MAGDALENA HERRERA
LA COLUMNA
José Ignacio se consagró como el rincón "más top, chic y de bajo perfil" de la costa Atlántica. No lo dice un uruguayo: así lo definió un periodista chileno en el diario El Mercurio. Es cierto, el balneario de pescadores vive su momento más glamoroso. Algunos veraneantes confesaban ayer que nunca habían visto tanta gente antes de Fin de Año. Como muestra, basta haberse dado una vuelta, el viernes, cuando Lacoste tiró la casa por la ventana, con fuegos artificiales y esculturales mujeres bailando en La Huella.
Punta es otro cantar. Algunos se quejan que la temporada viene floja, y algo de verdad confirman las inmobiliarias. Ahora, la movida sí que no afloja, y llega en todos los planos. Lo demostraron el Conrad con sus galas de tenis, la galería de Gustavo Tejería con impactante muestra de Figari, o Pablo Atchugarry que, además de admirable parque de esculturas, expone muestra del checo Kupka que deja boquiabierta a cualquiera. No todo es sol y mar, pero también de eso se trata. Y hasta los paradores tienen su que ver. No son sólo mesas para hacer cubiertos. Se ve buen diseño y servicio. Anteanoche, un mozo de El Tucán, en la península, habría atendido centenares, y sin embargo a las 3 de la mañana recibía con sonrisas. Punta se está profesionalizando, sin importar si es buena o mala temporada, si llueve o sale el sol, si se cortan o no los puentes. Aquí, la energía es otra. Eso es lo bueno de Punta: es la de siempre, y está tan distinta, con tanto para enamorar a todos los sentidos. En 2008 promete todavía más.