Defensor es el campeón

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El País

EDWARD PIÑÓN

"¡Teca!, mandá al zurdo a jugar de nueve", vociferó Jorge "Polilla" Da Silva con la furia del general que quiere ganar la batalla en la última incursión de los soldados. Y le hicieron caso.

Allá fue Andrés Lamas, allá fueron todos con los últimos restos físicos, con el impulso del corazón para intentar que la gente que pobló la tribuna violeta no se fuera con tristeza. Central Español había empatado el partido a falta de dos minutos para el final con un golazo de Paolo Patritti y el grito de "dale campeón" estaba a punto de quedar atorado en la garganta.

Y mientras los hinchas palermitanos gozaban de lo lindo con esa igualdad casi heroica, porque la habían logrado con uno menos y estaban obligados a sostenerla con dos menos, los violetas cruzaban los dedos y esperaban que la orden de su entrenador tuviera algún resultado milagroso.

Lo tuvo. La cometa de la Farola se elevó al cielo y llevó a la pelota a la altura del área. Lamas, convertido en un centrodelantero corpulento, en lugar de ganar de cabeza bajó la pelota y sacó un zapatazo de izquierda que dejó colgado en el aire al arquero Bangardino. Golazo y pico. Que quebró a los más duros, que arrancó lágrimas de los niños y sus padres.

Si habrá sido tan infartante, tan espectacular la forma en la que el partido cambió para darle el título a Defensor cuando parecía que se iba a tener que esperar siete días más, que los "tuertos" rompieron el tejido y se metieron en la cancha para festejar con el defensa -goleador.

El descontrol fue total y las ganas de festejar lo que se hizo esperar desde hace unos cuantos años quedó expuesta sobremanera cuando la barra le entonó a la Policía el cántico que reza: "Ole, ole. Ola, ola. No rompan más los huevos, queremos festejar".

Razón para soltar toda la tensión tenían de sobra, porque los palermitanos plantearon un partido tan duro, tan exigente que no se vio el buen fútbol violeta. Es más, los muchachos de Adán Machado no merecieron ni por asomo irse derrotados de su campo de juego porque hicieron tanto o más mérito que los de Da Silva para meter en las arcas las tres unidades en juego. Sin embargo, la mala definición (cuando no) los terminó matando.

Ganó Defensor Sporting y la cometa llegó al cielo. Gracias a la suerte del campeón o gracias al "general" Da Silva que dio la orden decisiva y al "soldado" Lamas que cumplió la misión.

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