que estaba involucrado el hermano de Cabello. Como resultado, el comité disciplinario del Partido Socialista Unificado de Venezuela (PSUV), el intento de Chávez de unificar e institucionalizar, precisamente, al chavismo, expulsó al que una vez divulgara la mencionada lista que -según la oposición- significó la pérdida de posibilidades laborales en el cada vez mayor estado venezolano por querer revocar al presidente.
Chávez acusó a Tascón de encabezar un grupo de diputados y funcionarios que componen "la derecha endógena" del oficialismo, que quiere "jugar al chavismo sin Chávez".
Las elecciones internas que celebró hace una semana el PSUV han servido para que en los diarios y foros de Internet se publiquen nombres con los miembros de las distintas corrientes del chavismo. Un total de 87.467 militantes estaban convocados para elegir entre 69 candidatos a las 15 máximas autoridades del partido. Los elegidos sólo ocuparán la dirección del partido de forma provisional, durante un año. Pero será un año clave porque dentro de ocho meses se celebrarán las elecciones para alcaldes y gobernadores. Y la dirección del partido decidirá quiénes serán sus candidatos.
En pocas palabras, en un partido que tiene inscriptos a cinco millones de personas solo votaron menos de 90 mil.
La propia formación del PSUV, luego que Chávez fuera reelecto en diciembre de 2006, tuvo y tiene fuertes resistencias entre tres de sus otrora mayores aliados políticos: el Partido Comunista de Venezuela (PCV), el sindicalista Patria Para Todos (PPT) y el izquierdista moderado Podemos; este último, prácticamente es hoy un movimiento de oposición.
Y la oposición se ve envalentonada por dos cosas: una es la derrota chavista en el referéndum del pasado diciembre (en el que proponía una reforma socialista y la posibilidad de la reelección perpetua), la primera derrota electoral del presidente en nueve años; lo otro es un escenario de descontento popular a causa de la escasez de alimentos, la inseguridad y el alza en los precios de los productos básicos.
El diario venezolano El Carabobeño publicó el viernes que la popularidad de Chávez, que llegó en su momento a rozar el 70%, se encuentra ahora en un 47%, según un estudio de la consultora Alfredo Keller y asociados.
Consciente del alboroto en sus propias filas, el propio Chávez hizo hace poco un llamamiento a la disciplina en una llamada a un programa de la televisión pública: "En los últimos meses, alentado por lo que ocurrió el 2 de diciembre (el referéndum constitucional en que perdió Chávez), se ha venido levantando la tesis del chavismo sin Chávez (...). Es una corriente absurda a estas alturas del proceso, que pretende sembrar dudas, abrir brechas, muros, divisiones. (...) La indisciplina nos ha hecho mucho daño. Hay gente que se autoproclama líder de una corriente y empiezan a hacer campaña y pasan papelitos. Yo voy a salirles al frente, a hacer una guerra interna contra la indisciplina". Nadie recogió el guante.
La guerra contra Colombia terminó antes de haber empezado. La de la indisciplina ya comenzó.