VIRGINIA DÍAZ | EL PAIS digital
Este año hubo cuatro transplantes de corazón. La cifra preocupa. La directora del Banco Nacional de Órganos y Tejidos, Inés Álvarez, explicó que disminuyó notoriamente la cantidad de intervenciones. Uno de los motivos que lleva a esta situación, enfatizó, es la disminución del número de donantes.
"El transplante puede ofrecer vida cuando hay vida para ofrecer", aseguró Nicolás Russo, coordinador del Instituto de Cirugía Cardíaca de Casa de Galicia. Ambos médicos recalcaron que los cardiólogos derivan a los pacientes a un transplante cuando están próximos a su muerte y en ese momento es muy difícil poder revertir la situación.
Una intervención de este tipo es compleja pero a veces la única salida ante la muerte. Durante doce años, Carlos Oses caminaba una cuadra y tenía que parar dos o tres veces porque estaba fatigado. Tenía una cardiopatía severa. En ese tiempo sufrió cuatro paros cardíacos. Oses fue una de las 14 personas transplantadas en el año 2000. Hoy, a siete años de la operación nadie puede creer haya estado entre la vida y la muerte.
No siempre existe un donante cuando se lo necesita. Oses estaba en lista de espera, del Banco de Órganos, en el segundo lugar. Una persona estaba esperando un corazón antes que él, sin embargo el órgano no era compatible y Oses tomó su lugar.
Cuando una persona fallece es donante potencial pero no todos los corazones son seleccionados como donantes. Se realiza una valoración previa, dijo Álvarez, tienen que mantener la capacidad de contraerse por sí solo y no padecer ninguna enfermedad coronaria. Además, el donante tiene que tener menos de 45 años en general salvo si se presenta alguna situación de emergencia y el peso entre el donador y el receptor debe de ser similar.
Un corazón pequeño bombea menos litros de sangre por minuto. Si se transplanta un órgano más chico que al que tenía, no va a ser suficiente para abastecer al organismo, explicó la directora del BNOT.
A pesar de la baja en el número de transplantes, los resultados son alentadores. La mortalidad operatoria no llega al diez por ciento y a diez años el 60 por ciento de los transplantados continúa con vida. Los porcentajes tanto dentro y fuera del quirófano son similares a los de España, señaló Russo.
En el mundo, según un informe de 1995 de la International Society of Hearth and Lung Transplantation, la sobrevida del transplante cardíaco al primer año era de un 76 por ciento y aumentaba un cuatro por ciento la mortalidad a cada año de evolución. En los últimos años, los resultaron mejoraron con un 81 por ciento de sobrevida al primer año y un 73 por ciento al tercero.
En general, los candidatos para un transplante son aquellos que puedan mejorar sustancialmente su vida y tengan una aceptable expectativa y calidad de vida. El Fondo Nacional de Recursos establece como edad máxima para el transplante los 60 años, aunque puede haber excepciones.
Aquellas personas que padecen una infección activa, son drogadictos o alcohólicos o padecen enfermedades crónicas degenerativas, problemas psicosociales como analfabetismo o esquizofrenia u son personas obesas. Mientras que pacientes con insuficiencia renal o diabetes se analiza el caso.
Luego de un transplante, se requiere medicación inmunodepresora de por vida para que el cuerpo no rechace el órgano ajeno.
Las intervenciones quirúrgicas de este tipo están financiadas por el Fondo Nacional de Recursos y el Banco Nacional de Órganos y Tejidos y son desarrolladas en Institutos de Medicina Altamente Especializada (IMAE). Un equipo multidisciplinario es quien lleva adelante la tarea y el seguimiento del paciente luego de la intervención. Cuentan con médicos, psicólogos, técnicos, administrativos, entre otros.