"La dirección es una dictadura"

Hace un año que Federico García Vigil se alejó por decisión propia del podio de la Orquesta Filarmónica de Montevideo. Es tiempo de reflexión, pero no de descanso. El músico sigue activo, dirigiendo tanto en América como Europa y compone, algo que quería hacer desde hacía mucho tiempo y las obligaciones de su cargo se lo impedían.

2007-12-13 00:00:00 500x500

FERNANDO MANFREDI

Se lo ve tranquilo, distendido, en buena relación consigo mismo, en el momento en que sale a la venta el libro Federico su "biografía autorizada". Esta publicación de la productora Terare, fue escrita por Luis Fernando Iglesias con la colaboración de la periodista Alejandra Volpi. Es muy claro, que esta suerte de catarsis que representa para García Vigil haber mirado hacia atrás, le ha servido para adquirir una dimensión más objetiva de sí mismo y poner las cosas en su lugar. Charlar con él sobre el libro se convierte en un verdadero placer, porque no sólo arroja luz sobre el personaje, sino que también acerca al ser humano y, lo que es más importante, a su entorno y su tiempo. Porque en ese sentido, Federico García Vigil, y por otras circunstancias, ha sido testigo privilegiado de muchos de los cambios a nivel local y continental de la segunda mitad del siglo XX.

Y no sólo en materia de música clásica, el tema excluyente de sus años más recientes en lo profesional. Porque la incursión del director de orquesta dentro de la música popular es tan rica y testimonial como lo es su actividad en las salas de concierto y los teatros de ópera. Pocos pueden darse el lujo de recordar la génesis de los grandes movimientos musicales del Uruguay.

Exitoso como compositor de música incidental para el teatro, García Vigil, es ciertamente un referente de la cultura uruguaya. Su visión, enriquecida por la experiencia, decantada por los dolores y las frustraciones, sublimada por la sabiduría impuesta por los años, arroja luz sobre muchos hechos que la sociedad y el mundo han vivido y permiten ver muchas cosas que han pasado desde un ángulo distinto. Para él es simplemente un alto en el camino, simplemente para reposar y seguir adelante.

- ¿Fue duro revivir algunos momentos dolorosos de su vida?

- Desde un primer momento quedó claro que nada quedaría afuera de la historia y esto implica los momentos buenos y los malos. La luz y la oscuridad. Si uno es lo que es hoy, es producto de todas esas cosas. Sucedieron y son pasado. El libro me ayudó mucho a ver cosas que cuestionaba de mi vida desde una perspectiva distante y desapasionada. Soy un ex alcohólico que hace 22 años que no bebe una gota. El alcoholismo es una enfermedad, muy complicada porque es incurable. No hago terapia, leo mucho, me manejo aceptando la realidad y nunca evadiéndola. Si aparece un problema, procuro darle realmente la dimensión que tiene y trato de resolverlo. He recuperado mi vida de la forma que puede recuperarla alguien que ha perdido algo tan valioso como un hijo. Nunca llegaré a aceptarlo, pero no puedo ocultar que sucedió. Yo le recomendaría a las personas que hicieran este ejercicio a esta altura de la vida. A mí me ha servido para perdonar y perdonarme muchas cosas. La distancia también permite dar la justa dimensión a las cosas, hechos o situaciones que parecían tremendos resultan no serlo tanto.

- No sé si le ha pasado con otros, pero leyendo el libro se vuelve irresistible plantearse qué hubiera sucedido con Federico García Vigil en otras circunstancias.

- Es cierto yo siempre sostengo que en la vida no hay casualidades sino causalidades. La temprana muerte de mi padre y la posterior muerte de mi madre incidieron para que yo definiera una carrera en detrimento de otra (la medicina fue una meta en un primer momento). Aunque en mi familia la música ocupaba un lugar preponderante, a nadie se le hubiera ocurrido pensar que yo pudiera vivir de ella. Creo haber tenido la suerte de estar en el lugar y el momento justos para algunos logros de mi vida. Pero esa sensación de encadenamiento a la que apuntas es muy clara y sólo hubiera bastado alterar algún elemento para que el resultado fuera totalmente distinto.

- ¿Costó mucho tomar la decisión de abandonar la dirección estable de la Filarmónica?

- Honestamente no. Fue algo meditado con mucha tranqui-lidad. En Internet yo observaba cuánto tiempo los grandes maestros habían estado al frente de una orquesta. Karajan, Fürwangler, Muti, 12 , 15 años a lo sumo. ¡Yo había alcanzado los 20 años de actividad ininterrumpida! Y en todo ese tiempo no había tenido un roce o algún enfrentamiento con los músicos. Los proyectos se habían concretado en la realidad, todo había fluido sin inconvenientes. Era hora de salirse del camino. Por otra parte me encontraba en la situación administrativa ideal para jubilarme como "funcionario", de modo que juzgué que había llegado el momento.

- ¿Es difícil estar en el podio, luego de haber ocupado por mucho tiempo un atril en la orquesta?

