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Daniel Day-Lewis
El gran candidato para el Oscar a mejor actor

GUILLERMO ZAPIOLA

"Qué pedacito de hombre he tenido, / qué potencia tiene / aunque sin fuerza todavía y desnudo como / una nuez sin cáscara!". Esas líneas integran el poema "The Newborn" que el poeta Cecil Day-Lewis dedicó a su hijo recién nacido en 1957.

Los aficionados al género policial recuerdan probablemente más al viejo Day-Lewis, poeta judío, irlandés y comunista, por la serie de espléndida novelas de intriga protagonizadas por el detective aficionado Nigel Strangeways que escribió con el seudónimo de Nicholas Blake (la mejor de todas, La bestia debe morir, inauguró la colección Séptimo Círculo que dirigían Borges y Bioy Casares).

Lo que nadie sabía entonces era que ese bebé "desnudo como una nuez sin cáscara" iba a crecer, se convertiría en actor, ganaría un Oscar por Mi pie izquierdo (1989) e iría en camino de ganar otro por Petróleo sangriento, película de Paul Thomas Anderson que se estrena el próximo viernes.

Es que Daniel Day-Lewis se ha afirmado con el paso de los años como uno de los talentos más personales y rigurosos de la pantalla. Todo indica que fue un chico difícil. De acuerdo a sus convicciones ideológicas, su padre lo envió a una escuela pública londinense, pero él y su segunda esposa (Jill Balcon, hija de Sir Michael Balcon, magnate de la productora cinematográfica Ealing) se alarmaron al descubrir que su hijo se dedicaba a socializar con las pandillas de delincuentes juveniles del barrio en lugar de dedicarse a estudiar. Finalmente se hartaron, y decidieron enviarlo al riguroso internado de Sevenoacks, en el condado de Kent, el colegio secular más antiguo del Reino Unido.

En recientes declaraciones a El País de Madrid, Day-Lewis reconoce que llegó a odiar el lugar. Tenía doce años, no se integraba en el ambiente de ese internado tradicional inglés, y la vocación escénica despertó en él como una vía de escape. Las clases de teatro fueron para él "un chorro de luz en un mundo que parecía, en todos los demás aspectos, sombrío, oscuro y represivo. Tenía sólo 12 años, no era una criatura muy analítica, así que no me lo cuestioné mucho. Sólo recuerdo que pensé: ésta va a ser mi vida".

En esa época interpretó su primer papel en el cine: le pagaron cinco libras por un día de trabajo, haciendo de joven revoltoso en Dos amores en conflicto (1971) de John Schlesinger, drama sobre un triángulo bisexual que protagonizaban Peter Finch y Glenda Jackson.

Siguió estudiando, pero en Bedales, donde concurría su hermana, un colegio del que tiene mejores recuerdos y en el cual se involucró más a fondo en sus dos pasiones: el teatro y la carpintería. Su padre lo vio actuar por única vez en Cuento de invierno de Shakespeare, donde encarnó al príncipe Florizel. El escritor murió de cáncer en mayo de 1972, mientras Daniel lo tomaba de la mano.

En los años siguientes, Day-Lewis se dedicó más seriamente a su vocación. En los tardíos setenta y comienzos de los ochenta trabajó para la BBC e hizo teatro, y en 1982 volvió a la pantalla grande con un pequeño papel en Gandhi de Richard Attenborough. Luego comenzaron a llegar los protagónicos: Mi bella lavandería (1985) de Stephen Frears, Un amor en Florencia (mismo año) de James Ivory, La insoportable levedad del ser (1988) de Philip Kaufman y especialmente Mi pie izquierdo (1989) de Jim Sheridan, donde encarnó al artista irlandés discapacitado Christy Brown, papel que lo lanzó a la fama y le valió (la Academia ama los papeles de discapacitado) un premio Oscar.

