ANA PAIS
Unos 50 niños, mujeres y hombres aguardaban detrás de la cinta policial en la calle Laureano Tarán de Nuevo Capra. Tatiana Coitiño, de 2 años, apareció muerta en un pozo negro a dos casas de la suya, tras dos días desaparecida.
Mientras la Policía (en especial la Técnica) y Bomberos trabajaban en el lugar, los vecinos hablaban bajito sobre la tragedia, esperando que retiraran el cuerpo de la pequeña.
No fueron los perros adiestrados quienes la encontraron dentro de una cámara séptica. Tampoco los policías a cargo del operativo o la gente del barrio que se solidarizó con la familia. Fue Carlitos, un niño de 9 años que tuvo un sueño.
Ayer de mañana se despertó y fue a la fiesta de fin de clases de la escuela. Cuando volvía a su casa decidió pasar por el lugar donde había "visto" a Tatiana mientras dormía: una casa en venta a media cuadra de la suya. Abrió la tapa del pozo y vio lo que en el momento pensó que era una muñeca.
Carlitos contó la historia brevemente desde la camioneta policial que lo llevó a declarar junto a su abuela. Algunos amigos que estaban en el lugar dijeron que él les había contado de su "pesadilla" en la escuela y que pensaba ir a fijarse.
En un principio, todo hacía pensar que había sido un asesinato. El pozo negro tenía puesta la tapa, y encima de esta había una maceta.
De hecho, el día anterior la Policía había revisado el agujero, porque está a menos de 10 metros del último punto donde habían visto a la pequeña jugando con su hermana de 5 años. Y no había nada.
Sin embargo, al transcurrir la mañana surgió un nuevo dato. Leonardo, un niño de 10 años que vive entre la familia Coitiño y la casa desocupada, contó a algunos de los que estaban en el lugar que el día anterior él había notado que la tapa estaba mal puesta. Entonces la colocó y le puso una maceta encima para dejarla más firme.
Felipe, el padre, se agarró la cabeza. En seguida se acercó a un policía y le explicó la situación. Minutos después le pidieron a Leonardo que explicara su versión en la propia escena y más adelante se lo llevaron con el papá para tomarle declaraciones.
Procedimiento. Luego de que Bomberos retiró el cuerpo de Tatiana del pozo de unos cinco metros de profundidad, éste permaneció en el piso por casi una hora.
Pero, como la casa está bordeada por una línea densa de árboles, apenas era posible ver el cadáver del lado de la calle donde estaban los periodistas y unos 10 niños y adolescentes indiscretos.
Cuando cargaron el cuerpo para ponerlo en la camioneta policial, varios de los más chicos se impactaron: la bebota tenía sólo una parte del cuerpo tapado por la bolsa negra. Se veía que tenía los pañales puestos y una remerita blanca.
El vehículo salió por el lado donde se acumulaba más gente. La tía y la abuela salieron corriendo detrás suyo por media cuadra, incluso después de que se les salieran las chancletas. Luego frenaron y lloraron con otros amigos y familiares.
"El próximo paso es llevar el cuerpo a la morgue y realizarle la autopsia. Es muy pronto para sacar conclusiones, hay que esperar a ver los resultados", dijo la jueza a cargo del caso, Aída Vera. El forense determinará, por ejemplo, si fue agredida o ultrajada.
También informó que la madre, los niños y otros vecinos están siendo indagados para recabar toda la información posible. Por el momento, no descartan ninguna hipótesis.
Contexto. Según explicaron los vecinos, la familia Coitiño es muy humilde. La madre de la niña no tenía trabajo fijo y el padre limpiaba vidrios en los semáforos o hacía otras changas. Muchas veces pedían comida en el barrio.
Tatiana y su hermana solían estar en la calle. Algunos dicen que estaban descuidadas, otros dicen que su madre era muy protectora. Lo cierto es que en el último lugar donde vieron a la más pequeña fue casi en frente de su casa, al borde de la cuneta, jugando junto a su hermana y otra niña solas.
En un principio se sospechó que el padre biológico de Tatiana se la llevara, pero la hipótesis quedó descartada luego de que él demostró que estuvo en Colón todo el día.
Nuevo Capra, por otra parte, es un asentamiento un tanto excepcional. El predio fue comprado por las familias del lugar a U$S 60.000. Lo juntaron durante dos años en una cuenta corriente en el Banco República, en la que cada uno puso $ 2.500. Las parcelas fueron repartidas por igual: 250 metros cuadrados para cada uno.
Hoy viven 700 familias. Hace tres años, el último censo registró a 3.559 personas, de las cuales el 28% son menores de 19 años. El barrio es motivo de orgullo de sus habitantes porque casi no se registran delitos.
Tres accidentes en una semana
David Villalba
2 años. San José.
El 28 de setiembre, David desapareció de una fiesta infantil que se realizó a pocos metros del río San José. La Policía seguía como una línea de investigación un eventual rapto del niño. El 3 de octubre, sin embargo, los tripulantes de una de las embarcaciones del destacamento local de Bomberos hallaron el cuerpo sin vida del pequeño en el río. Tras la autopsia ordenada por la jueza actuante se confirmó la muerte por "asfixia por inmersión".
Agustín Amarillo
8 años. Puntas de manga.
Agustín murió aplastado por el caño de una obra vial en Puntas de Manga, el 1° de octubre de este año. El niño jugaba frente a la puerta de su casa montado en un caño de hormigón que esperaba ser colocado en una zanja. El caño estaba sin apuntalar. Rodó y cayó encima suyo. "Mi padrastro intentó sacarlo pero no pudo. El caño pesa unos 100 kilos", contó en su momento Paola, tía de Agustín (foto).
El niño del pozo
Carrasco Norte.
Gladys caminaba por Emilio Ravignani y Cánovas del Castillo el 2 de octubre, cuando escuchó que un niño decía: "No puedo salir del pozo". En ese entonces, la Intendencia realizaba una reparación en un colector que está a 5 metros de profundidad, por lo que el "pozo" medía entre 6 y 7 metros hacia abajo. La mujer pidió ayuda y un vecino trajo una manguera. Le dijeron al niño que se atara y entre varios lo sacaron ileso.
En verano el riesgo es mayor
Los accidentes son la principal causa de muerte entre los niños uruguayos. Y como en las vacaciones el número aumenta, enero y febrero son los meses de mayor siniestralidad. Además, durante el fin de semana se produce la cuarta parte de los accidentes domésticos.
Según un estudio sobre la prevalencia de accidentes no fatales en niños internados en el Hospital Pereira Rossell, entre los motivos de lesiones, la más recurrente son las caídas con el 51%, siguiéndole las quemaduras con 11,7% y las caídas en bicicleta en un 6,7%. Las localizaciones más frecuentes de dichas lesiones son los miembros inferiores (27,8%), la cara (24,1%) y la cabeza (20,4%).
En el momento del accidente, el 36,2% de los niños realizaban actividades recreativas, mientras que el 25,9% eran personales (bañándose, comiendo, etc.).