JOSÉ MASTANDREA
Uruguay demostró que tiene armas suficientes como para encarar las Eliminatorias con fe.
Al menos, anoche la celeste sacó a relucir todo lo que se guarda para los partidos duros, como lo fue el de ayer ante Colombia.
Sin jugar bien, apeló a la actitud de sus jugadores, a la experiencia de sus hombres y a la inspiración individual de esa notable gama de jugadores que hoy integra el plantel seleccionado.
Porque Uruguay iba perdiendo 2 a 0 y no encontraba el rumbo ni el camino que llevara hasta el arco rival. Allí surgió la estrategia y la visión del entrenador. Porque Oscar Washington Tabárez movió las piezas magistralmente.
Le dio ingreso a Walter Gargano, ubicó al "Tata" González sobre la derecha, también corrió a Fucile al andarivel diestro, colocó al "Pelado" Cáceres en el fondo y a Edinson Cavani en ofensiva, justo cuando más lo necesitaba el equipo.
Los cambios, la actitud de los jugadores, la personalidad de hombres como Diego Lugano, el "Mota" Gargano y el "Loco" Abreu, hicieron el resto.
Sin un conductor en la cancha, Uruguay apeló a otras armas. Válidas, legítimas, auténticas: la lucha sin tregua y el no querer perder el invicto en el Estadio Centenario en esta nueva era del maestro Tabárez.
Después del segundo gol colombiano (a los 73 minutos de juego) pocos imaginaban que los celestes podían remontar un partido "chivo".
Sin embargo, con esa fuerza que caracterizó siempre a los equipos uruguayos, se empezó a acorralar al rival, a presionarlo, a ofenderlo por los costados y por arriba.
Uruguay tuvo lo que tenía que tener en momentos clave del partido. Y eso fue lo que lo salvó de la derrota, lo que lo sacó a flote ante un adversario que tocó la pelota, que la manejó pero que acusó la reacción de los celestes.