Volvió a trabajar con Sheridan en otros dos dramas irlandeses (En el nombre del padre, 1993; Golpe a la vida, 1997), al tiempo que se trasladaba a Hollywood, donde hizo El último de los mohicanos (1992) para Michael Mann, y se encontró con Martin Scorsese, bajo cuyas órdenes trabajó en La edad de la inocencia (1993) y Pandillas de Nueva York (2002).

En 1996 actuó en la adaptación cinematográfica de La brujas de Salem, sobre pieza teatral de Arthur Miller, que dirigió Nicholas Hytner, y probablemente entonces conoció a Rebecca, la hija del dramaturgo, quien se convirtió en su esposa, le ha dado dos hijos (ya tenía uno, de Isabelle Adjani) y lo dirigió en La balada de Jack y Rose (2005), película con la que volvió al cine luego de un retiro en el que llegó a trabajar como carpintero en Venecia.

CUIDADO. El caso de Day-Lewis es particularmente llamativo, porque se trata de un actor que no se prodiga. Debutó siendo niño en 1971, hizo algo de televisión a comienzos de los ochenta, pero ha intervenido en una veintena de películas, siempre en papeles elegidos con particular rigor y al servicio de directores importantes y/o inquietos (Sheridan, Scorsese, su actual esposa Rebecca Miller, quien es además escritora). Es posible que haya en su carrera solamente una película de la que prefiere no hablar mucho (de hecho, nadie de quien ha estado en ella quiere recordarla) llamada Eterna sonrisa de New Jersey. Fue filmada por Carlos Sorín (el de La película del rey e Historias mínimas) en Buenos Aires y otros lugares de la Argentina, y actúan entre otros Gabriela Acher, Julio De Grazia y Eduardo D`Angelo. Day-Lewis es un dentista norteamericano extraviado en la exótica Argentina.

Pero si la película de Sorín es acaso la excepción que confirma la regla, Petróleo sangriento constituye la regla. Se trata de un drama de época con ambiciones de retablo social y de epopeya basado en una novela del escritor socialista Upton Sinclair (Petróleo, que acaba de ser reeditada por Edhasa), ambientado en Texas al filo del cambio de siglo (XIX a XX), y centrado en un inescrupuloso buscador de "oro negro" que persigue enriquecerse a toda costa. El director es, una vez más, de primer nivel: Paul Thomas Anderson, el de Boogie Nights, Magnolia y Embriagado de amor. En poco tiempo, el film se ha colocado en el puesto 17 entre los mejores de la historia, según la votación de los usuarios de la popular página web Internet Movie Database.

En el mismo reportaje de El País español, Daniel Day-Lewis ha contado cómo preparó el complejo personaje de Daniel Plainwiew, el protagonista de Petróleo sangriento: "Si la acción se sitúa en un período de la historia que no es el tuyo, tienes que aprender sobre esa época, sobre cómo vivía la gente; incluso en lo más cotidiano: cómo viajaban, cómo comían, cómo vestían. En este caso específico de los buscadores de petróleo, tienes que entender qué implica esa forma de vida. Pero eso son detalles. No se tarda en absorber eso, hay mucha información disponible, desde manuales de minería hasta documentos sociológicos de la época, pasando por las cartas de los mineros a sus familias, que me parecieron fascinantes".

Había cosas más complicadas, agrega Day-Lewis: "Eran hombres que abandonaban a sus mujeres e hijos en busca de ese dinero que caería del cielo. Muchos acababan rotos por la experiencia mucho antes de que encontraran un solo signo de esa riqueza. Toda esa información está al alcance de cualquiera. Pero el trabajo principal del actor es siempre el mismo, un trabajo de imaginación. Cualquier cosa que lees, ves o escuchas estimula tu imaginación de tal manera que puedes empezar a crear ese mundo por tu cuenta. Ahí es donde está el verdadero trabajo. La imaginación está en la primera línea del inconsciente. Y es el inconsciente el que ostenta el papel más importante. Debes entregarte a la historia, y el personaje, de alguna manera, se revelará a través de ti. Suena un poco pretencioso, pero es como me gusta que sea".

