Todos lloran en Toledo el trágico fin de una familia

Un verano fatal. Toledo y el Sauce están de luto por las víctimas La familia había preparado sus vacaciones para reunirse por primera vez en varios años En Durazno sería el reencuentro

CANELONES PATRICIA MANGO

La familia había salido a las 3 de la madrugada para cumplir un sueño: reunirse todos en Durazno para pasar las vacaciones. El reencuentro fue trágicamente truncado por un accidente.

La casa que compartían Javier, Daniela y Axel, el bebé de ambos, está ubicada en ruta 33, a la altura del kilómetro 21,500, en Toledo.

Decorada con numerosos carteles que indican que allí se venden lechones, corderos y mucha leña apilada a la izquierda de la portera, es imposible que pase inadvertida.

Es el barrio "Los Yuyos", que se extiende hasta un kilómetro más adelante. El negocio lo llevó a Javier a convertirse en una persona muy conocida en la zona. Alguien conocido "de toda la vida", como dicen los vecinos consultados.

Mabel vive en el terreno lindero y fue quien le vendió a los padres de Javier el solar adonde se afincó junto a su familia, y adonde continuó viviendo una vez que se casó.

"Era una pareja que siempre estaba junta", comentó ayer la mujer, mientras intentaba entender lo incomprensible. De madrugada escuchó partir la camioneta y no se asombró. "Era frecuente que Javier hiciera viajes con leña", dijo.

Si bien supo del accidente por el informativo de la mañana, confirmó en el almacén la identidad de los fallecidos. "Todavía no lo puedo creer", señala. Este comentario se repitió en cada vecino y familiar con los que habló El País.

queridos por todos. En la casa hay varios jóvenes. Uno de ellos había ingresado a trabajar en el lugar hace una semana: cuidaba los animales. "Le agradecí la oportunidad de trabajo antes que se fuera", recordó Gustavo Revetria.

Del mismo modo lo recordó Pablo. "Era muy bueno" señaló. Revetria apuntó que el grupo pensaba estar de vuelta el viernes por la tarde.

Familiares consultados intentaban ayer digerir el impacto de la terrible noticia. Damián, un primo hermano, comentó que estuvo en la casa de la pareja tres veces en los últimos tiempos: el 31 de diciembre, el día de Reyes y la noche antes del fatídico viaje.

Ayer le comunicaron la noticia telefónicamente. Con nostalgia mira hacia su moto. Axel, el chiquito fallecido, se subió en ella y le pidió que lo llevara a pasear. "Estaba empezando a hablar, era precioso", comentó con la voz entrecortada por la emoción.

La pareja y sus familiares son de la zona de "La Capilla", a unos tres kilómetros del ingreso en la ciudad de Toledo. Ayer no se hablaba de otra cosa en el barrio, de los hermanos de uno y otro, y de la forma en que el episodio afectó para siempre a ambas familias.

Todos coinciden en el carácter de trabajador y en el buen ánimo que tenía la pareja. Pese a la tristeza de haber quedado huérfano, junto a tres hermanas, a Javier lo recuerdan como un hombre de buen humor. Habían armado este viaje familiar "para ver a parientes de Daniela que él todavía no había conocido", reseñó Damián. Aprovecharon que el padre de ella estaba de licencia para poder ir todos juntos.

Un sueño largamente esperado por la familia, que quedó vencido por la tragedia.

Mientras, Toledo intentaba recomponerse del impacto y aguardan para la despedida de las víctimas. Hoy las oficinas municipales de Canelones, Sauce y Toledo permanecerán cerradas por duelo.

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