HENRY SEGURA
Sorpresa. Dos universitarias convierten un ejercicio escolar en una muy recomendable película que homenajea a la música uruguaya y que se estrenará el próximo viernes. La agradable irreverencia la anticipa el título "Hit", una palabra inglesa.
Los primeros sorprendidos son los propios músicos, una docena al menos, que guardan silencio o se ríen o hacen morisquetas cuando les preguntan cómo se hace un hit, o sea, un exitazo. Cinco de esas bombas creativas que han conseguido sintonizar con la sensibilidad colectiva y permanecer en ella por encima de sus autores, son los ejes del trabajo que realizan Claudia Abend y Adriana Loeff, que con gran astucia se aprovechan de la historia para comenzar un viaje en medio de la precariedad de la memoria.
La primera canción elegida es el Río de los pájaros que en 1954 compuso Aníbal Sampayo, el músico sanducero al que cincuenta años después van a buscar a su casa. Afectado por el Alzheimer, Sampayo apenas canta el estribillo de su canción, impulsada desde la guitarra por un vecino, a la que las cineastas le otorgan un carácter fundacional. Increíblemente, la precariedad con la que el autor puede evocar a su obra se une a las dificultades que notorios músicos del presente tienen para identificarla: unos literalmente no saben de qué se trata, otros la tienen registrada como algo que forma parte de los repertorios escolares. Pocos meses después de la filmación, Sampayo falleció.
Con una frescura y un olfato que más de una vez habrá que reconocer, Abend y Loeff cortan ese horizonte dramático cuando salen al encuentro de la segunda canción, el Rompan todo o Break it All con el que Hugo y Osvaldo Fattoruso sacudieron a medio continente junto a los otros Shakers. Se sabe, los hermanos odiaban recordar aquellos años a los que una y otra vez parecían condenados a evocar aunque en tiempos más recientes rearmaron el grupo para dar un par de recitales. Esa situación es precisamente la llave para ganarles la pulseada y hablar del tema que no querían, lo que se transforma en un festival de humor.
A esa altura está claro que aparte de los solistas elegidos, las cineastas organizaron un coro más que respetable. Una y otra vez dan la palabra a Fernando Cabrera, Urbano Moraes, Jorge Drexler, Raúl Castro, los hermanos Ibarburu, Ruben Rada, Sebastián Teysera (de La Vela Puerca) y Emilio Brancciari (de No Te Va Gustar), entre varios más. Ellos son los encargados de agregar las pinceladas a un cuadro que poco a poco va adquiriendo una tonalidad colectiva, en la cual las propias canciones pasan de mano en mano y de boca en boca.
Con gran puntería apelan a una interpretación de Cabrera para iniciar la tercera búsqueda: el Príncipe azul que Eduardo Mateo y Horacio Buscaglia compusieron en la casa malvinense de este último mientras su madre cocinaba. Cuenta Buscaglia, en un registro de 2003 cuando la Banda Sinfónica Municipal incorporó el tema a un ciclo de conciertos, que su mamá terminó llorando y no por las cebollas que cortaba. Ahí el coro de la película se cierra en su convicción de que más allá de las circunstancias dramáticas en las que terminó viviendo, Mateo es un músico del futuro, alguien que se anticipó a su tiempo. Se sabe que murió en la miseria, pidiendo monedas en la calle, pero Abend y Loeff también lo recuerdan con humor, como el individuo que está tan por fuera de la realidad que en un concierto playero llamó a brindar con una bebida gaseosa cuando era su rival la que organizaba todo. Dice Buscaglia, y lo dice bien, que simplemente se trataba de un genio y evoca a su compañero cuando ya se sabía condenado por un cáncer que terminaría con su vida un par de años después.
Tiempos. Que Abend y Loeff tengan en su película testimonios como los de Sampayo y Buscaglia es producto del azar y de la búsqueda empecinada. La vida quiso que fuera su cámara la última en registrar al sanducero cantando su memorable creación y que a través de la película se devuelva un documento como el de Buscaglia que difícilmente hubiera visto la luz de las pantallas si no fuera por ellas.
También por eso habrá que agradecerles que el ejercicio escolar que iniciaron como alumnas de la Universidad Católica les llevara bastante más tiempo que el que tenían previsto. Los años de espera le han dado una recompensa histórica que emplean con gran dignidad, sin golpes bajos, y ya sabiendo que el tiempo es un factor que también juega y siempre guarda sorpresas.
¿Quién hubiera dicho que A redoblar se podía bailar en discotecas? Con seguridad ninguno de sus autores, Mauricio Ubal y Rubén Olivera, lo habían pensado en 1979. Pero en plena dictadura se les escapó un "volverá la alegría" y eso se consuma, entre otras cosas, bailando. Al dúo Omar en medio de admiraciones por las voces de Ubal y Olivera se les ocurrió samplear el tema y transportarlo al mundo de la electrónica en un trabajo admirable que repitieron con otros "tótem" históricos de la canción uruguaya. De ese cruce parte Hit para luego interpelar a sus autores en la sala del Circular. Ubal y Olivera son dos individuos muy reservados pero Abend y Loeff consiguen algo difícil de ver (y esto dicho teniendo en cuenta los treinta años que han pasado): Ubal confiesa que A redoblar fue uno de los tres o cuatro temas que terminó de hacer bajo una cortina de lágrimas.
SE VA. Si hay un episodio que reafirma el espíritu abierto y hasta genuinamente agradecido de las cineastas es el que tiene que ver con el Brindis por Pierrot que Jaime Roos magistralmente dispuso para que un solista como el Canario Luna se disparara por encima del inolvidable coro que le armaba la Falta y Resto y el propio Roos.
Es historia conocida que autor y solista se distanciaron, pero para las cineastas es un dato bastante menos relevante que la admiración que aún hoy el autor expresa hacia el murguista, al que identifica con ese tema que no incluye en su repertorio porque no hay otro Canario Luna. Tiene razón Roos porque es difícil encontrar otro Pierrot como ese Canario que una y otra vez se niega a cantar porque no se reconoce como cantante y termina agarrando la cámara para filmar a quienes fueron a filmarlo. Lo suyo es digno del mejor payaso y lo advirtió desde el mismo momento en que aceptó cantar el tema a cambio de un lechón asado y vino.
Mucho material ha quedado a la espera
Es inevitable preguntarse por qué fueron elegidas esas cinco canciones y no otras. Es imposible no pensar en ese referente ineludible de la música uruguaya que es Alfredo Zitarrosa o en el ensamble perfecto que Ruben Lena hacía con Los Olimareños. Y, por qué no, en Gardel, si se lo aprecia como uruguayo. O para no ir tan lejos en un Fernando Cabrera que desde el presente se ha vuelto un creador esencial.
Es una ligereza decir que Hit incluye a los temas más representativos de la música uruguaya de los últimos cincuenta años porque sería partir de un absolutismo que terminará dañando al film. Es de esperar que la trampa publicitaria no opaque una opción muy representativa y por ello indiscutida, a la cual se llega también en razón de un lenguaje cinematográfico.
Más allá de lo que significan individualmente, las cinco canciones elegidas terminan generando ese espíritu de celebración apuntalado en dos hechos que terminan unidos. Uno tiene que ver con la actitud honesta y nada especulativa de las realizadoras que han querido realizar su homenaje incorporando una sensibilidad distinta a esa otra proyección ofrecida por las voces del coro.
La vitalidad con que asumieron su trabajo (que incluye tramos que sus interpelados piden no sean incluidos) y la existencia de mucho material descartado, abren la posibilidad para alguna secuela.