El actor reconoce que se siente más cómodo en el cine que en el teatro, y duda cuando se le pregunta si volvería al escenario. "Todavía pienso en volver a hacer teatro", admite. "Pero no sé si lo haré. Pensar en ello es más fácil que hacerlo. En los ensayos de teatro resulta difícil guardarte esa parte privada para tí mismo, que yo considero esencial. Para mí, revelar de una manera honesta una vida que no es la tuya es una experiencia íntima y privada. Creo que cuanto más se habla, más te alejas de conseguirlo."

AMBIGUEDAD. Sin embargo no deja de razonar que padece una suerte de relación de amor/odio con el teatro: "También he tenido algunas de las mejores experiencias de mi vida en el teatro, así que sería una locura por mi parte despreciarlo. Mis experiencias más felices en el teatro han sido antes de haber hecho películas, cuando no había tanta expectativa. Los actores de cine que vuelven al teatro tienen un público amplio porque la gente los ha visto en la pantalla. Es un poco como un circo. Hay otra cosa del teatro, y es que está reservado a un público muy reducido. No sólo reducido en número, sino reservado a las clases medias cultivadas. No es que me parezca mal. Pero lo que me encanta de las películas es que cualquiera las puede ver".

Algunos pueden pensar que para un actor formado en la tradición clásica británica, popularizarse a través del cine norteamericano resulta una especie de herejía. Pero Day-Lewis es más inteligente que eso: "He trabajado en un buen número de películas americanas, interpretando a personajes americanos, y estoy encantado de haber tenido esa oportunidad. Deseaba intensamente hacer películas, pero en aquel tiempo estaba tan influenciado por Scorsese como por Tony Richardson, Lindsay Anderson o, por encima de todos, Ken Loach, cuya obra me ha alimentado desde que tengo memoria". El hijo del viejo poeta comunista sabe que Hollywood no es el Imperio del Mal.

El autor del libro

Upton Beall Sinclair nació en Baltimore en 1878, y falleció en New Jersey en 1968. Uno de los padres de la novela naturalista y social norteamericana ("el Zola norteamericano", se lo ha llamado), publicó en 1906 The Jungle, sobre la vida en los mataderos de Chicago, primera de sus noventa novelas. Fue productor del inacabado film de Eisenstein Que viva México. Petróleo salió en 1927. Ganó el Pulitzer en 1943.

LOS OTROS CUATRO CANDIDATOS AL OSCAR A MEJOR ACTOR

Johnny Depp

SWEENEY TODD

Es su tercera candidatura al Oscar (ya aspiró al premio por La maldición del Perla Negra y Descubriendo el País de Nunca Jamás), y es el tipo de actor inteligente y versátil a quien la Academia debería prestar atención. Y está muy bien como el barbero asesino de Sweeney Todd. Sin embargo es un año difícil. Day-Lewis es el favorito, y los otros competidores son temibles.

Tommy Lee Jones

SIN LUGAR PARA LOS DÉBILES

Uno de los grandes "duros" de Hollywood, de esos que realmente llenan pantalla: la estirpe de los Bogart, los Mitchum, los Cooper, los Wayne. Como en esos otros casos, críticos han tardado décadas en darse cuenta de lo bueno que es, y la Academia (que prefiere los fuegos de artiificio de los Brando) puede demorar todavía un poco más.

Viggo Mortensen

EASTERN PROMISES

Un actor discreto (en el más elogioso sentido del término), inteligente, de perfil bajo. La clase de intérprete que no llama la atención sobre sí mismo sino que se integra sin estridencias en un proyecto. Alguna gente se ha sorprendido que lo hayan nominado por el film de David Cronenberg. En cambio, a él lo sorprende que Cronenberg no sea candidato como mejor director.

George Clooney

MICHAEL CLAYTON

Simpático, sexy, luchador por la buenas causas (por ejemplo Darfur) ha demostrado también ser un buen director. Como actor es discreto aunque se defiende, y está bien en "Michael Clayton", pero no es para tanto. Ya le dieron un premio secundario por "Syriana". Si le dan ahora el Oscar será un premio políticamente correcto, no artístico.



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