DANIEL ROSA
Puede sonar a buscar lo negativo de algo sumamente positivo, pero ¿qué hincha de Nacional no lamentó haber desperdiciado la oportunidad de haber humillado a su histórico rival? A nadie. Por eso los bolsos se fueron contentos del Centenario luego del 3-0 y la clara victoria clásica, pero no felices.
Fueron tres goles, pero quedó la sensación de que si no fueron más fue porque el propio Nacional no quiso. Incluso pintó para goleada ya a los 17`, cuando Ligüera anotó su séptimo gol en pretemporada con un impecable lanzamiento penal y Peñarol estaba perdido en la cancha. En el arranque el tricolor fue muy superior, demostrando un lógico mejor funcionamiento colectivo, pues mientras Gerardo Pelusso optó por poner a los titulares, Gustavo Matosas eligió colocar a los suplentes. Y este clásico, como el partido de Nacional ante Vaduz, dejó en claro que en el fútbol hay titulares y suplentes.
Los tricolores en todo momento dieron la sensación de estar un escalón arriba de los aurinegros en la preparación, tanto física como futbolística. Nadie puede negar que los futbolistas mirasoles corrieron, pero lo hicieron mal, sin orden. Los de Nacional, en cambio, racionaron mejor sus fuerzas porque los movimientos colectivos ya mecanizados ayudaron a cubrir mejor los espacios. Por eso no fue casualidad que las pelotas rechazadas en ambas áreas fueran a caer a pies de jugadores tricolores.
La diferencia de funcionamiento evidenciada anoche reflejó las realidades de los dos grandes. Nacional no hizo grandes incorporaciones, pero tiene un equipo formado. Peñarol trajo muy buenas individualidades, pero aún debe trabajar mucho para tener un equipo.
Mucho más evidente se hizo cuando Peñarol quedó con uno menos a los 38` por la expulsión de Alejandro González, por un patadón a Ligüera. En realidad el aurinegro debió haberse marchado antes, a los 14`, cuando Cabrera le mostró sólo amarilla por una fea falta de atrás a Fornaroli. Sin embargo, el primer tiempo finalizó 1-0 porque Nacional se tiró atrás para jugar al contragolpe. Inexplicable, porque no tenía los jugadores para eso, menos aun saliendo de un reacondicionamiento físico. El tricolor tiene laterales con vocación ofensiva, volantes de llegada y una torre como el "Chengue" en el área. Por lo tanto, debe atacar, no contragolpear. Peñarol aprovechó la situación, copó el mediocampo con Mozzo y, aun sin orden pero mucha entrega, complicó con la velocidad del "Piojo" Pérez. Pero todo terminó rápido. Apenas se reanudó el partido el "Chengue" metió un cabezazo al ángulo y liquidó el encuentro. Peñarol ya no tuvo reacción. Quedó tiempo para la genialidad de Fornaroli para el tercer gol y ver una muestra de lo que puede significar Carlos Bueno para Peñarol. Como en el campito, fue él "contra los que rajen" y estuvo cerca de anotar. De nada sirvió. Nacional comenzó el año con una contundente y merecida victoria clásica.