- Es algo totalmente distinto. Yo nunca me sentí incómodo formando la masa orquestal. Muchos músicos se sienten mal con eso y esperan siempre trascender en su posición. Yo tuve la suerte de formar en la fila de los contrabajos, son instrumentos importantes pero no tocan siempre. Eso me dio la posibilidad de observar a los demás integrantes de la orquesta y a los directores, sus métodos de trabajo, su filosofía, su psicología. Esto me sirvió el día que emprendí la tarea de subirme al podio. Desgraciadamente, la dirección orquestal es una dictadura. Uno tiene que "imponer" su visión musical a un centenar de personas que pueden pensar diametralmente distinto de lo que uno piensa. Lo maravilloso de esta profesión es que cuando logras que todos ellos coincidan contigo y además lo disfruten, la experiencia en ese momento trasciende al público y es cuando se dan esos hechos artísticos que no se borran más de la memoria. La experiencia de dirigir es algo extraordinario, es persuadir, convencer y también tiene mucho de divertido cuando aprendes las "trampas" que tienen los músicos o cuando descubres que los mismos personajes se repiten de orquesta en orquesta, independientemente del país en donde estés. Así con sólo una mirada puedes comprobar cuál es el belicoso, quién es el más tranquilo o el más minucioso, quién te la va a hacer difícil y quién te la va a facilitar. Otra de las cosas que aprendí en el podio es a ser muy cuidadoso con la actitud frente a los músicos. Al principio siguiendo un poco de lo que veía en mi maestro, Simón Blech, apelaba a la ironía hasta que me di cuenta que había personas que se sentían profundamente heridas por eso. A partir de allí he tomado una actitud más conciliadora y abierta, independientemente de lo que exija a los músicos.

-¿Cómo se define cuando ocupa la dirección?

- Soy muy efusivo, muy bailarín, disfruto mucho de la obra que tengo entre manos. Trato de comunicar esa alegría y ese gozo y me reconozco como un obsesivo de los contrastes. No me gustan las orquestas que no tienen dinámica. Mi objetivo es conmover al auditorio. Una cosa es el liderazgo, el poder absoluto y otra es la forma en que el mismo se emplea. El poder por el poder mismo no tiene objetivo.

- ¿Cuánto ha tenido que ver en su carrera la presencia de una compañera como Olga Bérgolo con quien ha estado unido por tantos años?

- Ella ha estado presente en los momentos más importantes de mi vida. Siempre ha sido el apoyo y la contención necesaria y suficiente para que yo pudiera concretar mis "locuras". Su experiencia como bailarina, fue gravitante: fijate que ella ha bailado con personalidades como Margot Fontein o estudiado con Nureyev. Yo mismo la vi salir del estudio en París junto al gran bailarín ruso. Siento que gran parte de lo que soy lo debo a ella.

- El libro tiene muchas anécdotas y pequeños relatos de todo tipo. ¿Cuál de ellos se aproxima más al verdadero García Vigil?

- Pienso que todos, o ninguno. A esta altura yo rescato este tiempo que ahora estoy viviendo. Necesito ser una persona no tan pública, me encanta poder hacer lo que hace cualquiera todos los días. Ser dueño de mi espacio y de mi tiempo. Poder hacer las cosas que me gustan y cuando se me antojen sin urgencias y sin compromisos es tal vez lo que más me importa y me hace feliz.

Pantallazos de una vida gobernada por la música

En 1956 en el Hot Club de Montevideo, Federico García Vigil tuvo su primera aproximación con el contrabajo. Fue Paco Mañosa quien lo inició en los secretos del instrumento. Aquel castigado contrabajo sin embargo tenía tres cuerdas: recién se pudo comprar su primer bajo luego de vender un saxo que había comprado para tomar clases con el famosísimo Leandro "Gato" Barbieri.

Cuando muere la madre de Federico, éste acepta viajar a Cuba en 1961 para tocar en la Sinfónica de La Habana. Estuvo allí por cuatro años. Conoció al Che con quien jugó al ajedrez y perdió, a Nicolás Guillén y Alejo Carpentier. Formó el trío Montevideo con Pablo Milanés y Federico Britos y un cuarteto junto a Britos, Paquito D`Rivera y Chuco Valdés en el piano.

Federico García Vigil se sintió impactado por la personalidad de Simón Blech y quiso ser su alumno en dirección. El conductor polaco-argentino lo aceptó finalmente como alumno: "Él me hizo comprender que para dirigir una obra hay que estudiar al compositor y su tiempo, después abordarlo como personaje. Cuando tienes todos esos conocimientos -señalaba- estás apto para pararte en el podio con total tranquilidad. Tu conocimiento sobre la obra es muy superior al de los músicos que están ahí abajo. Ellos lo saben y aceptan tu liderazgo".

El músico entendió que la Filarmónica era la orquesta de la Ciudad de Montevideo y la música que más define a esta ciudad es el tango. Por eso lo incluyó en su repertorio. El espectáculo "Galas de Tango" fue todo un éxito que se paseó además de por toda la ciudad, por el Uruguay entero. Tanto fue el suceso, que en 2002 la Filarmónica emprendió una gira que llevó el ritmo del tango a las pirámides.

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