JOSÉ MASTANDREA
Se gana y se pierde a lo Peñarol. Y últimamente, se pierde más de lo que se gana. Por eso el hincha tira la bronca y se calienta. Por eso los insultos y por eso surge como de la nada, el grito de "Gregooooorioooo.... Gregooooriooooo".
Es así. Es la dura realidad de un Peñarol que no da pie en bola, que pega más en la herradura que en el clavo, que erra más goles de los que concreta.
Ayer, Wanderers sacó provecho de las carencias del aurinegro. Lo marcó, lo apretó, lo mortificó en el medio y lo maniató en el ataque.
Sin los goles de Franco, sin el oportunismo de Bueno, sin las maniobras incisivas de Nasa ni los pases-gol de Pacheco, Peñarol no respondió. No mostró nada de lo que había mostrado en las primeras tres fechas del Torneo Clausura.
Wanderers no hizo mucho. Pero con poco le alcanzó para ganar.
Soportó estoicamente las llegadas de los aurinegros, esas maniobras que entusiasmaron a los hinchas en el arranque del encuentro.
En el primer cuarto de hora, Peñarol tuvo tres chances claras de gol. Un cabezazo de Nasa que se fue rozando el caño izquierdo a los 5 minutos, un mano a mano del brasileño ante Sergio Martínez que el arquero envió al corner y un cabezazo de Bueno que se fue apenas desviado cuando las agujas del reloj aún no marcaban los 20`.
Ese primer tiempo fue todo del visitante. Llegó mucho y le embocó poco. Porque Román tuvo su chance y su tiro pegó en el caño derecho.
Wanderers recién gestó su primera llegada a los 38 minutos, un tiro desde afuera del área de Fagúndez que contuvo bien Salgueiro. Después tuvo otro, que el arquero aurinegro contuvo en dos tiempos. Y nada más.
Los primeros 45 minutos se fueron con un Peñarol dominando el trámite pero sin poder dar el golpe de gracia a su rival. El local lo esperó bien parado con una gran labor de su arquero y los dos zagueros.
El complemento fue diferente porque en el arranque, en el primer minuto, un centro de Pizzichillo terminó en la cabeza de Juan Alvez. El lateral anticipó ofensivamente a los defensas y anotó ante la sorpresa de todos.
Ese 1 a 0 condicionó. Peñarol buscó por todos lados pero no pudo. Le ganó la desesperación. Hubo dos jugadas muy dudosas en el área bohemia (¿penal de Britos a Nasa?), un tiro en el horizontal del "Pollo" Olivera y otras salvadas providenciales de Martínez.
La desesperación lo llevó a cambiar el libreto. Peñarol insistió por arriba donde Britos y Edgardo Martínez fueron impasables.
Peñarol ya no depende de sí mismo. Wanderers, el viejo bohemio del Prado, se vistió otra vez de verdugo. Como en el Apertura.
Las estrellas
Sergio Martínez
Fue el mejor. Gravitó en el resultado del partido. Contuvo tres mano a mano en el primer tiempo y sacó varias pelotas difíciles. Impecable.