Paso de Rafah, Egipto - Las medidas de seguridad, la escasez de productos y hasta la lluvia han reducido hoy considerablemente el flujo de palestinos que desde hace cinco días pasan a Egipto desde la Franja de Gaza.
La ciudad egipcia de Rafah, contigua a la frontera, se había convertido hoy en un barrizal, y aunque quedan algunas tiendas abiertas, no tiene nada que ver con el frenesí comercial de hace cinco días.
La gasolina -el bien más buscado por los palestinos- ya ha se ha agotado en las estaciones de Rafah, y en los pueblos colindantes hay que esperar hasta dos horas para llenar el depósito.
El tráfico de personas podía calcularse hoy por decenas -ya no miles o cientos de los pasados días-, pese a que la Policía egipcia y la palestina desplegada a ambos lados de la frontera se limita a ordenar el tránsito pero no impide la entrada o la salida.
Lo más difícil, además de encontrar provisiones, es abandonar Rafah hacia otros lugares de Egipto, ya que la Policía ha sellado todos los accesos a esta ciudad y solo permite el tráfico normal entre ella y la frontera.
Carreteras principales y secundarias están cerradas por puestos policiales, en un aparente intento de confinar a los palestinos en Rafah y facilitar de este modo su regreso ordenado a Gaza.
Pero lo que más llama la atención es la cantidad de comercios cerrados y la falta de numerosos productos, así como el descenso de puestecillos de venta ambulante.
"Antes había mucho más surtido, pero ahora las cosas son incluso más caras que en Gaza", comenta a Efe Fadel Fadawi, llegado hoy desde Gaza con su esposa "para ver si hay algo que comprar".
"Yo me vuelvo, aquí ya no queda ni gasolina ni nada", dice otro palestino en una conversación por móvil a alguien que se encontraba al otro lado.
Precisamente la telefonía móvil, con la gasolina, es uno de los sectores que se encuentran en una alarmante ruptura de existencias.
Un comerciante de telefonía móvil identificado como Eid, ha tenido que cerrar su negocio porque el mayorista que le provee de material y de tarjetas de prepago desde El Cairo no pudo hacerle
llegar la mercancía al ver a sus camiones interceptados en el paso del Canal de Suez.
Parecida historia relatan otros comerciantes que se han quedado sin provisiones por el bloqueo del transporte en el canal de Suez, que separa la península del Sinaí del Egipto continental.
Otros comerciantes aseguran que hay instrucciones de la policía egipcia de no abrir los comercios para así quitar a los palestinos
motivos para cruzar a Egipto, ya que la mayor parte de ellos cruza para hacer acopio de provisiones.
"Hemos estado tres días en Egipto y lo hemos pasado bien. Ya hemos comprado lo que necesitamos y ahora la situación se ha vuelto
preocupante", dijo el joven palestino Hossam, ya de regreso a Gaza, en referencia a los rumores de que el cierre de la frontera es inminente.
Todavía no se ve a la Policía impedir a ningún palestino el paso de la frontera por los puntos llamados de Brasil y Salahedín, pero todos coinciden en que los agentes les impiden llegar a Al Arish
-principal población del Sinaí y punto de acceso al resto de Egipto-, donde les obligan a dar la vuelta y regresar a Gaza.
Pese a que entre los palestinos se ha corrido la voz de que no se puede llegar a Al Arish, muchos intentan hacerse pasar por egipcios
y se suben en los microbuses colectivos, donde los avispados chóferes les cobran hasta tres veces el precio de un billete.
El Gobierno egipcio no ha anunciado en ningún momento oficialmente que piensa cerrar la frontera. Su ministro de Exteriores, Ahmed Abul Gheit, dijo ayer que Egipto continuará proveyendo a los palestinos de lo que necesiten, pero todo parece indicar que la política de puertas abiertas llega ya a su fin.
EFE