PABLO DA SILVEIRA
Nuestro sistema educativo, se sabe, está calcado sobre el francés. A ellos debemos, por ejemplo, el sistema de "mapa escolar", es decir, la idea de que el lugar de estudio de cada alumno quede definido por el lugar de residencia. Pero nuestro amor por lo galo nos ha llevado a ser más realistas que el rey. Mientras los franceses cambian mucho, nosotros seguimos haciendo lo que ellos hacían hace un siglo.
En París, por ejemplo, el sistema de distribución de lugares en los liceos se viene haciendo desde hace años según un mecanismo más flexible que el que se aplica en Montevideo. La ciudad está dividida en cuatro grandes sectores geográficos. Los alumnos (o sus padres) pueden comunicar su preferencia por hasta cuatro establecimientos, uno de los cuales puede estar ubicado fuera del sector donde viven. Las plazas se distribuyen luego centralmente, teniendo en cuenta las preferencias expresadas.
Pero las autoridades educativas parisinas acaban de anunciar que ese sistema se modificará este año. A partir de ahora, la gente podrá manifestar entre cuatro y diez preferencias por liceos que pueden estar ubicados en cualquier parte de la ciudad. Esas preferencias serán luego ordenadas centralmente según una serie de criterios. Uno de ellos es el lugar de residencia. Otro prioriza las preferencias de los estudiantes con dificultades motrices. Otro tendrá en cuenta la escolaridad (a mejores resultados, mayor libertad de elección entre establecimientos).
La propuesta está siendo objeto de debate. Para algunos se trata de una marcha atrás, ya que el sistema anterior se había flexibilizado mucho y en los hechos otorgaba una gran libertad de elección, tanto a los usuarios como a los establecimientos. Otros creen que se trata de un progreso en términos de justicia social, porque el sistema anterior funcionaba bien para los estudiantes con buenas notas pero mal para el resto. Otros, todavía critican el afán centralizador que sigue tentando a los franceses: para poner en marcha estos cambios se desarrolló un complejo sistema informático que controlará las inscripciones en 70 establecimientos diferentes.
Las opiniones varían, pero algunas cosas están claras para todos. La primera es que la asignación de plazas escolares según lugar de residencia es injusta, porque castiga a los más pobres. La segunda, es que las preferencias de los usuarios no pueden ser ignoradas. La tercera, es que los sistemas educativos son dinámicos y hace falta introducir cambios todo el tiempo.
Francia está en un mal momento de su larga y rica historia educativa. Los resultados obtenidos por los estudiantes franceses en la reciente prueba internacional PISA son bastante peores que los obtenidos por los finlandeses, los holandeses, los alemanes y los británicos. El puntaje promedio obtenido por Francia en la prueba de ciencias es inferior al de Polonia. Seguir tomando a Francia como punto de comparación en términos de calidad educativa revela falta de actualización.
Pero hay un sentido en el que deberíamos tomarla en cuenta: los franceses, creadores del sistema educativo centralizador y estatista que los uruguayos tomamos como modelo, se consideran mucho menos obligados a conservarlo intacto, de lo que nos sentimos nosotros. Sus decisiones serán acertadas o equivocadas, pero no están paralizados por el miedo al cambio. Nosotros sí lo estamos.