Un cadáver caído de espaldas

CARLOS MAGGI

En 1972, Estados Unidos atacó a Vietnam despiadadamente (murieron más de dos millones de civiles cuando la invasión americana; y aún hay aldeas donde se tratan los niños con malformaciones debidas a los venenos que los invasores regaron en su territorio). Y sin embargo, Vietnam firmó un TLC con EE.UU. y así multiplicó sus exportaciones por ocho. Cada país, grande o chico, que se abre al mundo, mejora su economía. Sin la Reforma inevitable, ningún país ha conseguido prosperidad.

Pero el reciente Congreso del Frente Amplio (reunido el pasado fin de semana) volvió a decirle que no, a su propio gobierno. No habrá Tratado de Libre Comercio con EE.UU., ni reforma del Estado, ni tendrá este país el bienestar que pudo haber alcanzado. No hay peor cuña que la del mismo palo.

Este fenómeno suicida de la izquierda, que en buena parte sigue añorando el estalinismo y la guerra fría, no es cosa propia del Uruguay; es un capítulo más dentro de la reiterada historia universal. Hay que oír a los pensadores de izquierda para comprobarlo.

Cuando Jospin fue derrotado y humillado en Francia por el reaccionario Jean Marie Le Pen, el socialista más famoso, Alain Touraine, le pegó en el suelo a quien había votado; escribió:

- "El doble juego ha terminado" -y nunca más se supo del señor Jospin.

José Saramago, premio Nobel 1958, afiliado al Partido Comunista Portugués, un escritor dulce y sereno, dijo en junio de este año:

-"Ya no hay gobiernos socialistas, aunque se llamen así los partidos que están en el poder". "Antes gustaba decir que la derecha era estúpida. Pues tengo que decir que hoy, no conozco nada más estúpido que la izquierda".

"A los ciudadanos no les queda otra solución como no sea: despreciar a quienes nos gobiernan y nos engañan todos los días."

Roberto Salinas observa:

-Los términos "derecha" e "izquierda" representan las palabras más desafortunadas en el vocabulario contemporáneo. Ser de "derecha" es malo, ser de la "ultraderecha" es infernal. Ser de izquierda significaba, en un momento, amor, tolerancia, paz y progreso. Hoy a partir de las intolerancias mesiánicas del nuevo populismo, se ha hecho necesario diferenciar entre la izquierda "buena" y la izquierda "mala."

César di Candia me contó que durante la guerra civil española, un comandante mandó silenciar un nido de ametralladoras que les causaba mucho daño; y que un soldado levantó la mano y dijo:

-Compañero: vamos a ver qué decidimos -y se hizo una pausa- y cada uno de los integrantes del pelotón participó en un debate libre, hasta que los franquistas colocaron otra ametralladora en mejor posición y con la primera ráfaga mataron a cuatro. Tuvieron que replegarse entre dos fuegos, con grandes pérdidas. Di Candia comenta:

-Eran increíbles. Se negaban a ponerse uniforme, entendían que era una obligación burguesa.

¿Qué cosa que no se parezca a este paso de comedia trágica, está pasando aquí? El gobierno es gobernado por muchas fuerzas incomprensibles. Cada partido de la coalición (y son doce) decide por su lado, tiene sus autoridades y sus manías. Consecuencia obligada, el Presidente tiene el poder y no puede. Un gobierno débil es un gobierno malo.

A las complicadas trabas que el funcionamiento de una democracia le impone a sus mandatarios, el Frente le agrega un factor disolvente; no alcanza con cortar el cordón umbilical (como avisó el candidato Tabaré Vázquez;) hay un Programa que manda y el Programa consiste en dejar todo como está, menos una cosa: la posibilidad gremial de sacar ventajitas, que es una posibilidad renovable. El bien común no tiene fuerza corporativa y por consiguiente, cuenta muy poco en el reparto programado.

Pienso con grave preocupación, que un vacío de poder engendra ansias de tener un gobierno fuerte (que con facilidad… puede virar y convertirse en un gobierno autoritario).

Una nota cargada de inteligencia, publicada por La Nación de Buenos Aires (13/12/07), cuenta un diálogo político con Bernard-Henri Levy, un joven filósofo, el más famoso de su generación; un izquierdista a muerte y muy desilusionado. Publicó un libro titulado con una frase del desiluso mayor, Jean Paul Sartre: Ce grand cadavre tombé ala renverse ("Ese gran cadáver caído de espaldas").

BHL dice:

-"Es verdad: la izquierda rompió con la versión clásica, la tentación totalitaria, "el social-comunismo". Pero de esas ruinas creció otra tentación totalitaria que ya no se inspira en la extrema izquierda, sino en la derecha, incluso en la extrema derecha". "La izquierda está enferma. Es víctima de su fascinación … de su antinorteamericanismo, de su antiliberalismo, de su antisemitismo, de su fasci-islamismo…" "En lo que atañe al liberalismo, conviene recordar que el liberalismo es patrimonio de la izquierda. El liberalismo es Jacobo Rousseau y su contrato social, Adam Smith o John Locke. Como diría Benedetto Croce, es necesario distinguir entre liberalismo y liberismo. El verdadero liberalismo nunca defendió la ley de la jungla o el mercado no regulado. El liberalismo exige reglas, pactos, obligaciones que enmarcan la relación de las fuerzas económicas. El liberalismo no es el mercado, es el contrato". "En Francia tenemos cantidad de cretinos que dicen que la nación, la seguridad, la bandera y Juana de Arco -conceptos reivindicados por la derecha- pertenecen también al patrimonio de la izquierda. Pero, entonces, ¿cómo es posible que, tratándose de algo tan importante como el liberalismo, no hagan el mismo trabajo? ¿Que no sean capaces de distinguir entre Silvio Berlusconi y las tres revoluciones fundadoras del modernismo (la inglesa, la norteamericana y la francesa)?

Hacer ese trabajo es competencia de una izquierda crítica. Criticar quiere decir separar lo bueno de lo malo. Pero la izquierda radical, aquellos que apoyan a Hugo Chávez y a Evo Morales, se declaran antiliberales, no anti-ultraliberales. La verdad es que hay algo en la idea misma de libertad que les da miedo y que detestan. Ese miedo fue el que produjo a Castro ayer y a Chávez hoy". (Hasta aquí, BHL).

Pienso que al idioma francés le falta una palabra. Por eso BHL no puede calificar a los zurdos antinorteamericanos, antiliberales.

El peligro que impone la izquierda cuadrada, no son las ideas económicas; lo prueban China y Vietnam; y el primer gobierno de Romano Prodi en Italia y el libro de su ministro, Máximo D´Alema. Hay muchos que son comunistas y no son zonzos. El peligro de la izquierda del Uruguay no viene pues de la vetusta doctrina de Marx que está en jirones, viene de la cursilería ambiente, que es mayoritaria dentro del Frente Amplio. La realidad les parece falsa, porque su sentimiento es cursi, vale decir: no auténtico. Y "cursi" no tiene traducción al francés.

Ningún izquierdista antiliberal perdería "SU" dinero a cambio de despreciar a EE.UU.; pero exigen que el país renuncie a su prosperidad, con tal de satisfacer una emoción fingida. Porque esos ciudadanos no van a cambiar su modo de ser, resulta que el Frente Amplio no puede gobernar atendiendo al bien común. Las resoluciones de su reciente Congreso, marcadamente recesivo, son prueba de lo que estoy diciendo.

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