GONZALO AGUIRRE RAMÍREZ
En la última sesión del Consejo de Ministros, en la que fueron investidos los nuevos secretarios de Estado, el Presidente de la República afirmó, muy suelto de cuerpo -y de lengua-, que en su gobierno no hay corruptos. Todos son una monada. Gente impoluta, como Javier Barrios Amorín, Alberto Gallinal Heber y César Batlle Pacheco, por solo nombrar a tres ciudadanos que fueron modelo y ejemplo de honestidad.
El Dr. Vázquez, claro está, restringió el alcance de su temeraria afirmación al gobierno, concepto de elástico alcance. ¿Se circunscribe al presidente y sus ministros o comprende a múltiples jerarcas de la Administración y a los electos, en lo nacional y en lo departamental, por el voto popular? Que son, entre unos y otros, casi una multitud.
Por cierto, no se animó a repetir lo que dijo en plena euforia preelectoral y que pasará a la historia como una gran engañifa al electorado:
"Los frenteamplistas podremos meter la pata pero no -o nunca- la mano en la lata". La pata, de sobra se sabe, ya la metieron muchas veces, con él al frente. Y lo seguirán haciendo, porque casi todos ellos son gente inidónea e inexperta en el arte del gobierno.
En cuanto a la mano en la lata, circula ya un libro así titulado, o en forma muy parecida, de autoría de dos periodistas de Brecha -nada "neoliberales", entonces-, que ilustra acabadamente sobre el escándalo de los casinos municipales... y "progresistas", cuyos jerarcas están procesados por graves delitos configurativos de un caso inequívoco de corrupción.
Fue de dicho semanario izquierdista que partieron las primeras denuncias sobre los casinos que continuadamente perdieron millones de dólares durante cinco años. Sus jerarcas, hoy de vacaciones en San José y Yí, fueron premiados con los máximos cargos en los Casinos del Estado y en Loterías y Quinielas, por el ministro Astori, quien los defendió siempre a capa y espada cuando la denuncia llegó a la justicia penal, presentada por su correligionario Ehrlich -¿o no lo es?- y tras ser procesados Bengoa y compañía por la Dra. Canessa.
El ministro Astori, que defiende lo indefendible en este asunto de corrupción, ¿integra o no su gobierno, señor Presidente? ¿Y qué decir de la Dra. Muñoz, que también lo integra, y del ex intendente Arana, que lo integró tres años, que consintieron y autorizaron, durante un lustro enterito, todo los desatinos -"e ainda mais"- que concluyeron, por ahora, en los referidos procesamientos?
Doy de barato la honestidad de una y de otro. Pero convengamos en que son demasiado ingenuos o demasiado tolerantes con los que metieron, al parecer, la mano en la lata.
¿Y qué decir de la tercería indebidamente deducida por un hermano de ya se sabe quién, en pedregosos asuntos de compras del Ejército, caso que también pasó a la justicia penal? ¿Y del carné de pobre del "pobre" Nicolini? ¿Y de los contratos multimillonarios adjudicados a dedo por el Intendente de Maldonado? ¿Y del negocio del tío Bartolo, perpetrado en Ancap por el hoy ministro de Industrias, por el cual, según me contó un pajarito, ya se adeudan a PDVSA 500 millones de dólares, que ésta pretende cobrar en alimentos uruguayos? ¿Y de la licitación publicitaria mal adjudicada por la ministra Muñoz a la agencia del señor Valenti y su esposa?
En todos lados se cuecen habas y en el Frente Amplio también. En todos los gobiernos suelen haber algunos corruptos y en el "progresista" también. Entonces, presidente, no "galopee", que hay "aujeros".