BUENOS AIRES | LA NACIÓN/GDA
La presidenta argentina Cristina Fernández de Kirchner lleva más de 10 días sin dejarse ver, desde que disfruta su veraneo presidencial en El Calafate. Sólo su marido, Néstor, se ha mostrado ante los fotógrafos y periodistas desde que llegó el 1º de enero desde Colombia, en la frustrada misión para liberar a tres rehenes de las FARC.
Cristina casi no salió a la calle. Sólo hizo una fugaz y reservada visita a su casa en Río Gallegos, mientras aguardaba la llegada de su esposo. De todos modos, se mantiene informada y dialoga con los funcionarios que quedaron en la Casa Rosada; también habló por teléfono con la enfermera argentina Pilar Bauza Moreno después de su liberación en Somalia.
Alrededor del chalet de los Kirchner todo es tranquilidad. Una tranquilidad bien vigilada.
Desde el regreso a la democracia en 1983, Cristina fue la única presidenta que se tomó vacaciones apenas asumió la magistratura de la Nación. Raúl Alfonsín, por ejemplo, se pasó todo su primer verano en el poder. Lo mismo hizo Carlos Menem cuando asumió en julio 1989: tampoco se tomó un descanso largo al verano siguiente. En el verano de 1996, el primero desde que fue reelecto, tampoco tomó licencia.
En diciembre de 1999 asumió Fernando de la Rúa, y en enero de 2000 se tomó un descanso de apenas dos días en la casa presidencial de Chapadmalal. Eduardo Duhalde, el siguiente, asumió en enero de 2002 en medio de la crisis política y económica, y no tuvo tiempo de irse a Pinamar, como acostumbraba.
Y finalmente, Néstor, pasó la Navidad de 2003 en Río Gallegos, y se tomó un fin de semana de enero. Luego volvió a su despacho en la Casa Rosada.
Ahora, con Cristina, la revista Noticias menciona que estuvo más días de vacaciones que en funciones, y dice que hubo presiones para no fotografiarla en su lugar de descanso.