Wilson, hoy

JAVIER GARCíA

Trabajosamente, en estos veinte años que nos separan de su ida, desde diversos ámbitos se ha querido vender una imagen neutra e insípida de Wilson. Tan desdibujada quiso construirse que nadie, desde derecha o izquierda, se siente incómodo al recordarlo porque cada uno la moldea hasta el grado de servirle.

Lo han hecho con mayor dedicación aquellos que en su momento más lo persiguieron y más lo hirieron hasta dudar de sus condiciones éticas por poner al país, según decían, rehén de sus intereses personales y de su candidatura. Pocas horas después de su liberación el caudillo le decía al periodista Omar de Feo, en una cita incluida en el libro de Diego Achard "claro que precisamos conciliar, Omar, pero yo lo único que tengo es una reservita: hubiera preferido conciliar conmigo no en cana" y le recordó que su prisión estaba pactada y agregó: "lo pasado pisado, ahora a mirar para adelante, pero que no me den lecciones de ética los que violaron de la primera a la última norma ética. Yo nunca hubiera sido candidato a nada metiendo preso a mi rival."

Horas antes había pronunciado el discurso de la explanada donde podría haberse cobrado sus facturas. No lo hizo sino que aseguró la gobernabilidad del país y legitimó al gobierno electo a pesar de haber sido encarcelado para que no lo ganara él.

Respondió así con la grandeza que no tuvieron otros, sobre todo aquellos que se olvidaron de la solidaridad que de él habían recibido durante doce años, luchando por la libertad de los presos y por derrotar a la dictadura. Lejos de la neutralidad, Wilson fue un líder jugado e intransigente con los valores en los que creía. Tenía uno que lo desvelaba, que era, como buen blanco, el de la libertad. Desde Londres, en ocasión del plebiscito del 80, decía: "Cada día creo más y más fervientemente que el único problema es el problema de la libertad". Para garantizarla defendió, sin límites, el estado de Derecho y la Constitución.

Es bueno recordarlo hoy, cuando el presidente de la República la violó olvidándo- se que le está expresamente prohibido por ella, realizar actividad partidaria como la que hizo en Pasos de los Toros. Con tono irónico advirtió que se iban a enojar los "profetas del oscurantismo" por el acto. No pudo despojarse aún de aquella teoría que nos condujo al golpe de Estado y que desde su partido respaldaron, donde se menospreciaba la democracia "formal", incluyendo en ésta el respeto de las leyes y la Constitución.

La semana pasada el presidente del Directorio blanco, Jorge Larrañaga, lanzó la Fundación Wilson Ferreira Aldunate. Concurrieron los principales dirigentes de todos los partidos políticos, ministros de Estado, sindicalistas y empresarios. Convocó a la unidad, en los términos que Wilson lo hizo cuando retornó al país. Fue una propuesta para mirar el horizonte y construir el Uruguay que disfrutarán nuestros hijos y nietos. La respuesta, cinco días después, fue la de un presidente agraviando a la oposición, dividiendo al país y achicando su investidura confundiendo la presidencia con un comité. Considera enemigos a la mitad del país que también debe representar. No tiene derecho.

Wilson es hoy, como lo fue ayer, la contracara de eso: es unidad, es ley y es sentido nacional. Es la lucha, como decía él, por la libertad y sobre todo por la de aquellos que si estuvieran en nuestro lugar negarían nuestra propia libertad. Como a él se la negaron.

Es la alternativa y el Uruguay que se viene. Ese será el homenaje más glorioso.

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