JUAN ORIBE STEMMER
Irán aún no dispone de armas nucleares. Las discrepancias comienzan cuando se trata de determinar hasta qué punto ha avanzado en el camino para conseguirlas. Existen dudas -que, a veces, parecerían ser atizadas por el actual gobierno- acerca del cumplimiento por este país de las medidas de control y salvaguarda en el Tratado no proliferación nuclear.
Más de 170 países son parte del Tratado de no proliferación nuclear que procura mantener un equilibrio entre dos prioridades: preservar el derecho inalienable de todos los países de desarrollar la investigación, producción y utilización de la energía nuclear con fines pacíficos y sin discriminación, y evitar que la energía nuclear producida con fines pacíficos sea derivada a usos militares.
Con ese fin, los Estados que en el momento de suscribir el Tratado no disponen de armas nucleares, se comprometen a suscribir un acuerdo de salvaguardias con la Agencia Internacional de la Energía Atómica (AIEA) para permitir la verificación del cumplimiento de sus obligaciones.
Estos mecanismos son un elemento fundamental para asegurar la transparencia de los programas nucleares y mantener la confianza y seguridad internacional.
Hace un año, el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, por unanimidad, le exigió a Irán que suspendiese todas las actividades de enriquecimiento y reprocesamiento de uranio para la producción de armas nucleares.
La Resolución fue adoptada invocando el artículo 41 del Capítulo VII de la Carta, sobre las medidas para hacer efectivas las decisiones del Consejo que no signifiquen el uso de la fuerza armada.
El Consejo también designó a la AIEA como la encargada de supervisar el acatamiento por Irán de la Resolución del Consejo.
El presidente Bush se ha inclinado por la peor interpretación posible de la actitud de Irán, de no cooperar totalmente con la AIEA. Sus advertencias, en algunos casos, parecen amenazas más o menos veladas de una intervención militar (como si no alcanzara con Afganistán e Irak).
Incluso después de haberse dado a conocer el estudio del Consejo Nacional de Inteligencia, el presidente declaró que "Irán fue peligroso, Irán es peligroso e Irán será peligroso si detenta los conocimientos necesarios para fabricar un arma nuclear".
Sin embargo, el estudio elaborado por el Consejo Nacional de Inteligencia de los Estados Unidos no justifica en absoluto aquella actitud.
El documento concluye, "con un alto nivel de confianza", que agencias militares del gobierno de Irán trabajaron en el desarrollo de armas nucleares hasta el año 2003.
Sin embargo, el estudio opina con un "alto nivel de confianza" que Irán suspendió su programa de armas nucleares en el año 2003; estima con un "nivel moderado de confianza" que no ha reiniciado su programa de armas nucleares, lo que sugiere que está menos determinado a embarcarse en una empresa de esta naturaleza en el futuro; y establece "con un nivel moderado a alto de confianza" que Irán actualmente no posee un arma nuclear.
La presión internacional parece haber convencido a Irán de suspender su programa nuclear militar. Ahora, la posición del presidente Bush crea dos riesgos: primero, que los Estados Unidos queden aislados en una posición extrema; y, segundo, que su actitud termine por fortalecer al actual presidente iraní frente al electorado de su país.