CARLOS MONTAÑO
Los hinchas de Peñarol hacen plegarias para tener un próspero año nuevo y que se le ponga punto a final a cuatro años de sufrimiento, derrotas, confrontaciones externas e internas que hirieron de gravedad al club que despierta la pasión de la mitad del país.
Señales de dicha para el 2008 no hay. Al contrario, acaba de ser transferido Nicolás Vigneri, uno de los pocos jugadores veloces y desnivelantes que tenía.
Se fue lo mejorcito y se manejan nombres por doquier. Fantasías, deseos, pero nada concreto. No se habla de lo que necesita el carbonero para ser competente en Torneo Clausura.
Otra vez Peñarol se verá condicionado a la voluntad de Casal que a sabiendas de la necesidad de Peñarol, no va a adoptar una tesitura de ayuda sino de conveniencia.