HORACIO VAROLI
Michael Lyford-Pike
Uruguayo de 56 años, arquitecto de profesión y docente de vocación. Hace 20 años que está radicado en Kenia. En un colegio de la capital, Nairobi, le enseña religión e inglés a niños que pertenecen a las tribus hoy enfrentadas tras las elecciones de diciembre. El estallido social que siguió a los comicios convirtió a su país de adopción en uno de los lugares más peligrosos del mundo. Sin embargo, dice no tener miedo y confía que todo terminará en poco tiempo. Aprendió, eso sí, que en Kenia la vida no vale tanto.
Luos y kikuyos se están masacrando desde hace un mes en las calles de Kenia. Mientras el país se desangra, niños de ambas tribus, y de otras, comparten el aula en la Strathmore School, de Nairobi. Ahí, un docente es uruguayo.
Se trata del arquitecto Michael Lyford-Pike, docente en esa institución, que intenta y logra una convivencia pacífica. "Hablamos mucho de perdonar y comprender", relata. Eso no es fácil en un país donde la violencia interétnica está siempre a punto de estallar, como lo hizo tras las elecciones de fines del año pasado. "Nunca en los 20 años que llevo en Kenia había visto algo así". En un mes, el estallido social causó la muerte de 1.000 personas y dejó 250 mil desplazados.
Conciso, entiende que el problema es "muy grande" y la situación es "triste". Más tajante es cuando afirma que en ese país africano "no se valora la vida humana".
La palabra clave, según él, para entender a este problema, tiene que ver con una promesa electoral: tierra.
Es lo que prometen los líderes políticos a las tribus. En Kenia, el presidente reelecto Mwai Kibaki es kikuyu, la tribu más grande del país, mientras que Raila Odinga, el opositor, es luo. Pero Odinga también hizo promesas para los kalenjin, una tribu menor pero que ha causado tremendas atrocidades este mes en el noroeste de la República. "La sociedad es mayoritariamente rural, cerca del 80%, entonces el tema de la tierra es muy importante", explica el uruguayo. "Las elecciones fueron una excusa para que estallara un problema latente desde la independencia".
Ante la denuncia de fraude electoral que hizo Odinga, estas tribus han salido a correr a los kikuyus, que históricamente -además- fueron beneficiados por los gobiernos. Si bien no usan armas de fuego, se descargan con machetes, con hachas, con palos. Y se golpean hasta morir. Se tiran piedras, prenden fuego viviendas, queman a personas vivas. No existen límites para la violencia.
Esta semana, recuerda, fue asesinado un sacerdote que recién llegaba a Kenia desde Roma. En una carretera, se topó con una barricada. Lo detuvieron y le pidieron que se identifique. Cuando vieron que era de la tribu kikuyu comenzaron a golpearlo, hasta matarlo. "Venía a ayudar a todos. Con las elecciones no tenía nada que ver. Ahí es donde uno se da cuenta de la falta de humanidad", dice el uruguayo.
Cuando el partido opositor llamó a tres días de manifestaciones (no necesariamente violentas), la mitad de los alumnos que asisten al colegio del uruguayo no fueron. "Esos días hubo que terminar las clases antes de tiempo, al mediodía", de manera que los niños estuviesen en sus casas y con sus padres antes de que comenzaran las "demostraciones" (masacres) entre tribus. "Si vemos que hay problemas por donde pasan los ómnibus, los colegios cierran al mediodía".
Muchos comerciantes han perdido sus negocios. Algunos fueron incendiados. Para los kenianos que viven de jornales, la vida ha cambiado sustancialmente. No todos pueden ir a trabajar por los enfrentamientos, y también porque varias rutas del país han sido bloqueadas. Incluso del transporte urbano. "La construcción estaba teniendo un boom en Kenia, y toda esa gente ahora está desesperada", dice Lyford-Pike.
Hasta las elecciones, el 27 de diciembre, Kenia era un país relativamente tranquilo; ahora es uno de los grandes focos de violencia en el continente.
Lyford-Pike se ha mantenido al margen de la violencia. Por suerte, dice, vive en un barrio de Nairobi bastante alejado de los disturbios de la ciudad, que revientan en los suburbios. El colegio está cerca de su residencia; allí pasa casi todo el día, hasta que regresa a la noche. Se acuesta temprano. "No tengo miedo. Yo soy una persona de fe, creo en Dios".
Compromiso hacia la paz
Representantes del Ejecutivo y del opositor Movimiento Democrático Naranja (ODM), reunidos a puerta cerrada bajo la mediación del ex secretario general de la ONU Kofi Annan, aprobaron ayer un acuerdo para el cese de la violencia, la resolución de la crisis humanitaria derivada de las protestas políticas y luchas tribales, y promover la reconciliación. El plazo para el cumplimiento de estos puntos será entre una y dos semanas, según dijo Annan tras la reunión. El plan fue anunciado después de que el actual Secretario General de las Naciones Unidas, el surcoreano Ban Ki-moon, exigiera a su llegada a Nairobi el cese de la violencia y resolución del conflicto apelando a la "responsabilidad de la clase política".